jueves, 14 de diciembre de 2006

SANTA ROSA BAJA


RETRATO DE UN PARAÍSO OLVIDADO


UNA CRÓNICA ESCRITA POR AQUILES MARTÍN CABRERA LUDEÑA


PRIMERA APROXIMACIÓN


la naturaleza en todo su esplendor

PREÁMBULO

Lugar escogido: Sector Santa Rosa Baja, ubicado en el distrito de Laredo, valle Santa Catalina, en el kilómetro 22 ½ de la carretera a Simbal, penetración a la sierra liberteña, aproximadamente a 20 minutos de la ciudad de Trujillo, a dos soles de pasaje en combi, y a pesar de ello, lejos de todo lo que se entienda como luz eléctrica, teléfono o Internet. Este es un pequeño paraíso de unos 200 mil metros cuadrados de superficie a orillas del Río Moche.

Pretexto: Matar dos pájaros de un tiro. Por un lado tengo que preparar un dossier fotográfico para el curso de Foto Avanzada y posteriormente, escribir (dizque) una crónica para el curso de Redacción Periodística.




EL CATA
Llegó temprano por la mañana, Jorge Luis Villacorta Rodríguez, de 24 años, natural de Santa Rosa Baja, amigo mío, con el cual ya habíamos acordado el día y la hora elegidos para el viaje. Viernes 6 de Octubre a las 2 de la tarde. Cata (como le decimos sus amigos) no mide más de un metro 45, sétimo de 10 hermanos, de piernas y brazos flacos, no usa para rasurarse más que una pinza capilar; sin embargo, detrás de esa apariencia pueril se esconde un hombre de músculos rigurosos y con bastante resistencia para el trabajo físico que exige la vida en la chacra. Tiene cabello largo y ondulado artificial (hecho por Lucero, el peluquero homosexual de Bello Horizonte), una gorra perenne, y una memoria prodigiosa para el humor. Sus amigos dicen que cuando está pasado de alcohol puede contarse durante horas y horas chistes memorizados desde aquella época del boom de los Cómicos Ambulantes, e incluso desde mucho antes; chistes que han ido aumentando, cambiando o adaptándose durante los últimos años. Supongo que uno de los más antiguos es este:

“Estaban reunidos todos los gobernantes del mundo cuando en eso se levanta el presidente de China, se desnuda el pecho y dice: Este es mi pecho, y en él está simbolizado la muralla china que representa la fuerza con la que conquistaremos el mundo; luego se levanta Margaret Tatcher muestra sus tetas y dice: Estas son mis tetas y ellas representan la grandeza de mi reino, una es Inglaterra y la otra es Las Malvinas; después pide la palabra el presidente Fernando Belaúnde, se pone en pie, se desabrocha los pantalones, muestra su miembro viril a toda la audiencia y dice: Este es mi Perú y ya nada podrá levantarlo”

Habitualmente Cata es una persona callada, aunque siempre mantiene su buen humor. No es de los que hacen bromas pesadas todo el tiempo, normalmente, según sus propias palabras “le da roche”.

Él ya lo tiene todo listo allá en su chacra, elaboró un colchón hecho a base de caña guinea también conocida como totora, con la cual se hacen los famosos caballitos de Huanchaco; también ha preparado un mosquetero, nombre que él le da a una especie de carpa hecha de una malla muy fina, semejante a un tul, en la que cualquier persona puede meterse a dormir de lo lindo sin preocuparse por las molestias de mosquitos u otros insectos. Solo falta preparar mi equipaje. Una frazada, un sleeping, una escalera triángulo (para las fotos), una soga y mi mochila. En ella llevo mi cámara, la fotocopia del libro “Equipaje de Mano” del chileno Juan Pablo Meneses, un cuaderno de apuntes (para la crónica) un par de polos, una chompa, dos chullos y una gorra para el sol. Mi madre insiste en llevar 3 latas de atún por si acaso no haya qué comer, y comprarme un jabón para ahuyentar a los mosquitos. (Acepto el atún pero no el jabón) Además de eso aumento a la carga el “Canto General” de Neruda y dos rollos de papel higiénico, eso sí, recordando siempre las necesidades básicas de la Pirámide de Maslow.



LA PIEDRA AZUL
Ese es el paradero oficial de Santa Rosa Baja. No es sólo un nombre, en realidad es una piedra pintada de azul ubicada al borde de la carretera (a la mano derecha, mirando hacia Simbal). Nadie me supo dar razón del porqué de ese nombre tan curioso ni desde cuando se hace uso de esa piedra o si anteriormente hubo otra. Lo que sí llegué a enterarme es que algunos kilómetros más allá, a la altura de Menocucho, hay un paradero llamado La Piedra Verde. Esta piedra azul da paso a una entrada para los camiones que transportan los productos cosechados o elaborados en este Sector. Los más importantes son la fresa, la lechuga, la papa, y las esteras.

Los pobladores de Santa Rosa Baja además:

- Cultivan culantro, cebolla china, choclo, repollo, paltas, espinaca, nabos, rabanito, maíz, camotes y yucas.
- Cultivan otras frutas tales como: naranjas, lúcumas, guabas, ciruelas, mameyes, papayas y plátanos (plátanos naranjo, manzano y congo).
- Trabajan el carrizo, la caña guayaquil y la totora haciendo esteras, canastas y canastones.
- Cultivan yerbas medicinales tales como: Cola de Caballo, Hierba Luisa, llantén, matico, eshingo, molle, berros, cadillo, alfalfa, verbena, paico, maichil, hoja de eucalipto, etc.
- Hacen ladrillos de adobe los cuales venden o los usan para construir sus casas que techan con caña guayaquil, estera y barro.
- Crían animales tales como: vacas, chanchos, burros, caballos, ovejas, chivos, cuyes, perros y gatos.
- Crían Aves: La crianza más importante es la de Gallos de Pelea de Pico, asimismo crían gallinas, patos, pavos, tordos, tortolitas, loros, gallinetas, pugos, etc. La crianza de gallos para algunos es una pasión, van a las concentraciones galleras, conciertan peleas, juegan apuestas y participan en diferentes eventos gallísticos en Laredo, Simbal, Bello Horizonte, Trujillo, etc.

El viaje en combi terminó, la piedra azul nos da la bienvenida, bien visto, no es una sino dos piedras. Pensar que aunque sea en camión o de alguna manera debió pasar por acá cerca (a pocos kilómetros) el joven provinciano César Vallejo. Aquí no hubo piedra negra sobre piedra blanca. Nadie pudo decirme a ciencia cierta desde cuando se encuentran como están el día de hoy esta piedra azul sobre la piedra ploma.



EL PACHA
Estaba durmiendo cuando llegamos a interrumpir la paz silvestre de su siesta vespertina. De un solo movimiento se puso en pie, me sorprendió su elevada estatura, creo que ya sabía mi nombre cuando apretándome la mano me preguntó qué proyectos piensas hacer por aquí. Se alegró bastante cuando le dije que pensaba escribir una crónica además del trabajo fotográfico. En ese instante no entendí bien por qué se alegraba. Resulta que a Don Pancho, o simplemente Pacha como le dicen por aquí, le gusta bastante la escritura.

- Yo antes escribía un diario pues, es bonito, escribir todas las cosas que nos pasan, nuestras impresiones diarias. Mis hijos me molestaban, me decían ¿qué? ¿piensas ser escritor o qué? Yo nunca les hacía caso, pero luego se lo llevaron todo.

De más de un metro ochenta de estatura, sorprende verlo caminando lentamente, pareciera que tomara el vaivén de las nubes, el descanso de los cerros, la pausa de los paltos y los eucaliptos. 55 años de edad, buenos modales, una ex mujer y no sé cuantos hijos mayores que yo; al parecer, limeño, chorrillano de muchos años. Hasta donde se puede colegir, uno podría pensar que ha trabajado varios años para el Ministerio del Interior. Orgulloso de ser el dueño del batán más grande de La Libertad, cazador en sus horas de ocio, o cuando ellos, los animales (serpientes, hurones, zorrillos, gatos monteses, etc) decidan cruzarse por su camino. Y, como pude comprobar más adelante, con una sazón envidiable. No le pregunté mucho, casi ni le pregunté su nombre completo, ni por qué se separó de su mujer, ni como fue que llegó a venir aquí, a vivir solo entre sus chacras de camotes y de fresas.

Conversamos algunas cosas sobre Lima, bastante sobre Barranco, conocía bien las calles por sus nombres y todo, pareciera que ayer nomás hubiese tomado la 73 desde Chorrillos a Barranco y se quedó dormido hasta llegar acá. A pesar de todos sus nítidos recuerdos, él prefiere la vida en el campo. – Lima, la horrible, yo prefiero el campo pues; Lima, la ciudad de los Reyes le dicen, la ciudad de la basura será. Se ríe cuando le cuento que hace poco se publicó un libro llamado: Lima, ciudad de los Reyes, los Quispes, los Chávez. – Ja, ja, ja, esa es nueva ah, esa no me la sabía.




SEGUNDA APROXIMACIÓN:

yo, pelé, cata y don pancho.
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LA TIENDA VERDE

Si necesitas un poco de arroz, te hace falta algún condimento, se te acabó el aceite, o se te antojó una gaseosa, un chocolate, un helado, un par de chelas, o te quedaste sin hoja de coca ni cigarrillos ni alcohol, se te ponchó una llanta o simplemente quieres ver tele, tienes que venir a este lugar. (No hay otro). Queda aproximadamente un kilómetro antes de la Piedra Azul, al otro lado de la carretera.

Su ubicación es privilegiada, está prácticamente en el medio de cuatro sectores: al frente de Santa Rosa Baja, a los pies de Bello Horizonte, a un paso nada más de Quirihuac, al costado de la única entrada que lleva a Ciudad de Dios. El nombre legal es “Comercial Koki” El dueño se llama Jorge Gómez Salvador, próspero joven empresario, alrededor de 30 años de edad, natural del caserío Nambuque, perteneciente al distrito La Cuesta que a su vez pertenece a la ciudad de Otuzco. (Nambuque está ubicado de Simbal para arriba una hora más). Jorge vino a estudiar de muy niño a la Escuela Pública de Quirihuac, nunca pensó llegar a convertirse en el propietario de la Tienda mejor abastecida del lugar, en más de 15 kilómetros a la redonda: La Tienda Verde. Aunque con la última remodelación se sumaron a ese color, el blanco y el púrpura, esta es la auténtica, a lo largo de la carretera uno puede encontrar otros establecimientos pintados con ese color, pero – Uff, desde que yo pinté mi tienda de verde, todas se pintaron igual – dice Jorge.

Él conoce casi a todos los pobladores de por acá, a ellos, sus necesidades, sus costumbres y sus vicios. Podríamos hablar por horas de todos y cada uno de ellos. El caso más extraordinario es el de un hombre casado con 4 hermanas. Las embarazó a todas, lo más sorprendente es que los hijos de tres de ellas nacieron uno al día siguiente del otro. Su historia es motivo de orgullo y de envidia para muchos de los varones en este lugar. Jorge dice que: Cada vez que él viene a comprarme alguna cosita yo me saco el sombrero – lo piensa y se corrige – bueno la gorrita que es lo que uso, ja, ja, ja. Lo único que puedo agregar de él es que se llama Joel y para más curiosidad, vive en la casa de sus suegros con todas sus esposas. Cuando alguna vez Jorge le preguntó qué había hecho para tener esa suerte, Joel simplemente se limitó a responder: “Ellas me buscaron”

Todo un personaje que dejaría mal parado a cualquiera de García Márquez.


NOCHES DE LUNA LLENA
El paisaje por aquí es precioso, con Cata lo recorremos casi todo en bicicleta, este es el medio de transporte más común para todos los hombres desde los 7 años. Las primeras fotos fueron tomadas en la chacra de “El Diablo” Don Víctor Uriol, que es el personaje más conocido y carismático de Santa Rosa Baja. También le dicen Don Vico, de cejas pobladas que casi se juntan por encima de la nariz, ojos astutos, cabellos trinchudos y dientes de caballo; no llega ni a los 35 años y tiene una opinión singular para cualquier tema que le propongas. Él es la vedette del lugar. Su singularidad es tanta que alguna vez Cata le preguntó a su hijo el mayor, de 9 años de edad, -¿Por qué eres tan feo ah? Y el pequeño solo atinó a responder: “Mi papá hace huevadas”.

Don Vico está muy ocupado estos días fumigando su chacra, haciendo la cura, como le dicen ellos. – Antes no había contaminación – me cuenta el Pacha – no había necesidad de hacer la cura, ni de comprar urea, ni tantos insecticidas ni herbicidas, ahora no puedes cultivar nada que no se malogre si no lo tratas.

Entre foto y foto se va haciendo de noche, a falta de luz eléctrica la luna llena ilumina con su resplandor plateado todo el panorama. – ¿Para qué queremos luz eléctrica? Si yo ya hablé con Dios para que nos mande la luna que nos alumbre – bromea el Cata. La primera noche armamos nuestra “cama” en la casa del Diablo. Su mujer nos invitó a cenar, el postre fue una especie de delicioso arroz zambito, pero hecho no con arroz sino con trigo. Después Don Vico nos mandó a que compremos coca y cigarros en la tienda verde, pero para cuando estábamos de vuelta él ya estaba durmiendo. Le pasamos la voz y nos pregunta: ¿Cuánto de coca han traído? – Una luquita – responde el Cata. – ¿Ah? Por huevadas no me levanto, socio.

Nos quedamos solos y decidimos dormir, al rato llega Pelé, hermano mayor del Cata, me dijo su nombre completo pero, (por la mother fucker), nunca llegué a darle ningún uso a mi cuaderno de apuntes. Pelé, de 45 años, al parecer soltero y sin hijos, trae una luquita más de coca y una botellita con alcohol. A pesar del apodo, Pelé más parece Maradona, gordo, incluso un poco más bajo que Cata, en su juventud fue el goleador de cuanto torneo futbolístico se organizara por aquí. Llega él y entonces me aventuro en el mítico y milenario trance del hombre andino: coquear, tirar bolo como le dicen. Desde donde estoy puedo ver sus siluetas oscuras, sentados en un pequeño tronco, haciendo toc, toc toc, con el checo (pequeño envase de madera con forma de pera en donde se guarda la cal que sirve para activar las prodigiosas dotes de la hoja de coca), ellos solo hacen toc, toc, toc, y se llevan un poco de cal a la boca, llenan sus cachetes con más hoja, escupen, conversan de cualquier cosa, casi sin ningún pretexto que tirar bolo por pura costumbre, por sentarse a ver cómo pasa la noche, acompañados de su toc, toc, toc, alguno que otro cigarrillo (sin filtro si fuera posible) y de vez en cuando un trago de alcohol para endulzar el paladar.

Intento entonces preguntarles algo acerca de la historia de Santa Rosa Baja, si antes había tenido algún otro nombre o cómo fue que llegaron todos por aquí, pero no tienen ninguna respuesta concreta para darme. – Antes todo esto pertenecía a los gringos – se anima a decirme Pelé – ellos eran los dueños de todos los sectores, hasta que agarró la presidencia Velasco y los botó a todos, ese Velasco sí era un macho, se le paró a todos y los botó de acá, nos dejó la tierra a nosotros, los que la cultivamos de verdad.

Mientras estábamos los tres ahí, sentados a la luz de la luna, conversando sobre nada, Pacha se disponía a hacernos compañía, a eso de la media noche salió de su casa, cuando de pronto se le cruzó por ahí un hurón, (especie de roedor del tamaño de un gato, cola de rata y cara de chancho) este animal al sentir la presencia de nuestro amigo se asusta y se sube a un árbol. Ya se jodió – piensa el Pacha al contemplar la claridad de la luna. – si no fuera por esta luna este “chancho” se salvaba. ¿Dónde estarán los muchachos? ¿Cómo no vienen por aquí? Esta sí es una buena historia para que el Martín escriba en su crónica. Nunca llegamos, puesto que ni bien se terminó todo (coca, cigarros y alcohol), el Pelé se fue y decidimos dormir. A la noche siguiente les tocaba regar, reciben 7 horas de agua 2 veces por semana, una vez de día y otra de noche, los sábados les toca de 1 de la madrugada hasta las 8 de la mañana. Pacha estuvo una hora más jugando al cazador con el hurón hasta que por fin pudo matarlo.

La noche del día siguiente me fui con Cata a Bello Horizonte para buscar algún lugar donde ver el partido de fútbol, juega Perú con Chile en Viña del Mar. En la casa que la familia de Cata tiene en Bello Horizonte, el televisor solo capta un canal, ATV. (En realidad todos los televisores que no tengan cable captan solo ese canal) Como no pasaban el partido, Cata saca su radio, ya casi acostumbrado a enterarse de todo a través de él. Casi todos tienen un radio portátil, se la amarran a la espalda y no necesitan nada más que comprar pilas de vez en cuando. Luego nos enteramos de que Perú iba ganando uno a cero. Como la tienda de Don Jorge ya había cerrado fuimos a una tiendita donde compramos la coca para la noche de hoy y otro paquete de cigarrillos Inca. De camino a Santa Rosa, en medio de la oscuridad y la carretera – Goooooooool de Chile – suena por la radio, para variar.

Esa noche Don Diablo se había ido con su familia a dormir a Laredo. Así que nos fuimos a la casa del Pacha, me arrepentí de no haber ido también la noche anterior. Tenía su radio encendida (sintonizando también el partido) pero parecía que se había quedado dormido, estuvimos llamando varios minutos hasta que se levantó y nos abrió la puerta. Para cuando empezamos a tirar bolo Chile ya iba ganando 2 a 1. – Esos brutos – dice el Pacha – perder nomás saben, no tienen dignidad, ese Pizarro es un maricón. No me acostumbro a eso de coquear, tiro el bolo y me dedico a fumar tranquilamente, viendo la luz de la luna, pensando en mi familia y en mi vida, escuchando el toc, toc, toc de mis amigos. Al rato entra a jugar Pizarro y luego mete un gol. – Metió gol Pizarro – le dice Cata al Pacha. – Ese maricón, tiene uno que requintarlo para que haga algo – le contesta.

El partido había terminado, los comentaristas ya estaban hablando de la revancha en Tacna el día miércoles, entre nosotros ya nos imaginábamos lo que va a pasar, Perú perdió nuevamente en Tacna. – A esos malos tenemos que traerlos acá y hacerlos que suban y bajen el cerro corriendo para que se hagan hombres – dice el Pacha. Sin embargo, teníamos la noticia de que en Voley nuestras chicas han llegado a la final y mañana juegan contra Brasil.

Ellos siguen en lo suyo, toc, toc, toc, un poco de cal, escupir y más hoja. Al rato llega también Pelé a sumarse al toc, toc. – Nuestros ancestros llegaron a la sabia conclusión de que la coca, (la hoja, no la otra eh) te ayuda a atenuar el cansancio y te da fuerzas para trabajar durante horas y horas – dice el Pacha, mientras prende su fogón para sancochar la carne del hurón, ya tiene todo planeado para preparar un adobo mañana para el medio día, tiene que sancochar la carne una noche antes para que se suavice, cuando ya está lista prepara los condimentos y la deja que se sazone durante toda la noche. Estuvieron coqueando todavía hasta la 1 30 de la madrugada, ya les tocaba regar. Les ayudo con la linterna hasta las 3, a la mañana ya será mi último día por acá.


SOL CINCUENTA
– ¿Sabes qué Martín, tú piensas que allá en Trujillo hace sol? Pues aquí hace sol cincuenta, ja, ja, ja – bromea el Cata. Las mañanas son bien frescas y todo se ve como renovado, como si el mundo recién se hubiese inventado ayer. Hace un frío moderado y refrescante por las mañanas, aproximadamente a las 8 00 es la hora en que el astro rey se asoma por entre los cerros a calentarlo todo hasta las 5 30 de la tarde más o menos.

El primer día nos levantamos temprano y nos fuimos a ver a Jorge que nos invitó el caldo, desayuno característico de la gente del campo. El domingo sí me quedé dormido, me levanté a las 8, y me fui a la Tienda de Don Jorge, no lo encontré, me fui al grifo a comprar tamales y ahí estaba él que nuevamente me invitó a desayunar, esta vez ya se había terminado el caldo y tampoco había tamales pero igual desayuné bien.

Como a eso de las 9 me voy a la casa del Pacha a tomar algunas fotos, luego nos vamos juntos, con el hurón a la casa de Cata para preparar el adobo. La despedida se acercaba, nos tomamos una foto juntos Pelé, Cata, Pancho y yo, luego vino el adobo, con los camotes más morados que he visto nunca. Todo a pedir de boca. Ni bien acabado el almuerzo Pacha ya se había ido, no esperó ni el gracias ni el ya nos vemos pronto. Ya le tocaba regar a él también. Al rato me fui con Cata a su casa en Bello Horizonte, vimos el partido de Voley con la esperanza de alguna alegría, pero fue en vano. Perú ya había perdido los tres primeros sets para cuando acabamos de comer el ceviche que había preparado su mamá, doña María, una de esas mujeres eternas de cara arrugada y trenzas negras y brillantes, madre de diez hijos, uno de ellos muerto, atropellado por un camión cerca de su casa hace tal vez dos años, guarda el luto por él y por su marido también muerto unos meses después de su hijo, por la edad, la tristeza y una diabetes que lo consumió lentamente. Nunca quiso ir a un hospital. – Esos doctores de la ciudad, lo único que hacen es matarte más rápido – fueron sus palabras.

Así transcurre la vida a escasos 20 minutos de la metrópoli más cercana, Trujillo, (que para ellos solamente es) la ciudad de la eterna indiferencia, donde los jóvenes se pasan el tiempo entre el internet y su celular, el trabajo que no te da tiempo para pensar, y la ociosidad que es la alegría del no pensar, viendo la novela de moda o haciendo cualquiera de las monerías a las que estamos habituados. Mientras esta gente vive su vida a su modo, de espaldas a la civilización (¿o es al revés?) felices con sus tradiciones y sus carencias, acostumbrados a escuchar que Perú (ya sea en política, fútbol o voley) siempre pierde en todo, acostumbrados a vivir entre derrotas, saliendo adelante, ganando su propio partido de fútbol, jugándose la gota gorda todos los días porque, como diría Pacha – Aquí la vida es hermosa, pues.

2 comentarios:

  1. chvr tu cronica pero hablas d un pequeño lugar del todo el àraiso que es el valle santa catalina que desde santa rosa alta como le dice hasta unos 2 klmtros adentro de simbal entrando por rio bar esta el verdadero eden visitalos mas tiempo

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