jueves, 24 de mayo de 2007

Todos los nombres de Martín

Resumiendo: Nos tocaba crecer y crecimos, vaya si crecimos. Dice la canción.
Luis Eduardo García ha colgado en su blog ayer nomás un artículo en el que sin querer queriendo intenta autodefinirse. Hoy estuve conversando con él y, de repente, me preguntó si yo me conocía a mí mismo, sé muy bien que no, pero me parece que él pensó que le estaba tomando el pelo.
Supongo que estoy como mi amigo Joseff en la foto, es decir, incompleto. Por eso siempre busco emociones nuevas. Vivo desencantado de vivir (no sé por qué) sin embargo tengo muchas ganas (tampoco sé de qué)
Soy una incógnita para mí mismo, tengo alma de tahur, no lo puedo negar. El tramposo y el hombre honesto se llevan bien dentro de mí. Mi primer y único enemigo soy yo mismo, con esto me ahorro mucho.
No me gusta mentir (me fascina) pero casi siempre digo mentiras que casi siempre dicen la verdad y, casi siempre, sirven para engañarse a sí mismas, nada más. Casi siempre mis verdades así mientan o no, dicen y reflejan lo que soy.
Lo que soy también engloba lo que no puedo ser.
Para empezar no sé quién fui. Perdí mi niñez de la forma más ridícula posible: Madurando precozmente. Me hice adulto y me olvidé del niño que fui, por eso me inventé un niño para serlo cuando quiera sin dejar de ser adulto.
Supongo que si nací y aún no muero (vaya si he estado cerca) será por algo que ni yo mismo llegaré a comprender hasta el día que me muera. Soy un mentiroso, pero tiendo siempre a decir la verdad. Soy un buen hombre, pero... (esos pensamientos mejor me los guardo para mí) Me gusta la buena vida, las fiestas, el licor, las mujeres, pero si tengo dinero, lo gasto en otras cosas mejores, es decir, en mí mismo. De esto se podría pensar que soy egoísta, no es así, fíjense, soy muy generoso. Me gusta el sexo y pienso mucho en el placer de mi pareja antes que en el mío. Pero, a decir verdad, estoy en plan de abstinencia, sin embargo, disfruto traicionando mis propios juramentos: mis manos no se quejan.
Adoro la música, pero sólo la que me gusta a mí. (esa frase ya la escuché antes)
Soy una repetición de una repetición de una repetición (de un ciego que era la repetición de otro ciego i wish)
Me gustan los libros pero me da flojera leer, me encanta que me lean en voz alta para yo cerrar los ojos y escuchar, pero detesto cuando leen mal (la gran mayoría). Sí, no es necesario que me conozcan para que se den cuenta, soy un engreído. Sin embargo, trabajo bastante, trabajo en serio, soy un hombre serio, responsable, preocupado, parco, triste, meditabundo, incomprendido, torpe al hablar, ignorante, calculdor, frío, arrogante, bromista, romántico, morboso, charlatán, conversador, interesante, florero, sabedor, viejo zorro, sensible hasta las lágrimas, tímido, ingenuo, muy ingenuo, apasionado, aburrido, repetitivo, predecible, humilde, complicado, simple, sentimental y ordinario. Soy pues una contradicción constante de mí mismo y del resto. Soy un tramposo que vive honestamente. Un fumador que no fuma, lo mismo que por algunos instantes soy un no fumador que le gusta el olor del humo (y se lo jala). No creo en nada, absolutamente en nada, a veces creo en mí, otras más en mis amigos y la gente que quiero, en nada más.
Más allá de mí no hay nadie que me indique qué debo o no debo hacer excepto mi pene.
Todas las virtudes, faltas, sobras y defectos se llevan bien dentro de mí. No duermo, sueño mucho, no sé por qué escribo esto que no tiene sentido ni publicar. Aunque últimamente reniego de cualquier cosa, vivo lo que me toca vivir de una forma ecuánime y serena.
Sé que dentro de mí el vanidoso me está dando palmaditas pensando en el momento en que envíe el link a todos mis contactos con el pomposo título "todos los nombres de Martín" el tramposo sabe que falta mucho por decir, que lo más importante nunca lo diré, asimismo al antisocial que me mira de reojo ya se cansó de esta parodia, pero no me enojo ni conmigo mismo, soy un alpinchista que que se nombra a sí mismo como Aquiles más veces ya que como Martín.

Resumiendo: que tengo un cajón de la firma "pandora". (pero no sé dónde lo tengo)

miércoles, 23 de mayo de 2007

NACIMIENTO DEL CINE EN EL PERÚ

Aquiles Martín Cabrera Ludeña


www.fotolog.com/jawo_1


Para saber vivir, hay que experimentar, viajar, leer, alimentar tu alma con miles de cosas intensas todos lo días. Pero como uno es misio, y la plata no alcanza para viajar a todos los lugares que uno quiere, ni mucho menos para comprarte el libro original que tanto anhelas, existe otra forma de conocer culturas diferentes sin moverte de la comodidad de tu ciudad: El cine, el maravilloso cine que tanto nos da y del que tanto recibimos, la ventana por la que tenemos la oportunidad de conocer el mundo, de llenar nuestras mentes de cosas buenas y sobretodo, diferentes. Será por eso que los peruanos somos tan pobres e ignorantes, somos un reflejo de nuestro propio cine. Hay buenas películas, pero son pocas, hay buenos peruanos, pero son como bichos raros.

Sin embargo, pocos saben que el nacimiento del cine en el Perú sucedió solo dos años después de que hicieran su aparición en París los hermanos Lumiere con su mítico Cinematógrafo, ellos ni se imaginaron la revolución cultural e industrial que ocasionaría semejante invento. Fue George Meliés, prestidigitador y visionario, quién en seguida comprendería que una nueva forma de expresión artística había nacido. Intentó comprarla pero el dichoso aparato no estaba en venta.

En el Perú, el artefacto usado para proyectar las primeras imágenes en movimiento en esta parte del planeta sería el Vitascope, invento de Thomas Alva Edison, traído al país por los señores C.J. Vifquain y W.H. Alexander. El 2 de enero de 1897 fue la primera función pública de cine. Al mes siguiente la primera función cinematográfica (usando el cinematógrafo de los hermanos Lumière) se realizó en la Confitería Jardín Estrasburgo (hoy Club de la Unión), en Lima.

En 1908 nacería Hollywood en USA, en el Perú ese mismo año se crearon muchos establecimientos cinematográficos. Además se realizaron las proyecciones con acompañamiento de la música de un fonógrafo. Aparece en escena la Empresa de Teatros y Cinemas S.A., y construyen el Cinema Teatro. La gran cantidad de público que empezó a acudir al Cinema Teatro probó que existía un mercado importante para el cine. En 1911 se formó la Compañía Internacional Cinematográfica, construyeron su sala Excelsior de la, y ambas compañías competían en la proyección de películas extranjeras.

Más o menos hasta 1913, mientras que en Francia, Charles Pathé y León Gaumont se volvían millonarios por la creación de tan magnífica industria, el público peruano de imágenes en movimiento veía, por ejemplo, filmaciones de corridas de toros (de España y después de Perú) o vistas bélicas de la guerra hispanoamericana (EEUU y España en Cuba), como también tomas del nuestro país: paisajes, arquitectura y sociedad.

Los aristocráticos de la época, tan dignos ellos, preferían películas filmadas en paisajes urbanos extranjeros, reproducción de hechos históricos y sucesos diversos de la sociedad alta limeña. Los sectores populares, sin embargo, preferían filmaciones cómicas.