martes, 9 de noviembre de 2010

No durante mi turno

Los recuerdos que guardo de mi infancia son muy pocos, y casi todos ellos los recuerdo más por las cicatrices de mi cuerpo que me acompañan desde niño, la más grande de ellas surca mi barriga desplazando mi ombligo ligeramente hacia la izquierda. Fue de cuando me operaron del apéndice.

De aquel tiempo existía una foto en la que aparezco a lado de una modelo amiga de mi papá que vino a visitarme para darme apoyo moral, lo único que recuerdo de esa imagen es que yo parezco un esqueleto vivo. Supongo que al recuerdo de esa foto le debo no haber olvidado nunca al Segismundo de Calderón de la Barca en La vida es sueño cuando recitaba: siendo un esqueleto vivo, siendo un animado muerto...

Yo tenía 8 años y vivía en Barranco, Lima-Perú, paseaba con mi familia por el puente de los suspiros, fue mi madre la primera en notar el malestar. Al día siguiente, muy temprano, me llevó a una posta médica que quedaba frente a lo que en ese tiempo era el colegio Mery’s Children, uno de los más pitucos del distrito.

Allí me diagnosticaron Hepatitis y me enviaron a mi casa con una bonita receta médica que debía seguir al pie de la letra.

Y la seguí durante varios días sin ninguna señal de mejora. A la semana y ya con todo el cuerpo amarillo, casi sin poder caminar, sin apetito, y vomitando fluidos verdes y ambarinos, mis padres me llevaron de emergencia al hospital del empleado, de aquel paseo recuerdo que decoré el taxi casi casi a punto de llegar.

Los recuerdos de aquella noche son imágenes borrosas, como fotografías muy antiguas desgastadas por el tiempo: el taxi, la náusea, la sala de emergencias, mi papá llevándome en sus brazos de lo tan débil que yo estaba, un olor raro, los pasadizos, el doctor, sus dedos en mi estómago, los hundía y los sacaba con rapidez, ¿te duele? los volvía hundir ¿te duele cuando los hundo? y los sacaba ¿o te duele cuando los saco?

Yo no me quejaba de nada aunque me duela. A mi pequeña edad ya era un experto en estos casos, esa no era la primera vez que me enfrentaba a un doctor ni muchos menos, claro que nunca me habían llevado a un lugar tan grande, lo normal eran clínicas y postas de salud, pero no arrugué. Decidí que el doctor me caía bien y colaboré en lo que pude respondiendo sus preguntas. Casi sin escucharlo el médico dijo lo siguiente: “Apendicitis Aguda Gravísima, este apéndice está a punto de reventar, si lo traían mañana no hubiese aguantado ni siquiera el viaje en taxi, si lo traían solo una hora más tarde el cuadro de peritonitis hubiese sido intratable”. En realidad, eso tampoco lo recuerdo, pero saco mi línea por el tamaño de las cicatrices y los exagerados recuerdos de mis padres.

De repente me encontré tendido en una cama de hospital con un mandil que me dejaba descubierto el culo y parte de la espalda. Me inyectaron la anestesia. Hasta ese momento todo bien, las inyecciones no eran novedad para mí: vacunas, fiebres e infecciones ya me habían dado la experiencia suficiente para afrontar esta anestesia sin molestia alguna. Incluso creo que me dio risa cuando el doctor empezó a contar: 1, 2, 3, como si esa ampolleta, 4, 5… fuera capaz de tumbarme... 6… 7…

No recuerdo haber escuchado nunca el número ocho. Me quedé viendo la deslumbrante luz encima del quirófano y caí en un profundo sueño.

Cuando desperté, estaba en medio de un pasadizo oscuro y lleno de camas con enfermos de igual gravedad, intenté levantar mi cabeza para ver más allá, intenté. Me dolía todo el cuerpo, no podía moverme, ni siquiera girar el cuello, nunca encontré un final ni un principio a la fila de camas que me rodeaban. Aunque esto parezca un sueño yo no lo recuerdo como tal. La segunda vez que desperté ya estaba en un salón grande con cuatro camas, ufff esta vez me dolía hasta los dientes.

Es extraño pero no fue sino después de muchos años que recién tomé conciencia de que estos recuerdos los tengo en mi memoria como si los hubiera vivido en tercera persona, no sé si me explico, yo me recuerdo nítidamente a mí echado en esa cama, recuerdo que jugaba conmigo mismo, me miraba mi ojo de cerquita y luego me alejaba todo lo posible, hasta el techo, hasta la ventana, nunca podía llegar más allá. Eso sí, no apartaba la vista ni por un segundo de mí mismo.

Supongo que era la fiebre.

Estoy seguro de que no lo soñé. Me da gracia que a pesar de que no podía moverme ni un milímetro, mi espíritu rebelde se las arregló para inventar un juego en aquellas circunstancias tan extrañas.

Estuve internado un mes, y un mes más en mi casa recuperándome. Viví varias semanas con la barriga literalmente abierta. Me miraba mucho al espejo pero ahora lo único que recuerdo es que las paredes estomacales asemejaban el interior de una granadilla. Tuve algunas recaídas, sé que me operaron más veces pero solo recuerdo la primera, ¿cómo olvidarla? las cicatrices me la recuerdan siempre.

Una mañana antes de pasar por el quirófano otra vez de emergencia, recuerdo que me levanté para orinar y algo apestaba, era yo, había pus por toda la cama. Era una infección.

Algunos doctores pensaban que no iba a lograrlo, yo mismo, me la pasé muchos años pensando que lo mejor hubiese sido quedarme ahí, en esa edad en la que todos me hubiesen recordado como un niño hermoso y genio que a los 5 años ya sabía leer y multiplicar. Del hospital me dieron de alta con la barriga abierta y hecho un esqueleto humano, parecía un alien con la cabezota que me manejo y el cuerpecito que me quedó después de tanta operación, fiebres, inyecciones diarias, transfusiones de sangre y complicaciones diversas.

Mi voz se apagó, mi cabello se afeó, mi caligrafía se hizo horrible (hasta el día de hoy) muchas habilidades motoras se me atrofiaron.

Pasarían por lo menos tres o cuatro años para recuperarse del todo, y regresar a mis andanzas de mocoso terrible y jodido una vez empezada la secundaria. Mi madre aún sigue creyendo que fue un milagro de san martincito de porres. Con el tiempo aprendí a amar la vida. "quiero estar bien vivo, no quiero morirme de ninguna manera, tan rico que es vivir" me dijo alguna vez Víctor Delfín y yo le creo.

Todos estos recuerdos regresan a mí ahora que recibo unos correos de la multinacional Kimberly Clark Health Care para difundir una campaña de prevención que protege a los pacientes de Infecciones Asociadas a la Asistencia Médica (IAMM) denominada No Durante Mi Turno en http://es.haiwatch.com

En el siguiente enlace está la explicación a todo: http://prevenciondeinfecciones.com

Comparto esta invitación con ustedes para que apoyen y difundan esta campaña de prevención a través de las redes sociales, twitter, blog, facebook, etc.

"Para nosotros es muy importante lograr comunicar este mensaje a través del mundo por que es un problema que debe ser completamente evitado. Si logramos concienciar a las personas de las Infecciones Asociadas a la Asistencia Médica (IAAM) estoy segura que podremos lograr un cambio positivo para el futuro." Me escribe Claudia Barajas a mi gmail y yo le creo.

El riesgo de infecciones asociadas a la asistencia médica en algunos países en vías de desarrollo es 20 veces más elevado que en países desarrollados.

Las infecciones asociadas a las asistencia médica constituyen un problema que ha alcanzado el nivel de crisis mundial.

En un momento dado, 1,4 millones de personas en el mundo sufren infecciones adquiridas en los hospitales.

Los pronósticos muestran que en países desarrollados al menos uno de cada 10 pacientes se perjudican mientras reciben atención hospitalaria.

domingo, 7 de noviembre de 2010

El Pirata que yo fui

Ya había anochecido hace rato en los parques de palermo, el concierto solidario argentina abraza a argentina llegaba a su fin. Abrió la tarde walter domínguez, siguió miranda, inesperadamente miranda, luego entró d-mente y algunos grupos argentinos que yo no conocía, los tipitos, estelares, árbol, los más esperados fueron 'no te va gustar' a mí que soy un desquiciado de la ortografía española, por supuesto que no me gustó, la escritura correcta del nombre del grupo debió ser 'no te va a gustar'. Ese pequeño detalle me bastó.

Ya habían tocado los cafres con la compañía de fidel nadal, y un místico reggae revitalizante flotó por el aire. Ya había tocado un antipático vicentico que todos querían que no se quede, que se vaya rápido. Me sorprendió que mientras vicentico tocaba para el olvido unas cuantas canciones que la gente no seguía, todos empezaron a corear "pappo no se murió, pappo no se murió, que se muera cerati laputamadrequeloparió" y justo al otro día cerati caía en coma hasta el día que estoy escribiendo estas líneas... en pocos minutos, un considerable grupo de argentinos desestimaba a dos de sus más grandes referentes musicales, vicentico y cerati. (Porsiaca ignorantes, Pappo es Pappo Napolitano, el genial Pappo de la paternal que falleció hace unos años, al cual, por cierto, ni vicentico ni cerati se acercan lo más mínimo.)

El plato de fondo fueron los auténticos decadentes, la fiesta fue fenomenal, la sensación de libertad se apoderó de mi cuerpo, olvidé el cansancio, las horas de pie, saltando, apretando, forcejeando con los extraños, la mano que intentaba captar fotos que ahora están perdidas en algún cd, todo el cansancio se me fue, sencillamente los auténticos lo cantaron todo, ya había anochecido hace rato y el concierto solidario en los parques de palermo llegaba a su fin.

Las dos últimas canciones, memorables: la guitarra y los piratas, mi vida pasó delante de mis ojos, todas las fiestas donde bailé esas canciones, los cassettes donde los escuchaba, todo volvió a mí mientras saltaba a la par de los otros 55 mil argentinos que me acompañaron esa tarde que ya se había hecho noche.

Para que tengan una pequeña idea de la locura que desataron esas canciones, agrego a este post la versión de la canción pirata en la fiesta del bicentenario, otro pequeño concierto gratuito al aire libre en el que me los encontré a estos decadentes.



Nunca olvidaré la manera en que canté esa canción pirata aquella tarde. Era como si pudiera ver todo desde otro ángulo, me metí al pogo, en ningún concierto en Perú de metal había visto un pogo tan temible, no me importó, era uno de esos momentos eternos que te da la música.

¿Que a qué viene todo esto? Pues a algo que no tiene nada que ver con esto. De pronto me encontré a mí mismo en twitter defendiendo algo que nunca pensé que iba a defender. La compra de un libro original. Sí, así es, se trata de la novela más reciente de Mario Vargas Llosa (no quiero decir última) El Sueño del Celta..

La mayoría de personas que sigo en twitter se quejaban de que estaba muy caro los 69 soles que cuesta la novela, que cómo va a ser posible y toda la vaina de la pobreza de siempre y que así cómo quieren que haya gente culta en este país y todo el rollo. Algunos ya malearon diciendo que la iban a conseguir en versión pirata o que a través de internet les salía a mitad de precio.

Más allá de las bromas que a veces se suscitan en el twitter, a mí el tema me ofuscó.

Primero, a nadie le interesa que haya gente culta en nuestro país, eso ya está visto desde siempre.
Segundo, leer El sueño del celta, no te convierte por acto de magia en 'una respetable persona culta'.
Tercero, he visto libros categoría caca que cuestan más, mucho más de 69 soles, ¿cuántos de ustedes han visto en las bibliotecas de sus amigos las colecciones completas de harry potter, señor de los anillos, crepúsculo y qué sé yo qué tanta otra porquería que se publica ahora y se vende como pan caliente en todo el mundo?
Cuarto, el hábito de la lectura no empieza por el precio de los libros.
Quinto, así ese libro lo regalen en las escuelas públicas, no creo que muchos lo lean.
Sexto, la mayoría de personas que les parece un insulto, una cachetada para la pobreza peruana, gastar (digo gastar, no pagar) 69 soles por una novela de Mario Vargas Llosa, gasta mucho más dinero en bebidas alcohólicas, accesorios innecesarios, y demás tonterías, lo que la moda dicte que es obligación.
Séptimo, espero que los que están tan desesperados por leer El sueño del Celta, ya hayan leído al menos Conversación en la Catedral, La guerra del fin del mundo, o alguna otra de las novelitas de nuestro nobel. Sí, lean bien la última palabra que he escrito: 'nobel', y lean además y con detenimiento la palabra que le antecede: 'nuestro' y póngase una mano en el corazón y la otra en el bolsillo y repitan después de mí: Mario Vargas Llosa Vale Oro Carajo.

PS. Este no fue un post auspiciado por ninguna librería ni editorial ni es un canje de nada, ahora si usted amable lector se le ablanda el corazón y desea sorprenderme con un pequeño regalo de navidad, ya sabe, mi correo de gmail lo reviso a diario.

viernes, 8 de octubre de 2010

Queremos tanto a Vargas Llosa

*

Jueves 7 de Octubre de 2010. Me desperté a las 6 y 25 de la mañana. Otra noche que no duermo más de 4 horas. Tenía que trabajar, tenía mucho sueño, salí de mi cama y me fui al dormitorio de mi primo el Cata, donde está la tele, felizmente estaba apagada, me acomodé en una de las camas y seguí durmiendo. Mi celular sonó a los pocos minutos, era mi papá.

Estaba emocionado, parecía que había ganado algo. No era él, lo único que quería transmitirme su alegría era que a Vargas Llosa le dieron el premio Nobel de Literatura. "Ah mira, qué bien, qué gusto." le respondí pensando "¿esto se habrá estado comentando anoche en twitter?" mientras él me respondió emocionado algo como esto: "ahora podrás contarle a tus nietos que le estrechaste la mano a un premio nobel, ¿aún guardas las fotos que te tomaste con él? Le respondí que sí y colgó.

El Cata había escuchado la conversación, prendió la tele. Estaban hablando de Vargas Llosa, yo estaba más dormido que despierto. Vi fotos antiguas del escribidor, y luego la cara de poto de Aldo Mariátegui interrumpiendo cada dos segundos la emoción de su compañera. Este tipo es tan odioso que está narrando un momento histórico para el Perú y lo único que sabe es dar datos insignificantes: que Octavio Paz, que Borges, que el sexto nobel latinoamericano, que en las apuestas de Londres Vargas Llosa estaba en el puesto 18, que en Londres apuestan hasta si llueve o no llueve, que los premios nobel siempre son inesperados... Maldito Aldo Mariátegui, hazle un favor al Perú y cámbiate de apellido, ¿no quieres apellidarte Cataño? Aldo Cataño suena bien para mí y para tu cara de poto y para tu pensamiento de poto y va con tu apoyo a la candidata del poto.

Pensaba mientras abandonaba otra vez este asqueroso mundo real comandado por la voz de poto de Aldo Mariátegui comentando la mejor noticia que podría recibir un país, oye, imbécil, esto es mejor que campeonar un mundial de fútbol. Métete tus estadísticas al poto. Seguí pensando ya mientras dormía.

Dormí un par de horas más. Tuve unas cuantas pesadillas bien intensas. Soñaba que el sol no existía, que todo andaba a oscuras medianamente iluminado por unos postes de luces naranjas. Todos los metales estaban oxidados, y había mucho mucho movimiento de carros, trenes, subtes y demás. Yo tenía 4 habitaciones en distintos lugares de la avenida principal pero ninguna tenía pared. Me echaba a dormir y no me dejaba tranquilo el ruido del caos que producían los seres humanos movilizándose en ese mundo oscuro. Yo me movía muy rápido, y habían escaleras, tiendas, edificios y trenes, al final tomé una combi, pagué una quina, llegué a una escalera que no llevaba a ningún lugar, pensé que debería haber llevado mi cámara para tomar una foto y mandársela a la gente de perufail. Todo era un caos espantoso. No quería despertar.

*

Los diarios no hablaban del nobel de Vargas Llosa, ¿a qué hora se dio la noticia? Me pasé toda la mañana trabajando, me tocaba clases con los niños de inicial. Fui feliz. Terminé de trabajar y tocaba reunión semanal de profesores, 24 adultos reunidos en una sala, todos sin almorzar, y la reunión empieza a la una y media y termina a las 3 de la tarde. Muchos problemas, pocas soluciones, no me gusta la mala vibra que desparraman los adultos. Fui infeliz.

Empecé a pensar en Mario Vargas Llosa, premio nobel carajo, piensa Varguitas.

La felicidad volvió a mí. Yo lo conocí en la 4ta feria del Libro de Trujillo, y lo único que puedo decir de él es que de antipático no tiene nada. Firmó el libro a todos los que hicieron su fila, y eso ya es un montón. Para todos tenía una sonrisa cálida. Era un correcto caballero europeo, pero a la vez tenía algo de criollón. Su conferencia magistral estuvo repleta de ocurrencias que deleitaron al público. Estaba feliz. Era un hombre feliz. Me cayó bien, y eso ya es raro.

*

Muchos podrán decir, adoro sus libros, pero detesto su pensamiento político. Yo no, yo respeto sus ideas aunque no las comparta. En un video que el señor Sifuentes acaba de subir otra vez a su blog comenta justamente esto de que "Vargas Llosa cae simpático, a pesar de que dicen que es antipático".

Yo recordé más bien que el que me cayó súper antipático fue Bryce Echenique. En la última visita que hizo a Trujillo, presentación de su libro la esposa del rey de las curvas, en el after party se comportó pésimo, peor que diva, capaz de escupir a cualquiera que se le acerque con una camarita, y si le pedías un autógrafo, agárrate que nada podía ponerlo de peor humor.

Lo que me pareció más gracioso del video del señor Sifuentes, es que Vargas Llosa declara que le gustan los toros. ¿Y? ¿Qué tiene de malo? También le encanta el fútbol, el cine, la literatura, es hincha de Universitario de Deportes y del Real Madrid. Cometí el error de comentar esto de los toros en twitter, al toque me cayeron unos cuantos unfollows. Gente pedorra. Yo crecí yendo a un mercado barranquino donde mataban el pollo que ibas a comprar delante de ti, lo metían a una especie de embudo que terminaba con filo. ¿Y?

**
OK, ahora viene la frase típica de la noche: El primer libro que leí de Vargas Llosa fue Conversación en la Catedral.

Yo de niño consideraba a los libros como mis amigos, este primer libro que leí de Vargas Llosa llegó para quedarse, como lo escribí hace un tiempo en este blog. Al comienzo tuve mis reparos para con Vargas Llosa, recuerden que crecí en la época del Fujimorismo, donde todos los amigos periodistas hablaban de Vargas Llosa como "el ciudadano español".

Cuando leí ese primer libro de Vargas Llosa, se fue a la mierda toda la basura que los medios de la dictadura hablaban sobre él. Este pata estaba contando la historia del Perú, sus problemas políticos y sociales. La estructura de las conversaciones laberínticas fue genial. Me volví loco. Me volví un experto en detectar nuevas conversaciones al aire. Las marcaba, le ponía númeritos, escribía notitas, me sentía como Russell Crowe actuando de John Nash. Este libro era para mí un paraíso. Borges podía meterse su biblioteca al poto.

Lo único que me decepcionó de Conversación en la Catedral fue el final, no recuerdo por qué, no me pregunten el final ahora, yo tenía 19 años, hubiera preferido que el libro acabe donde comenzó.

Luego he tenido la suerte de leer La fiesta del Chivo, que me lo prestó mi hermano Paco, El paraíso en la otra esquina, que me lo prestó un amigo profe de literatura, también leí Lenguaje de una Pasión, ese libro no recuerdo a quién se lo robé.

La guerra del fin del mundo fue el último libro que leí de Vargas Llosa, pero no se preocupen, vendrán muchos más.

Gracias Mario, leer tus ficciones es siempre un placer, saber que eres peruano es un orgullo, leer de tus problemas en la escuela militar me sirve para reírme de los míos, recordar que creciste sin tu padre me ayuda a creer que mi hijo algún día será premio nobel.

Los que nunca hemos ganado nada, ni siquiera una canasta por el día de la madre, nos alegramos de tu triunfo.

Gracias Mario.


* La foto la tomé de la galería del fotógrafo Heduardo con Hache, no se pierdan la galería completa.

** El retrato es de Andrés Edery

martes, 14 de septiembre de 2010

Queríamos tanto a jaime bayly

Muramos, Beto Ortiz!


David Novoa, barrendero

Aún recuerdo los primeros programas de Jaime Bayly en los noventas: lo mundanos, ingeniosos y divertidos que eran: y mejores cuando sacaba del bolsillo el libro que leía por esos días y se mandaba, así ligerito de huesos, con reflexiones literarias por televisión. Con eso me ganó.

Lo veíamos jugando a la farándula, gozándola, ganando su billetazo de estrella mediática, pero detrás de esa circunstancia también descubrimos al patita cultivado, al alma sensible, al pituco inteligente.

Al menos -en contraste con los miles de profesionales analfabetos de mi generación- a alguien que se conmovía y se enriquecía a través de este hábito tan estimulante a la mente y al alma que es la lectura.

En aquel entonces ni nos imaginábamos que Bayly soñaba con ser escritor. Más bien fue Beto Ortiz quién irrumpió en los diarios más importantes del Perú con sus crónicas redactadas en una prosa prodigiosa, cuya musicalidad y riqueza de imágenes te llevaba a estados de embeleso. Crónicas literarias que luego transformó en reportajes televisivos, los que terminaron conduciendo sus pasos hasta el protagónico set de un programa de televisión.

Lo demás es por todos sabido.

Hablar de cualquiera de los dos es redundante en el Perú. Aunque con más tino y éxito –facilitado por su status elevado y por su apariencia más agraciada- igual Bayly rodó como cordero en el matadero de los noticieros amarillistas y de los programas faránduleros. Sin embargo, logró su cometido inexorable e inamoviblemente porque como bien ha confesado en sus últimos programas, el destacado periodista ya ha cumplido los dos más importantes sueños de su vida: Conocer el amor y ser, mal que bien, un escritor.

Ortiz, por otra parte, gordito nerd del colegio, blanquito clasemediero, fue becario a punta de intelecto en la universidad de Lima donde, como Bayly, tampoco concluyó sus estudios profesionales porque simplemente no los necesitaba. Y bien que lo han demostrado los dos con sus libros, con sus éxitos y reveses televisivos, con su amor-odio con los políticos de turno y con su liderazgo de opinión que en el caso de Bayly ha empezado a influir ya en otros aspectos de nuestra convivencia nacional.

Que Bayly es más exitoso que Beto, nadie lo pone en tela de juicio. Que Beto escribe mejor que Bayly, eso sólo lo saben los que leen. (Por ejemplo, Bayly que lee, lo sabe).

Que Bayly es leído porque su popularidad televisiva lo ha erigido como un icono de nuestra idiosincrasia, es una verdad que se puede inferir fácilmente. Que a Beto lo lean los pocos miles que realmente disfrutan de la lectura en el Perú es una simple verdad.

Bayly no escribe mal. Claro que no. Es cautivante, soberanamente ameno y efectivo, pero Beto Ortiz es un poeta. Y como todo buen poeta, más para su mal que para su bien. Un poeta es otra cosa. Los límites de su experiencia son más desprejuiciados –y por ende más profundos, amorales incluso- y eso aflora en su conmovedora y, a veces genial, prosa. Beto ha besado literalmente los labios del Perú real que Bayly sólo mantiene como un amigo de lejos, al que no deja entar a su casa. (Como hizo con Tongo quien tanto le pedía visitar su hogar y conocer a sus hijas y al que, al parecer, nunca le permitió esa intimidad amical).

Pero nada de esto es malo. Nada de esto nos vela la visión real de este dúo de peruanos capazotes y brillantes. Nada. Nada hasta esta última pelea que ha desenmascarado la servidumbre de los dos por el dios de la Arrogancia y la Venganza.

En síntesis -y como vimos todos por televisión- Ortiz se comportó como dice el mismo Aldo Miyashiro: absurda, necia, torpe y tontamente. Expuso en su programa Enemigos Públicos a la familia de Bayly al denunciar los montos de sus nuevos lujosos departamentos, brindando las direcciones y las imágenes de su ubicación. En nuestro peligroso contexto urbano donde roban y secuestran, donde extorsionan y asesinan ese fue un acto erróneo.

La verdad ni el más cruel de los malos, ni el más corrupto de los políticos merece ser regalado así a los choros. Así tan papayita, no pues. Pero ha sido la respuesta de Bayly la que nos ha estimulado estas reflexiones. Que se haya disgustado es normal, inclusive que hasta haya hecho despedir a Beto Ortiz del programa que conducía y que era su principal medio de vida, es aún humano. Una por otra.

Es feo, claro, como el noventa por ciento de la peruanidad, más peruanamente hablando, hasta eso se acepta. Sin embargo, el ensañamiento mortífero y pestífero y cancerígeno con que ha invadido la atmósfera luego de haber reducido al desempleo a su enemigo, es inaceptable.

Igual a los políticos que creen que el ejercicio de su egoísmo es hacer el bien, que creen que destruir a sus rivales -quienes también desean beneficiar a la sociedad- es servir a la sociedad, igual a estas personas que puso contra el paredón durante decenios, igual a ellos se ha revelado cruel, pegándole al que no puede defenderse, y lo peor de todo, lo más feo de todo: se ha revelado burlón. Eras abusivo, Jaime. Abusivo y burlón. Qué pena.

¿Pero de qué te has valido, hermano padre de familia, hermano conductor de televisión, para extirpar a Beto Ortiz de Panamericana? Te has valido de los miedos y de las miserias de los dueños de ese canal; o sea de nada de lo que puedas enorgullecerte. Has asustado a estos pobres millonarios con la exposición de sus chanchullos. Les aplicaste la ley del muero yo o mi empleado, e hiciste que sacrifiquen al cordero.

En otras palabras conocías los tejemanejes de los Schultsz y los mantuviste en la caja fuerte de tu coinciencia hasta que te convino utilizarlos, pero no para defender al Perú, pero no para limpiar las calles de estas personas que se han hecho de grandes fortunas injustamente: las usaste para vengarte de tu enemigo.

Y luego que lo viste derrotado, te burlaste de él ante millones de adultos pensantes de nuestro país evidenciando que en realidad no piensan, pues a todos les parece urgente ganar, todos se desesperan por levantar aunque sea un segundo su cabecita por encima de la medianía aunque sea pisando a los demás, aunque sea haciendo trampa, aunque sea sin belleza, aunque sea convirtiéndonos en lo que desaprobamos públicamente todos los días.

¿Cuál es tu poder, entonces, hermano Jaime Bayly, sino el mismo poder de los que chantajean a los que tienen timos e impudicias que esconder? ¿Cuál sino el de muchos de los políticos a los que apuntas con el cañón del Francotirador?

Sólo quería informar que ya no quiero que seas candidato a la Presidencia de mi paisito, que quizá nunca quisiste serlo y tal vez sólo estuviste hueveándonos. Por ahora, respetado Jaime, no estás a la altura de la genuina transmutación del alma que puede salvarnos de este atolladero de inconciencia y egoísmo.

Y quería decirle a mi equivocado hermano poeta Beto Ortiz, jodido y genial, que yo también estoy equivocado -es la verdad- y lo abrazo fuertototote y que entre los amigos reales hay amor verdadero y nunca se abandonan y nos sentamos aquí, en la parte más tenebrosa y sombría del infierno, contentazos a esperar que nos mate bien esta muerte, porque es muerte de curación, de purificación y de resurección.

Muramos, Beto Ortiz!

sábado, 19 de junio de 2010

Tercera Carta a mi hijo Salvador Armando por el día del padre




Este es el tercer año que espero a que sean las 12 de la noche del inicio del día del padre para sentarme a solas frente a mi computadora a escribirte estas cartas que espero algún día puedas leer.


Sin embargo esta vez es diferente.


Para empezar no sé qué decir. Hace mucho no te veo, estoy fuera del Perú, cuando te hablo por teléfono ya ni siquiera me prestas importancia. Para ti yo ya estoy muerto -lo dice la psicología infantil.

Malditos putos psicólogos, por esa y por muchas otras razones siempre los odiaré.

Aunque mis padres y mis hermanos dicen q siempre miras fotos mías y te emocionas y empiezas a decir papá... fuck! I just realized que hace mucho no me lo dicen.

Otra diferencia, los dos años anteriores pasamos todo el sábado juntos y todo el domingo también, así que mi falsa soledad de la primera y segunda carta que te escribí solo duraba algunas horas nocturnas. Cuando anochecía, esperaba la media noche para escribir, al día siguiente imprimía la carta y la compartía con tus abuelos que nunca entraron ni entrarán a mi blog y luego me dedicaba a jugar contigo todo el día.


Esa es la principal diferencia de este año, esta vez estoy esperando desesperadamente a q sea la media noche del día del padre desde el 13 de febrero que fue la última vez que te vi.

Agrégale a eso que esta vez ni siquiera podré disfrutar de tu sonrisa.


Separarme de ti fue muy difícil, Salvador. Ese día fue muy raro, ocurrieron muchas cosas extrañas. Era cumpleaños de tu abuelo y también esa misma noche yo viajaba a Lima para partir a Brasil y no volver quién sabe hasta cuando.


Días antes estuvo lloviendo mucho en Trujillo, cada vez que ocurre eso, ocasiona serios líos en la ciudad peruana de la eterna primavera ¿? ya que nada en la ciudad (ni casas, ni pistas, ni veredas) está preparado para afrontar siquiera unas cuantas horas de lluvia. Lo bueno de aquel sábado fue que hacía tres días que el clima se mantenía sospechosamente "primaveral" ¿? Así que todos estábamos contentos y ya nos habíamos olvidado de los techos húmedos.

La cuestión es que estábamos en pleno almuerzo de cumpleaños de tu abuelo con familiares y todo y a mí se me entraron unas ganas impresionantes de cagar. Te llevé conmigo al local de Inicial, quisiste meterte en tu aula de verano, no quisiste jugar con tu carrito en el patio, consideré que si te quedabas tranquilito podías esperarme en esa aula sin problema mientras iba y regresaba. A punto de sentarme en el trono estaba cuando de pronto te escuché gritar.

Tu llanto era desolador, y salí corriendo a tu encuentro. Tú nunca lloras así. Te encontré empapado de agua y temblando de miedo y de frío. Una maldita bolsa de agua se había acumulado en el tapiz del techo sin que ninguno de nosotros se diera cuenta. Era agua sucia, agua estancada de tres días, agua de lluvia apestosa de Trujillo que se le ocurrió venirse al piso en el preciso instante en que tú decidiste sentarte en esa precisa mesita justo en el momento que a mí se me había ocurrido la genial y estúpida idea de que me acompañes a cagar.

Inmediatamente me sentí culpable de todo.

No sé cómo encontré el maletín con tu ropa de recambio, la verdad era que olías a agua podrida, te tuve que bañar, la piscina del tercer piso estaba sin agua (por las lluvias ya no la habíamos llenado), así que te bañé rapidito en el lavadero de la cocina. Te puse tu ropa limpia, pero seguías asustado, llamé a tu abuela para que te pase el huevo y te haga sus magias que solo ella sabe hacer y se te quite el chucaque, eso funcionó.

Me sentía tan raro, sabía que era el último día que nos veíamos y no me podía explicar cómo había sucedido aquello. ¿Por qué a ti que eras solo un pequeñito de dos años? Esa agua sucia pudo haberle caído a cualquiera o a nadie, pero justo tuvo que caer en ese momento que te pusiste a jugar en esa mesita.

Mi mamá intentó consolarme. Se hicieron las 7 y media de la noche y había llegado la hora que no quería que llegue. Yo mismo agarré el carro y te senté al volante, mi madre iba a lado de nosotros, te llevé a la casa de tu madre, tenía que hacerme el fuerte, tú estabas contento manejando conmigo, íbamos despacito, como para que se hagan más largas las 10 cuadras que separan mi casa de tu casa.

Inevitablemente llegamos a la despedida que más deseaba evitar. Solo te abracé una vez más y te dejé en los brazos de tu madre. El regreso fue triste, manejé más bien rápido mientras las lágrimas se hacían reales, me dolía tanto dejarte, nunca he tenido ese sentimiento por nadie en mi familia. Cuando yo estudiaba en Lima, mis padres se fueron a vivir a Trujillo, en verdad, nunca los extrañé del todo, amaba mi libertad, mis hermanos mayores pasaban todo el día en la calle, practicamente, tenía la casa para mí solo todos los días, era feliz.

Siempre que he viajado antes me pasó lo mismo, me olvido de todos, no pienso en nadie, disfruto mis viajes a plenitud y mi madre me entiende y disfruta de mi independencia, mi papá igual, todos en mi familia me conocen y saben que puede ser que si salgo de viaje no vuelvan a saber nada de mí hasta mi regreso (a menos que necesite money) lamentablemente ahora existe el facebook y muchas veces mis hermanos ya me tienen podrido.

Pero, en cambio, Salvador, a ti te extraño a todas horas, no puedo dejar de preocuparme y pensar en ti. Hace unas semanas vencí mi cobardía y llamé a tu madre, hemos hablado por teléfono un par de veces un par de horas, hablado mucho de ti y de las situaciones que sucedieron para que se acabara nuestro amor que aún recuerdo con ternura.

Antes yo quería ser su amigo pero ella no me dejó, ahora ella quiere ser mi amiga, pero yo no sé, por más que no siento rencor hacia ella, sí siento que hay algo que no podré perdonarle, algo que considero peor a todo lo que yo pude hacer para ofenderla.

Siempre me he reído, me río y me reiré de los golpes, mentiras y traiciones que otras personas me han propinado. Incluso he vuelto a dar la mano y sonreído cortésmente a seres que merecen el repudio total de mi persona. Sin embargo a tu madre no puedo mentirle, no puedo hacer el hipócrita con ella, la verdad es que no me siento cómodo cuando la tengo cerca.

Aunque esto ya pasó hace mucho tiempo y yo no debería ni recordarlo, hasta ahora, nadie me ha golpeado de esa manera. Una vez a ella se le ocurrió decirle a una jueza que mis padres y yo no te queríamos, que te tratábamos mal. Y ese es una espina que hasta ahora llevo clavada en el costado.

Lo más curioso es que la jueza ni siquiera le creyó. Pero la intención es lo que cuenta, dicen.




Separarme de ti fue muy difícil, Salvador.

Ese último día que pasamos juntos fue muy raro, y ocurrieron muchas cosas extrañas más. Era cumpleaños de tu abuelo y también esa misma noche yo viajaba a Lima para partir a Brasil y volver nadie sabía cuándo.

Felizmente ahora yo ya sé.