El Invierno no es el hielo que da la paz a los deseos
irreparables e imposibles, ojos muertos
y que cobija con silencio entre sus manos
el musgo íntimo, entibiado de los sueños.
El Invierno no es el viento
de palomas que transportan las rasgadas auroras
como rosas clavadas en sus picos
y en sus alas luminosas, en sus frentes, en sus pechos.
El Invierno es
ese frío fuego
ese río de acero
que penetra por los huesos
que se clava por los cuerpos
que devora los pastos, los pasos, los cabellos
como los temibles remolinos, las sombras y los ecos
de lo innombrable y de lo ciego
(en el Invierno vi
las blancas nieves de tu piel
y de las mareas muertas de tus cabellos. En el Invierno vi
la nieve como el viento
como corceles luminosos despidiéndose a lo lejos
a lo perdido
y a lo incierto. Vi
la nieve
como el bosque del olvido
de lo podrido
por el tiempo.
El Invierno es sentir todo lo muerto
como los besos de un veneno
eterno descendiendo por los labios
y las sienes y los senos, circulando por las venas
y las mareas negras de lo odiado y del deseo.
El Invierno es ser este barco de naufragios
que soy yo
(y que es mi recuerdo)
extenso y de espaldas como la noche y sus fragmentos
de ahogos y de espantos
y de silencios solitarios.
Invierno es tener el cuerpo destrozado
por los perros
los desgarros
en los cuellos y en los cuernos. En el cieno.
Invierno es ser este árbol
flagelado por las hachas de los hielos
y no poder defenderse y no poder correr
ni mirar hacia atrás, y no tener esperanza
y no tener miedo.
Invierno es hundirse en este río
en este lago
en este océano
y ahogarse como un pez que ha tragado el universo
con todas sus galaxias y con sus infinitas estrellas
como las monedas que se abren de sus pechos.
Invierno es ver volar a las lechuzas
como el destino y como el viento
como la noche y como el tiempo
y escuchar los gemidos, los lamentos
del fiero austro de murciélagos sonrientes
y de rosas blancas, amaneceres ardientes.
Invierno es
ser Adonis
y ser amado por los cielos
y ser devorado por los cerdos.
Invierno es
ser cazador y ser la presa
es ser el viento
y ser el hielo y ser silencio
y ser el niño que imagina que es el viento y que es el hielo y el silencio.
Invierno es
ser una isla inhabitada
y regar el suelo de cenizas
y no recordar
olvidar
y cerrar finalmente los ojos
y no ser nada
y no ser todo
y ser sólo blanco
y ser sólo negro
y ser sólo agua
y ser sólo muerto
y ser sólo hombre
y ser sólo fuego.
Invierno es estar muerto
para retornar alguna mañana con el tiempo.