miércoles, 28 de abril de 2010

Cartas desde el exilio (Millenium)

Empecé a leer la Trilogía de Stieg Larsson 25 horas después en el Jorge Chávez poco antes de subir al avión. Mi vuelo salía a las 12:30 de la noche, cuatro horas a Sao Paulo más tres horas de diferencia horaria me indicaban que estaría en Guarulhos a las 7:30 de la mañana.

Esta vez Manuel, mi hermano mayor, me acompañó con su mujer a tomar taxi, me ayudó con una mochila, se despidió con un abrazo, cuidate hermanito, me dijo. Solo atiné a agradecerle por la hospitalidad y subí al taxi. Me sentí bien, nunca me gustó discutir con él, siempre que eso sucede siento algo en mi interior que me duele, una incomodidad extraña, una tristeza rara que he aprendido a dominar con los años. Pero hasta ahora bastan solo un par de palabras suyas para desmoralizarme totalmente, llenarme los ojos de lágrimas y hacerme dudar de todo lo que creo que soy. Esta vez sus palabras me hicieron bien.

La mujer que me regaló los libros de Stieg Larsson no tenía ni idea de lo feliz que me hacía. A pesar de ser ella una lectora consumada, no había reparado en aquella Trilogía, no sabía que existiera. No la había visto en ninguno de sus viajes por el mundo, no le dio importancia.

En cambio yo, inamovible en mi pequeña provincia norteña, desde varios meses atrás deseaba con fervor tener aquellos libros en mis manos. Había oído hablar de ellos tantas veces conciente e inconcientemente que me resultaba vergonzoso no haberlos leído.

Para ser sincero, nunca pensé que los leería. Los veía como aquellos libros que valen la pena leer, pero que tendría que esperar varios años para que se vuelvan clásicos y comprarlos a 8 soles en alguna feriecita de libros. No vayan creer por esto que les cuento que soy un tacaño de miércoles (aunque lo soy) ni mucho menos que soy un pirata consumado (aunque eso no podría negarlo nunca). Mi única excusa es más sencilla de lo que parece: soy misio. Con las justas pago la pensión de mi hijito, mis interminables estudios antiuniversitarios y algunos taxis nocturnos, Y eso que a veces ni pa eso me alcanza. Felizmente en Trujillo ya soy brother de algunos cuantos taxistas que varias veces me fían cuando más lo necesito.

Comprar un libro original nunca ha estado en mis planes, pero poco a poco me han ido regalando varios libros, incluso sus propios autores, con la autografía de rigor, la dedicatoria y toda esa mariconada. Sin embargo, nadie hasta ese 15 de febrero de 2010 me había preguntado qué libro quiero que me regalen por mi cumple sin que interesara el precio, nadie.




Seguí leyendo en el avión, dormí la mitad del viaje. No les iré que el libro me atrapó desde la primera página, el comienzo me pareció monse. Aunque tanta calma anunciaba sin dudas una buena tempestad.

Bajé del avión y entré a migraciones, estaba repleto, recordé que odio el aeropuerto de Guarulhos. Me puse de mal humor. El año pasado, en octubre pasé dos noches interminables e incomodísimas en Guarulhos, solo medianamente aliviadas por la belleza de las mujeres de Sao Paulo y de una francesita con la que me quedé conversando en inglés toda la madrugada, nunca le pedí su mail ni su nombre de facebook ni nada. A veces así soy de idiota, me gusta hacerme el importante. Jajaaa así que creíste que solo te había hecho el habla para sacarte tu mail?? pues nooo, fuck u! Media hora después, qué lorna me sentí.

Con mis tres maletitas en el cochecito y los tres libros bajo el brazo (seguro de que alguna turista española se me acercaría para preguntarme curiosa por alguno de los sórdidos detalles de la historia de Lisbeth Salander) paseé por el aeropuerto y me senté a esperar las seis horas que faltaban para el vuelo a Porto Alegre. Nadie se acercó.


Siempre que una persona que yo admiro o aprecio me ha dicho que tal libro es bueno, con eso basta, no me importa saber nada más. Felizmente ninguna de las recomendaciones que me dieron me han decepcionado.

Cuando un libro es realmente bueno no necesito ni quiero ni me interesa leer lo más mínimo de la contratapa. Tampoco permito que nadie me cuente ningún detalle. Siento que siempre las contratapas te cagan la sorpresa que todo lector que se respete merece.

Por eso, por el respeto que se merecen los que aún no leen la trilogía de Stieg Larsson y piensan hacerlo, o los que aún no terminan de leerla, les recomiendo que dejen de leer lo que sigue porque voy a violar todas las leyes de la diplomacia, el protocolo y la etiqueta de los críticos literarios.

Están advertidos.



Lo único que me gusta de Lisbeth Salander es su apellido. Físicamente no me atrae, no me la comería ni aunque me pague. (Pensándolo bien, con toda la plata que le robó al viejo Wennerstrôm, si me hace una buena oferta lo pensaré)
Sería su amigo, eso sí, pero no me provoca para nada tener sexo con ella. Creo que me interesaría más tomar un café con su inubicable hermana gemela, ver bailar en el tubo a Miriam Wu o secuestrame a la riquísima Harriet Vanger de 16 añitos, QRCSM*

Sin embargo, una noche me descubrí a mí mismo inquieto preguntándome cómo serán los nuevos pechos operados de Sally. Igual. Me tendrá que disculpar la pequeña Pippi Calzas Largas pero a mí la que me pone súper loco es Mónica Figuerola.



No es que envidie a Mikael Blomkvist, créanme, pero... ¿por qué carajos él solito se come a todas las hembritas interesantes de la novela? Este es un terrible error del difunto Larsson. Al comienzo Blomkvist te cae bien, después medio que lo admiras, luego te llega a cansar que todas las mujeres se abran de piernas ante este cuarentón, ex lorna del cole, que ni siquiera tiene las pelotas de dirigir la revistita que fundó.

Este terrible error también lo cometió Woody Allen en su imperdonable Vicky Cristina Barcelona, ¿Cómo se le ocurre -si tiene a Rebecca Hall, Scarlett Johansson y Penélope Cruz juntas en la misma película- hacerlas fornicar a todas con un impresentable Javier Bardem, más feo que una patada en las bolas?

Mucho se habla de este libro Oh, miren cómo son de superadas las mujeres en Suecia, Oh miren, ellas tiran cuando se les da la gana, Oh miren, qué lindo, viva el feminismo. Pero yo me pregunto y con justa razón: ¿Qué de bueno hay en comerse todas al mismo periodista regordete que ni siquiera se esfuerza por florearlas como se debe o mandarles regalitos caros?

Acéptalo Kalle, si no fuera por Salander no solo estarías bien muerto, sino que ni siquiera hubieras tenido cómo sustentar tu revistita de miércoles.

Este es sin duda el rasgo menos creíble de la novela. Te atraco toda la mafia, la corrupción, el espionaje y demás cochinadas fujimontesinistas en el país más respetado de Europa, pero (y aquí viene un graaaaan pero) ¿Cómo es posible que este periodista gordinflón tenga una amante de varios años con la que trabaja todos los días y además está casada con un cuernudo medio gay que acepta de lo lindo la relación extramatrimonial de su mujer? Y eso no es todo, además esta mujer, dirige la revistita de mierda, ordena todas las cuentas de Blokmvist y para colmo, no es celosa. Permite que su socio-amante se tire a cualquier otra que le dé la gana. Sí, leyeron bien, NO ES CELOSA. Sencillamente imposible.

Otro pero:

¿Cómo es posible que la mujer más antisocial y cerebral de toda Europa se enamore de él, y además sufra una decepción amorosa por él, y la impulse a salir del país solo para no cruzarse nunca más con él? No sólo eso, esta chica le dio la información para que escriba los dos libros más vendidos de toda su vida y le pare la olla a toda la sarta de haraganes que trabajan con él. No me la creo.

Dos peros más:

¿Cómo es posible que folle con una vieja viuda negra sospechosa de un asesinato que él está investigando? ¿Cómo es posible que se coma de vez en cuando a la que fue su nana y que ahora es una mujer dueña de un enorme imperio comercial con representación en varios países de Europa?

Está bien, solo uno más:

¿Cómo es posible que la agente secreto más deliciosa, inteligente y escultural de Suecia se caliente por él? Sobre todo siendo él pieza clave del intrincadísimo caso de asesinatos, espionaje y corrupción que ella tiene que resolver. Pero sobre todo cuando él lleva más de medio mes sin bañarse y sin dormir. Eso sí está más difícil que masturbarse con la tigresa del oriente.

En fin, que esta novela está llena de situaciones completamente fantasiosas imposibles de creer. A pesar de todo, la historia te atrapa. Sólo me he quedado leyendo himnotizado día y noche sin parar ante El Conde de Montecristo (a los 13 años), El miedo a la libertad (20 años) Sobre héroes y tumbas (21 años) y ahora, cuatro años más viejo.



El final del primer libro es genial, el final del segundo libro es mucho mejor, es inmejorable, pero el final del tercer libro me parece una cagada. Después de tantas muertes, persecuciones, destapes, escenas de sexo sadomasoquista, hackers, policías corruptos, psicólogos pederastas, y cuchucientos vericuetos de la prensa cochina, llegamos a presenciar un happy ending cursi y simplón.

Solo le faltó agregar a Larsson "y vivieron felices para siempre".

Quiero creer que él se murió antes de terminar de escribirla y el más cojudo de sus amigos la terminó como se le dio la gana. Quiero creerlo.

En fin. Al noveno día terminé de leer Millenium, y recién me di cuenta de que ya estaba en Gramado RS Brasil.




*QRCSM: Qué Rico ConcheSuMaaaeee!!!

jueves, 15 de abril de 2010

Cartas desde el exilio (Onomástico)

Era 15 de febrero y era lunes, yo estaba en Lima y esa misma noche viajaba a Brasil. Y para usar otra vez el verb to be: era mi cumpleaños.

Hace 25 años nací, fui un horrible bebé (como todos los demás) color ladrillo que le desgarró la matriz a mi madre de puro cabezón. 25 años después, sin novedades, sigo siendo un bebé horrible aunque perdí el color.

Nací un año en el que Juan Pablo II llegó de gira por Perú incluso hasta Trujillo. Aquel mismo año ganó las elecciones presidenciales Alan García. Entonces ya se está viendo que fue un año de mierda. Nada bueno podría suceder aquel año en el Perú.


Ese lunes salí de mi antigua casita barranquina en dirección a la casa de Portal, allí ya estaba Gómez, ellos son dos compañeros del cole. Lo único que quería de ellos era que me acompañen a recoger un libro y luego a comer un cevichito con los amigos del otorongo, felizmente no tenían nada que hacer, ellos son más vagos que yo.


Como ya se nos hacía tarde para recoger aquel libro (el primer libro que me iban a regalar por mi cumpleaños) tomamos un taxi y llegamos puntuales a las 11 de la mañana. El cevichito era al mediodía así que pensé que tenía tiempo de sobra.

Esperé por el libro más de 40 minutos y nunca llegó.

Mi viejo llamó para decirme que me iba a depositar 100 dólares por si acaso necesite efectivo en mi viaje. Como yo andaba sin DNI le di el nombre de Gómez. El depósito sería en un Banco de la Nación, que felizmente estaba frente a la cevichería.

Poco a poco empezó a llegar la gente, primero Lucho Rossell, luego Víctor Sanjinez y Miguel Det, después Víctor Pereyra que llevó un polo de El Otorongo como regalo inesperado. También llegaron José Villaorduña, Alan Malcolm, Marco Palacios y otro amigo del cole: el gordo Aguinaga.

En total éramos 11. Equipo de fútbol? Ni cagando. No llegó Julio Carrión para completar la última cena porque de seguro nos sacó la vuelta con alguna Magdalena farisea.

El cevichito fue más fugaz que virginidad de quinceañera. En un par de minutos se hizo las 4 de la tarde y nos fuimos al Superba que antes era el Súper Bar pero se le cayó la R (me lo dijo una casera de ese antro donde se come el mejor pan con apanado del mundo).

Nosotros comimos choritos a la chalaca. Bueno, solo los que resistimos todas las cervezas y anécdotas interminables de Lucho Rossell y cía. No los culpo, hay que recordar que era Lunes y ya iban a ser las 6 de la tarde.

Puta madre, las seis de la tarde!!!!

Aún no había retirado los 100 dólares que estaban a nombre de Gómez en el Banco de la Nación. Yo estaba ebrio, pero ni cagando pensaba regalarle cien dólares a ese mal parido que sigue siendo mi amigo solo porque nos vemos un par de veces al año. Agarré a Gómez y a Portal y nos fuimos rapidísimo al banco, eso sí, previo maní y chiclecito de menta pa disimular los tufos.

El banco aún seguía abierto, por un momento dudé, la facha de Portal era la de un completo fumón, Gómez parecía un ex gigoló caficho en apuros (para serles franco: lo es), y bueno, yo ni siquiera me atreví a mirar mi reflejo.

Apuré el paso, ni bien entramos al banco cerraron la puerta a nuestras espaldas, una tía que iba caminando 10 pasos detrás de nosotros se quedó afuera. Creo que Portal volteó para sacarle la lengua.

Estábamos tan ebrios que nos confundimos de cola. No recuerdo qué cosa sucedió con Portal pero un policía se le acercó y lo sacó. Gómez y yo miramos a otro lado, sencillamente no lo conocíamos.

El problema es que Portal es tan terco, tan orgulloso y tan idiota que no quería salirse del banco sin dar pelea. Él no tenía nada que hacer allí. Gómez tenía que sacar mi dinero y entregármelo y nada más. Él solo estaba ahí en caso de que yo no alcance a hacer el retiro para asegurarse de dividirse mitad mitad con Gómez mi dinero.

La escena era para cagarse de risa. Y efectivamente, eso estábamos haciendo Gómez y yo, corriendo el riesgo de que nos boten también del banco. Figúrense a Portal, un Cerati vestido en harapos rogándole al poli que no lo bote. "Ya pues míster porfa ya no haré bulla voy a estar tranquilito allí, no pues no me bote no sea malito, ya pues míster si no estoy haciendo nada malo...!

No podía dejar de cagarme de risa, sin embargo ya estaba pensando: Portal lárgate espéranos afuera carajo la puta que te parió no te me acerques maricón no te conozco solo quiero mis cien dólares, me importa un pito si te meten a la cárcel 24 horas por entrar ebrio a un banco de la nación y resisterte a obedecer a un policía.

Todos estos pensamientos y muchos más revoloteaban mi mente mientras me seguía cagando de la risa en la fila del banco. Felizmente sacaron a Portal pero igual no podíamos disimular la risa. Nos cagábamos de risa en la fila, éramos dos ebrios impresentables que de seguro apestábamos a cerveza y cigarrillos y nadie se acercó a botarnos.

Ya más tranquilo regresé al superba a despedirme de los amigos, fui a miraflores a recoger los tres libros de la trilogía millenium (otro regalito de cumpleaños). Horas después, y de camino al aeropuerto, recogí el otro libro por el que habia esperado 40 minutos en la mañana.

Llegué al aeropuerto solo.

Había discutido por teléfono una vez más para variar con mi hermano mayor. Una amiga me ofreció ir al Jorge Chávez para despedirme pero a último minuto llamó para avisar que no podía. Me dolía irme del país así. Mala señal, necesitaba un abrazo, una despedida fraternal, una sonrisa sincera. De pronto me sentí el peruano más desgraciado y solitario del mundo con todos mis amigos y familiares lejos de mí, lejos de mi hijo, de mi madre, de mi pequeñito hijo, de todas las mujeres a las que amé y amaré, pero por sobre todo, lejos
lejísimos de la sonrisa de mi pequeño hijito que me hacía más falta que nada en el mundo en ese momento miserable.

Felizmente el taxista era un cague de risa, hablábamos de todo, internet, educación, política, cómo cambian los tiempos, mujeres, hijos, fútbol, desempleo... llegando al aeropuerto empezamos a hablar de El Padrino, ni él ni yo queríamos dejar la charla inconclusa. En mi mente y sin que pueda hacer nada para evitarlo se formó el siguiente pensamiento: te ríes para no llorar, cabrón.

En la fila del check in me puse a leer un Dedo Medio, regalo de Pepe Villaorduña, el otro se lo regalé a mi hermano. Llegué a dejar mis maletas pero la persona que entregaba los pasajes me dio la noticia más inesperada que me podía imaginar.

"Disculpe señor, usted no puede salir del país."

Maldita sea, es mi cumpleaños, estoy solo, tengo 25 años y este problema lo tendré que solucionar sin pedirle ayuda a nadie. Pensé.