sábado, 18 de junio de 2011

Cuarta carta a mi hijo Salvador Armando

Cuando tu abuelito me llamó, yo estaba en clase de periodismo literario, fue miércoles, era medio día. Con solo oír su voz pude darme cuenta de que algo malo había pasado.

-Dímelo
-Se trata de Salvador.
-¿Qué le pasó?
-Ha tenido un accidente.

Son esos momentos que sabes que irremediablemente van a pasar pero nunca crees que te van a suceder a ti. Los rodeos de tu abuelo para contarme lo que te había pasado solo servían para ponerme más nervioso.

-No lo sé con exactitud, mejor que te lo cuente Nancy, ella llamó para avisarme.

Nancy, mi hermana mayor, vi sus llamadas perdidas en mi celular pero no le había dado mucha importancia hasta ese momento.

-Dímelo tú
-No es tan grave...

Al fin pude volver a respirar.

Estabas en la puerta de tu salón de clase, tus compañeritos jugaban en el recreo, una niñita sin darse cuenta de que tenías los dedos en el marco de la puerta, la cerró con fuerza. La uña de tu dedo pulgar de tu mano izquierda se desprendió violentamente, con ella un puñado de sangre. Según tu abuelo ya te encontrabas bien, hablé con Nancy para corroborar la historia, yo tenía clases hasta las 7 de la noche, falté unas horas, hablé con tu madre, compré las medicinas, me dijo que estabas bien pero que habías perdido mucha sangre, no me dio tiempo para verte, tenía que volver a la universidad.

Cuando yo tenía 4 años y vivíamos en Santa Clara, distrito limeño que está camino a Chosica, a mí se me cayó una tapa de desagüe en un pie, no recuerdo cuál. El peso de la tapa de fierro ocasionó que la uña de mi dedo gordo se desprendiera violentamente de mi cuerpo.

Tu abuelita cree que es imposible que yo lo recuerde, "Te acuerdas porque te lo hemos contado", y puede que sea verdad, pero sí recuerdo mi pie sangrando, sentado en un bus junto a la puerta del cobrador, ella me llevaba a alguna clínica.

Recién pude verte el viernes en la mañana, teníamos clase de inglés, soy tu Teacher Martín y eso me permite verte un día más a la semana, estabas muy asustado y no querías quedarte en tu salón, gracias por abrazarme, gracias por dejar de llorar, gracias por sentarte en tu mesita un rato y colorear tu librito de inglés por mí, gracias por sonreír, por ser tú el que vengas a verme a mí cuando debió ser al revés. Le pedí a tu abuela que te visite en la tarde para que te cure del susto. Cuando ella regresó me dijo: "Salvador es muy fuerte, ha salido a ti".

Yo no soy fuerte Salvador, tal vez esa uña que se desprendió de mi dedo gordo del pie cuando tenía 4 años fue el primer accidente de muchos por los que tuve que pasar.

Un año después cuando ya vivíamos en Barranco, tu abuelita se había ido a trabajar, ella era profesora del turno noche de la Gran Unidad Escolar José María Eguren donde yo estudiaba en las mañanas. Ella había salido y yo me quedé con tu abuelito, creo que estábamos solos, yo quería salir a jugar, lloraba en la puerta de mi casa, tu abuelito no pudo más y me dijo, "ya está bien, sal un ratito, pero no demores". En verdad yo solo quería salir de la quinta donde vivíamos en Barranco, llegar a la puerta, ver la pista, los carros pasar y regresar. Y eso estaba haciendo, regresaba saltando, y a menos de 15 metros de mi casa se me cruzó el perro de una vecina, y como yo estaba saltando, le pisé la patita, entonces el perro saltó sobre mí, me dejó la cara llena de cicatrices, algunas de ellas aún se pueden apreciar como la que parte mi labio superior. No recuerdo nada más.

En otra oportunidad me estrellé la ceja en una pared salpicada de cemento. Estaba jugando a las chapadas con los amigos de la quinta y resbalé, calculo que tendría 6 o 7 años. No me dolió el golpe, pero todos se me quedaron mirando, luego vi cómo caía la sangre por delante de mi ojo derecho, caía mucha sangre, solo en ese momento empecé a llorar y me fui a mi casa. Me pusieron 20 puntos. Esa cicatriz divide mi ceja derecha y es la que más detesto. A los 8 años me operaron del apéndice, es una larga historia, pero me dejó tres enormes cicatrices en la barriga. Tengo otra cicatriz en la mejilla izquierda, estaba en la sala de mi casa y me caí de cara frente a una mesa triángulo, una de las puntas de esa mesa se estrelló contra mi mejilla.

Un amigo del cole, Daniel, que estudió conmigo desde primer grado de primaria hasta la promo, me contó hace un par de años que cuando éramos niños me decían el hombre chuzo, jerga limeña que significa cicatriz. Yo no recuerdo nada de eso, puede que lo hayan dicho a mis espaldas. Mis amigos de la quinta me decían gato, mi familia me dice Nino, algunas vecinas con cariño me decían Minino. Pero en verdad en mi familia me dicen Nino porque cuando nací todos me decían Niño menos tu tío Paco, que me lleva dos años y medio y no estaba en edad de pronunciar la letra Eñe. Esa es toda la explicación.

Tú me dices Papá Nino, es inexplicable porque tu mamá me llama Martín o me llama Aquiles, por no mencionar otros adjetivos menos amables que ya irás comprendiendo con el tiempo. Pero tú me dices papá Nino, "escúchame papá Nino, escúchame" y yo te escucho e intento explicarte que a tu edad ya debes hablar correctamente y me apeno por no poder estar contigo más tiempo y me haces reír y me abrazas y me pides que no me vaya con cariño.

Yo no soy fuerte Salvador, tenía conciencia de que todos esos accidentes que tuve habían sido mi culpa porque me había portado mal, y tenía que aguantar lo mejor posible el tratamiento para recuperarme rápido y no fastidiar a mis padres con mis lloriqueos. Mi mamá me decía estoico, mi mamá que es la verdadera Hombre fuerte de la familia.


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Hay una película llamada Red Dragon, una precuela de El Silencio de los inocentes. Recuerdo una escena en que Anthony Hopkins le dice a Edward Norton que había recibido un balazo, "Felicidades, ya tienes tu primera cicatriz, nunca olvides cómo sucedió, las cicatrices son la única prueba de que el pasado existe, de que el pasado fue real". La estoy citando de memoria, no he podido encontrar esa escena en el youtube ni tengo la película a la mano.

En El Conde de Montecristo, el libro que marcó mi primera infancia, el soldado Morrel al borde del suicidio es detenido por el invencible brazo de Edmond Dantés. En ese momento Morrel le increpa, tú eres un súper hombre, no eres de este planeta. Y Edmond le responde: vengo de un planeta llamado dolor. Lo estoy citando de memoria, no tengo el libro a la mano.

A la semana siguiente que te visité me dijiste "Mira papá Nino, ya está sanito mi uña". Por supuesto que tu uña va a crecer y tal vez no te deje ninguna cicatriz visible, tu madre te ha cuidado muy bien, este accidente solo ha sido tu primer encuentro con el dolor físico y con la sangre. Irremediablemente y aunque yo haga todo para evitarlo, tendrás muchos encuentros más. El dolor es un amigo sincero que nos recuerda que la vida es difícil y eso es bueno.

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Hace unas semanas asistí a un concierto sinfónico, La orquesta de barro en el teatro municipal. Cuando tocaron la canción de La vida es bella, no pude evitar que un par lágrimas se me escapen. Vi esa película cuando estaba en 4to de secundaria, la vi solo en mi casa de Barranco, la estaban pasando en un canal de cable, mis padres ya vivían en Trujillo y yo me pasaba todas las tardes solo porque tu tío Manuel estudiaba y trabajaba hasta tarde. Las palabras finales de esa película me destrozaron el corazón y siempre lo hacen: "Esta es mi historia, ese es el sacrificio que hizo mi padre, aquel fue el regalo que tenía para mí".

Hace una semana, el sábado 11 de junio a las 7:56 de la noche nació la segunda hijita de tu Tío Manuel y esa ha sido una gran alegría para todos nosotros, se llama Azucena del Pilar, Azucena por tu abuela y Pilar por tu tía Pilar, mi cuñada, la esposa de mi hermano mayor. Tu abuelita está en Lima acompañándolos, este día del padre la paseremos con tu abuelito, tu abuelito que te dice cariñosamente Salvador, hombre de Dios, tu abuelacho que te dice cariñosamente Salvatore!

La pasaremos bien los tres junto a tus tíos Paco y Sergio

Tú eres nuestro premio Salvatore.




6 comentarios:

  1. me encanta tu forma de narrar y tu forma de amar a Salvador y a tu familia mas aun ...FELIZ DIA DEL PADRE

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  2. Este es un padre que hace escuela de su paternidad. ¡Vale por angas y mangas!

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  3. Algo aparte... ¿Ahora el hígado se volvió más famoso que el talón?

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  4. ¿de qué hablas marina? si fueras tan amable, cuéntanos :-(

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  5. Acá parece tener más importancia el hígado que el talón de Aquiles, jaja. O por ahí salió otra versión del mito...

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  6. Hola! Hace tiempo que no pasaba por aquí... me encanto tus palabras. No sé como es eso de tener un hijo, todavia veo como cambia las personas y les hacen tan bién! Felicidades a ti y tu Salvador. Besos desde Brasil.

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