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sábado, 4 de abril de 2009

Cómic, un mundo sin tapujos

¿Qué sería del mundo sin el dibujo gráfico, la historieta y la caricatura? Muy aburrido seguramente.

Díatreinta
Raquel Avalos


Mi generación y las que le siguen no han podido gozar en su plenitud del placer de un buen cómic. Abrumados por el TeleCable, el Nintendo, Mario Bross e Internet; desconocíamos totalmente lo que contenían aquellas revistas que veíamos colgadas en los quioscos y que, a diferencia de nosotros, nuestros padres seguro añoraban.

Distintas décadas han sido marcadas por historietas como Popeye, Mafalda, Los Pitufos, Condorito, Tin Tin, Lucky Luke, Asterix y Obelix, la Pequeña Lulú, las historias de Fontanarrosa, hasta la hilarante Maitena.

El cómic, historieta, tebeo – o como en cada país lo quieran llamar- es y seguirá siendo el punto de partida del entretenimiento visual. Los dibujos animados (verbigracia los cartoons antes mencionados), las películas, e incluso los video juegos, no pueden concebirse como tales sin haber pasado antes por un papel. La creatividad y la destreza de la mano no se la podemos dejar a un software.

Este arte secuencial es digno de selectas manos, de historietistas en su mayoría autodidactas, que poco a poco fueron mejorando su técnica y que conocen la mejor manera de expresar lo que sienten y piensan: dibujando y divirtiéndose. En nuestra ciudad, el cómic ha despertado repentinamente, demostrándonos que no es una habilidad ajena y foránea, sino también nuestra y muy fresca.

En el marco del “I Festival de Cómic en Trujillo”, organizado por la Alianza Francesa, descubrimos a cinco destacados historietistas trujillanos: Óscar Alarcón, Alexandra Torres, Walter Toscano, Daniel Oblitas y Víctor Chu, quienes trabajan silenciosamente en un medio donde el cómic es casi una vocación clandestina.

“Lo básico para crear una historieta es el argumento, el contexto, el ambiente, y hacer que tu personaje se sienta cómodo con todos los elementos que le das para que este se muestre natural”, comenta Daniel Oblitas Pinillos (36). ¿Qué sería de Tin Tin sin sus aventuras alrededor del mundo? ¿O de Gargamel sin su gato Azrael? Definitivamente cada detalle es importante. Artista, escritor y seguidor del noveno arte, Daniel empezó a dibujar desde los 13 años y ahora comparte su pasión por el cómic dictando talleres y releyendo de vez en cuando su consentida colección de Asterix y Obelix.

La temática de las historietas suele ser variada. Pese a que se ve encasillada casi siempre como “humorística”, se pueden trabajar dramas, situaciones románticas o de acción, y pueden ser elaboradas con texto o sin él. “Me gustan los historias japonesas porque a diferencia de los americanas, no suelen tener un final feliz”, explica Víctor Chu Carranza (30), fanático del manga japonés. Víctor estudia y trabaja, y pese a su ajustado horario, no abandona su hobbie favorito. Por las noches y con música de fondo, empieza a crear escenarios, sombras y expresiones, con influencia tanto del cómic americano como del manga.

En cuanto a los personajes, se requiere de la elaboración de un perfil para cada uno. A través del físico, las líneas, el movimiento y la manera de expresarse en la historia, es que uno puede diferenciar –por su marca y calidad en el trazo- a un autor de otro. Por otro lado, todo historietista siempre busca y crea al personaje que lleva dentro. “Yo siempre les digo a mis alumnos: cuando ustedes crean a un personaje, prácticamente se meten en ese personaje para decir lo que normalmente no pueden decir”, añade Daniel, con la seguridad de que el cómic tiene un efecto catártico.

Las historietas tienen una libertad de expresión absoluta. Uno puede decirle a alguien idiota sin que esta última persona se sienta ofendida; al contrario, lo tomará como broma o lo perdonará tan solo porque se trata de un mero dibujo. Es una manera “caleta” y divertida de liberar los más profundos odios y alegrías sin llegar a ser tan personal, ya que el autor usualmente habla por muchos otros (de ahí a que el público se sienta identificado).

Víctor Chu trata de dar siempre un mensaje en cada uno de sus cómics. Ya sean de acción o drama, él siente que más allá de la perfección del dibujo, es necesario hacer que el lector reflexione. Por su parte, Daniel Oblitas encuentra su inspiración en problemas sociales que le agradan o incomodan, y los critica o caricaturiza en sus historietas.

El cómic no había muerto, ni andaba de fiesta, se ha ido renovando en las habitaciones de los historietistas trujillanos para darse a notar más que nunca –ahora, a propósito del “I Festival de Cómic”- y esperemos que siga así.


Los últimos vaqueros de Lima


En un fortín del centro de Lima, entre miles de revistas y libros amarillentos, los nostálgicos del western pueden rememorar por unos cuantos centavos las míticas peleas entre indios y vaqueros. El lejano Oeste está vivo, al menos en la imaginación de esos utópicos trasnochados.


Díatreinta
Antolín Prieto

Un vaquero, idéntico a Charles Bronson, mira de soslayo mientras otros dos, montados a caballo, disparan. Una mujer, látigo en mano, arremete contra un forajido que osó meterse a su alcoba. Un cuatrero empuña su revólver y apunta sin hesitar, más de uno juraría que se trata de Lee Van Cliff. Estas imágenes no tendrían nada de raro si fueran parte de algún western trasnochado, sin embargo las encontramos en pleno centro de Lima.

Escondida entre el Parque Universitario y la populosa Avenida Abancay se encuentra la primera cuadra del Jirón Cotabambas, es una calle desierta. Un lustrabotas en la esquina y tres arbustos a media acera son los únicos que reciben a los transeúntes; dos pares de locales abren discretamente sus puertas. Tras ellas, los vaqueros esperan por los parroquianos junto a seres espaciales, mujeres enamoradas y gángsters. Es el mundo de los bolsilibros baratos, de portadas efectistas y títulos excéntricos: Espíritus pendencieros, La dama del látigo, El último maldito.

Su nombre era la ley

Los títulos corresponden a distintas series. En el caso de las “coboyadas”, las del oeste, a la Colección Estefanía, apellido del autor Marcial Lafuente Estefanía. Escritor prolífico; espetaba una obra cada semana, convirtiéndose en una de las estrellas de Editorial Bruguera. En los 60, en pleno auge de los bolsilibros, el tiraje llegó a las 100,000 unidades por historia. Sólo le hacía competencia desde la novela rosa, otra desbocada de las letras: Corín Tellado.

Fallecido en 1984, dos hijos y un nieto han seguido con la incansable producción, llegando a contar, a la fecha, con más de 3,000 historias en su haber. Todas con hombres de unos seis pies de alto, con mujeres de vida alegre, y disparos a quemarropa; todas con lugares comunes que antes que clichés se convierten en sello de autoría.

Por un puñado de soles

Al traspasar las puertas de los locales se respira un olor a papel usado, al contrario que en los pasajes de Quilca, donde parece que los hongos son los únicos lectores de los libros, aquí los textos sudan del desgaste de sus hojas y tienen los lomos cuarteados de tanto trajín. Cada ejemplar no llega a las 100 páginas, pero fácilmente superan ese número de lecturas.

“Los nuevos están 3.50”, anuncia Adelina Agüero, quien junto a su hijo regenta uno de los locales, uno de vitrinas ordenadas. “Si lo terminas de leer, y lo traes igualito, te lo cambio por otro; si está maltratado te lo cambio por uno de estos”, y señala una ruma con libros de esquinas romas y papel amarillento. El recambio costará cincuenta céntimos. Su clientela son, en su mayoría, hombres sobre los 50 años, muchos de ellos jubilados, que llevan sus ejemplares por docenas, siempre buscando la novedad –que traen de España- o algún número que no vayan a repetir. “Vienen con sus listas alfabéticas. Ven Centinelas, buscan en la C, si ya lo han leído no se lo llevan; se pasan toda la tarde buscando”, agrega Carlos, el hijo de Adelina.

En otro puesto, atiborrado de toda clase de revistas -bolsilibros, cómics y pornos-, suena despacio La Inolvidable; ocho sillas de plástico están dispuestas mirando hacia una pared, pero ahí no hay un televisor, solo más libros del oeste. Por treinta céntimos, el lector puede hacer uso del espacio –para leer o dormir-, seleccionando su revista del día. “Hasta que acabes o cerremos”, sentencia el muchacho que atiende. Los hombres de la sala tienen la vista enterrada en su texto, la camisa gastada, alguno el bigote raleado. Se entiende que su juventud ha pasado hace varios lustros. “Vienen a recordar los westerns que se veían antes”, comentó Adelina en su tienda.

El crepúsculo de los vaqueros

En los 70, los bolsilibros entablaron duelo con otros divertimentos más modernos. Perdieron espacio frente a la televisión y la radio, pero supieron mantener adeptos entre los que se fascinaron con las historias del far west desde pequeños. Hoy incluso vienen desde provincias a llevarse las novelas por cajas.

En la primera cuadra de Cotabambas no se dispara una sola bala, solo la imaginación de los amantes del western, quienes se han parapetado, cual si fuera El Álamo, ese mítico fortín final contra los indios, en estas bibliotecas del oeste, en su último reducto.


Chica Facebook

¿Nació Facebook para hacerle más llevadera la vida a los solitarios? Tal vez. En esta red social los amantes pueden besarse sin rozar labios, los amigos que no se ven pueden dejarse mensajes sobre muros inexistentes y hasta los antisociales hacer migas con otros de su especie. Bienvenidos, al jardín de los senderos que se bifurcan.


Díatreinta
Andrea Fernández Callegari


La primera invitación que recibí de Facebook llegó desde Holanda. Era de Natalie, una amiga que se mudó con su familia a las frías tierras neerlandesas cuando éramos niñas. Me explicó que, si me unía a la página, sería mucho más fácil estar en contacto. El mundo se integraba a esta novísima red social, mientras que aquí permanecíamos fieles a una que ahora está en decadencia. Por entonces, había decidido usar sólo el Hi5 para evitar mayores consecuencias – cantidades industriales de spam y publicidad – de las que me había traído la membresía de Bebo, Zebo, Sonico; cada cual con un nombre más estrafalario.

Como era lógico, la invitación de Natalie no fue la primera ni la última. Pronto empezaron a invadir mi bandeja de entrada. Una vocecita resonaba en mi cabeza: únete, únete, únete. Y es que Hi5 iba perdiendo todo rastro de su glorioso pasado. Reconsideré la idea de unirme a la página del logo azul y blanco. Durante ese momento de vacilación, frente a la pantalla, recordé cómo este predecesor del Facebook había tenido tanta acogida en mi generación sin nombre.

En la era teen, vestíamos un mustio uniforme con corbata, escuchábamos soñolientos a Carlos Galdós mientras nos alistábamos para ir al colegio, llevábamos – muy bien camuflados – los Nokia 3320, que compramos con la ilusión de libertad que publicitaba una desaparecida empresa de celulares. Las edulcoradas voces del pop y las chillonas del punk tronaban en la radio, mientras chateábamos en un Messenger prehistórico y descubríamos las bondades del Hi5.

El tiempo y esta página se encargarían de traerme más sinsabores que alegrías. Por un lado, conocí a un puñado de buenos amigos; por otro, a un chico que me llevó de la mano a una relación destinada al fracaso. Y como si no fuera suficiente, empezaron a llover comentarios cursis de sujetos desesperados. Entre ellos, el mensaje colectivo de un arquitecto cuarentón “sólo para chicas lindas”, cómo él mismo se encargó de clasificar. Ofrecía, entre otras cosas, un departamento nuevo y un sueldo mensual para la “afortunada”. ¿No hubiera sido más fácil que lo publicara en los clasificados?

Lo del arquitecto fue la gota que derramó el vaso. En estas páginas sociales, ¿dónde comienza y dónde termina la delgada línea que divide lo privado y lo público? Simplemente no existe. Estaba convencida de esta idea, pero por otros lares, escuchaba que Facebook era “diferente”: un diseño simple y moderno, miles de aplicaciones novedosas y únicas, millones de felices usuarios. Con sólo dar un click y teclear mi nombre, ya estaba dentro de una comunidad en la que, como en los casinos, se pierde la noción del tiempo.

Online

Mark Zuckerberg nunca imaginó que la web que había creado a los 20 años, con la idea de integrar a los estudiantes de Harvard como él, traspasaría los límites virtuales que había establecido en un principio. Facebook, que debe su nombre al boletín que circula entre los alumnos de primer año, tuvo una gran acogida, quizá porque era un respiro dentro de la rígida formalidad y la intensa rutina de estudios propios de la vida en el campus de Boston. Hoy, es también el escape de 175 millones de personas.

Esta plataforma virtual se encuentra sólo a un click de distancia; para los más modernos, a un toque desde sus Iphone o Blackberry. Podemos besarnos sin rozar labios, escribir lo que pensamos sobre muros inexistentes, sembrar árboles y flores dibujadas, jugar como cuando éramos niños. En Facebook siempre habrá algo que hacer. Lo más esperado: los álbumes con cientos de fotos del fin de semana, los vídeos amateur de menos de un minuto, las nuevas parejas y las que ya no volverán. Además, las invitaciones a los eventos que, como una suerte de RSVP, pueden ser desde un multitudinario rave en Mamacona hasta el sorpresivo baby shower de una compañera del colegio.

A pesar del éxito rotundo de Facebook, últimamente ha surgido un debate acerca de cuán segura es la página. Si nuestras publicaciones podrían convertirse, por ejemplo, en un arma de doble filo. Ese fue el caso de Kimberley Swann, una adolescente británica que fue despedida de su trabajo en la compañía Marketing & Logistics por haber escrito en su perfil que “le aburría”. Kimberley nunca mencionó el nombre de la empresa ni dio mayores detalles. Otro fue el de Jon Favreau quien, a pocas horas de haber subido una foto donde aparecía tocándole el busto a una silueta de Hillary Clinton, se enteró que había sido nombrado director de discursos de la Casa Blanca. Se vio obligado a pedir disculpas públicas.

Offline

Definitivamente Facebook, así como Hi5 y otras menos célebres páginas sociales, son la mejor prueba de que nadie quiere estar solo. Basta con mirar los cientos de amigos que tenemos en nuestra página, que a su vez tienen a sus amigos, y así la cadena amical es de nunca acabar. O cuando nos dejan comentarios en las fotos y nos dicen lo lindos (o fatales) que hemos salido. Porque somos miembros al unirnos a los grupos y a las páginas. Usuarios iguales dentro de esta democracia virtual.

¿Si yo hago lo mismo? Claro que sí. Durante las vacaciones he navegado por una página que me ha dado tantas horas de distracción y relajamiento. Pero todo tiene su final. Tiempo es lo que menos sobra y, ahora, Facebook ha sido relegado a un segundo plano en mi horario.

Un momento. Creo que ha llegado un nuevo correo. Sí, han escrito en mi muro. Voy a entrar. Por última vez.


Existo, luego estudio

La educación es un vehículo de movilidad pero también el espacio donde se manifiestan de manera descarnada las diferencias. Por esa razón, a veces el contenido de una lonchera dice más que los cálculos sesudos de los economistas sobre la realidad del país.


Díatreinta

Yago Martínez


Las casitas del barrio alto, con rejas y antejardín, tienen una preciosa entrada de auto que siempre espera un Peugeot. A las siete y diez de la mañana, la gruesa puerta de caoba se levanta automáticamente y con elegante destreza retrocede la preciosa máquina gris que, al hacer ruido, enfatiza su modernidad.

Llegado el momento, el conductor lleva de la mano a su minúsculo clon por las instalaciones del prestigioso colegio Alexander Fleming. El muchacho trae sobre sus hombros una ligera mochila que enfatiza la tendencia deportiva del papá. En su gruesa mano, papi sostiene una amplia lonchera blanquiroja –de ésas que se llevan al picnic –que siguiere al escuincle un emocionante día de largas horas escolares.

Mateo tiene siete años y está en segundo grado. En el enorme umbral que separa la libertad de la opresión, un extraño ser de cabello largo y castaño, jeans holgados y lentes de lunas flotantes le da la bienvenida. Mateo alza la mirada y descubre que entre los dientes de su nueva miss, hay una extraña sustancia verde acumulada. El infante, aterrorizado, aprieta el brazo de su papi e intenta refugiarse en él.

La miss Patty intenta animar al llorón; abre inmensamente los ojos y labios para saludarlo y le asegura tener un día espectacular: papi es cómplice de la mentira y anima a la víctima ir a la cámara de tortura. La maestra de ojos desviados se ruboriza cuando papi, muy galán con esos lentes oscuros, le aprieta la mano y se despide de ella.

En su lonchera blanquiroja, bajo la sigilosa supervisión de mami, la nana María le ha puesto a Mateito una manzana comprada en Wong, una leche chocolatada marca Gloria y un sandwich triple de pollito deshilachado con mayonesa, duraznos de lata y jamón con queso. Además, dentro de su moderno termo que mantiene la temperatura del líquido por varias horas, una refrescante limonada le calmará la sed cuando el muchacho haya sido víctima del asfixiante calor.

Condenados por la campana

El recreo es el momento en el que los niños se integran verdaderamente entre sí. Los pequeñuelos empiezan a hacer grupos con otros infantes que comparten sus preferencias, inclinaciones y gustos. Es así como durante esta pequeña catarsis, diminutos cuervos se dedican a sacarse los ojos satisfactoriamente brutales y en el más perverso descaro.

Los demonios clavan afilados puñales sobre la espalda de sus compañeros. Les encanta ostentar la anchura de los bolsillos de papi y la belleza de mami. Se jactan de las veces que visitaron ese extraño pueblo llamado Miami y enfatizan el neo feudalismo que papi realiza desde su BlackBerry mientras va en su Hammer a trabajar.

Por fortuna, los alumnos del Ramón Catilla no pueden alienarse con una afeminada situación. Estos jóvenes están preocupados por otros asuntos, otras responsabilidades.

Los recesos de la escuela militar han sido reducidos a silenciosas caminatas durante unos minutos. En estos periodos, si son astutos, pueden hacer una que otra relación con personas de su mismo sexo; después de todo, son muchachos.

Las loncheras, en esta escuela, han sido reemplazadas por contundentes platillos. A las seis y diez de la mañana, los jóvenes están listos para desayunar. Cada estudiante consume diversos platillos; puede ser avena, jugo de leche, panes o frutas. La elección, no obstante, es realizada por un superior.

En el comedor, un simple cuarto repleto de mesas y sillas grupales, se ubica a los jóvenes según su cuadra. La cuadra es el color distintivo que se da a cada grupo de jóvenes, según el grado escolar en el que se encuentren. Sin embargo, en una mesita exclusiva y aislada, los brigadieres desayunan silenciosamente mientras que la plebe estudiantil los contempla y les reza una que otra oración.

Los jóvenes cadetes viven recluidos el 90% de su adolescencia en el colegio militar Ramón Castilla. Ahí, los muchachos aprenden a odiar a los chilenos por el simple hecho de serlo y los maestros, intoxicados de oxidados valores, sufren delirios orgásmicos al fantasear con la descarrilada idea de formar idiotas que se enreden con su bandera o asesinen a sus hermanos.

En las aulas, minúsculas bombas de tiempo esperan que sea la hora para reventar y repetir atrocidades similares a la Putis –123 campesinos violados y asesinados por los militares –o en Santillana –50 civiles asesinados por tropas de la marina – ¡mataremos huanacos porque sí!

Los cadetes disfrazarán la problemática social con ensordecedores fusiles. Los otros, los rubiecitos del barrio alto, ignorarán al indio, al que jode, al postergado, con la bulla de sus aparatejos alienantes. Durante las tardes, mientras realicen algún Science Project, recordarán lo apestosos e insoportables que pueden ser. Sin embargo, no considerarán que, tal vez, la señora que día a día los vigila sea tan apestosa e insoportable como todos los demás.

La verdadera comezón

En Trujillo, el submundo se encuentra sobre la ciudad. En un enorme y árido cerro está el distrito de El Porvenir. Dentro de éste, se esconden a la vista de foráneos los diversos grupos de viviendas más pobres de la ciudad. Entre ellos, están los distritos de Víctor Raúl y Alto Trujillo e incluso, el asentamiento humano Túpac Amaru, uno de los tantos que abruma la vista de dicha montaña.

Gladys Matta vive en Víctor Raúl. Ella tiene dos hijos, Zoila Vega de diez años y Bryan Esteban de uno. Actualmente, ninguno de los dos niños va a la escuela ya que Zoila no tiene los cuadernos para comenzar en su nuevo centro educativo, donde supuestamente recibirá atención personalizada debido a su hiperactividad. El segundo, según su madre, lloraba demasiado porque se sentía solo.

Matta cuenta que durante el periodo de escuela, le enviaba a Zoila pan con huevos fritos, frutas y agüita de algo, todo esto empaquetado en una bolsa transparente. En el caso de Bryan, por ser pequeño, con la leche era suficiente.

Su vecina, la señora Rosa Mattos, dice que a su hija Kimberly, de doce, le da un sol diario para que se pueda alimentar. En el kiosco de su escuela el Leoncio Prado, una señora regordeta vende ceviche, arroz, papas, tallarines y refrescos por sólo un sol.

Últimamente, Pilar Rojas, que vive en el asentamiento humano Túpac Amaru, está ajustada con las cuentas que debe pagar. Afirma que matricular a su hijo le ha costado cerca de setenta soles, ya que la matrícula ha costado cincuenta soles, la bacante de matrícula, siete soles cincuenta, la libreta cinco y otros cinco más que el director no especifica la razón del gasto.

Doña Pilar, de cuarenta años, tendrá que pagar callada las cuentas que suman cada vez más y más. Nunca podrá reclamar ni exigir cuentas, pues vive en una incómoda posición. No conoce sus derechos y sus hijos tampoco, pues es mejor y más fácil vivir así. Los hijos de la doña y de todas las otras del tercer mundo estarán condenados a integrarse al tirano mundo clasista en el que actualmente vivimos. Después de todo, si no existiera un Porvenir ¿Dónde lavaríamos nuestras consciencias los buenos chicos de las escuelas y universidades de tiernos valores católicos?


sábado, 7 de marzo de 2009

El mejor enemigo

Ellos nacieron creyendo que los amábamos


¿Quién saca la cara por los animales en un país donde la norma es matar al perro para acabar con la rabia? Los que pasan por alto el sufrimiento de nuestros "mejores amigos" ignoran que el hombre es, casi siempre, un asesino desorganizado. Con "amigos" como nosotros ¿quién quiere enemigos?



Texto: Orietta Brusa

Hay modas y modas. Lo más importante es seguir la moda que esté de moda. En Trujillo ya somos muy “in”: nos estamos llenando de malls, esta especie de moderno paraíso terrenal donde todos podemos soñar que pertenecemos al primer mundo… Pero, bueno, ese es otro tema.

Al mismo tiempo, contradictoriamente, seguimos otras modas: la ecología, el ambiente, la protección de la fauna salvaje, la lucha a la contaminación. ¡Qué bonito! ¡Cómo somos modernos!

Por supuesto, cuando se habla de fauna, nos referimos al panda gigante, al leoncillo, al oso perezoso, a los dragones de Komodo y a cuantas otras criaturas vivan bien lejos de nuestro hábitat y no nos molestan en lo más mínimo.

Cuando se habla de animales domésticos, el discurso cambia. Por ejemplo: el perro callejero, producto de la incivilidad, del egoísmo y de la ceguera humana, además de la concepción tolemaica del universo: el humano al centro de todo y con derecho a todo.

Estos animales son abandonados por variadas razones:

1. El dueño “descubre” que el cachorrito que compró para divertir a sus hijitos, no es un peluche y por lo tanto come, jugando hace daños (costumbre muy difundida también entre los cachorros humanos).

2. Un perro ladra, orina y defeca en cualquier parte. (También pudiste haberlo educado señor civilizado). Por lo tanto molesta y lo bota.

3. Se enferma y no vale la pena gastar en él, mejor “desecharlo”. (¿y ese último celular cuánto te costó?)

y/o

4. Descubre que el perro fino, carísimo y otro símbolo de su status, es mucho más fino que él mismo...

Personalmente tengo cuatro perros, recogidos medio muertos de hambre y de enfermedades. Hasta ahora, gracias a San Francisco, los vecinos no se han quejado, menos una, la clásica “dama” de oropel (¿será pariente del sofisticado Comandante que quiso desalojar el refugio Amigo fiel o es sólo otra que no conoce aún la revolución copernicana?).

Los pobres animales sufren penas horribles y, en vez que despertar la compasión en los tiernos corazones humanos, suscitan molestia y asco. Si alguien los recoge y los cuida, es un loco fastidioso y peligroso para la salud humana.

En muchos países, sobre todo católicos, regidos normalmente por una mentalidad medieval, las autoridades han intervenido para poner multas muy fuertes por el abandono y el maltrato de los animales.

Hace poco una jueza alemana ha condenado a 7 meses de cárcel efectiva a un tipo que ha matado su gato tirándolo por la ventana: una persona tan descontrolada y violenta que se desquita con un animal indefenso tiene que ser castigada. La jueza ha rechazado de pactar una multa de 1000 euros (más o menos 4200 soles): la plata no compra ni la cultura ni la civilización.

En esos países todas las municipalidades tienen perreras donde se recogen y se cuidan los animales callejeros. Aquí, nuestras “modernas” autoridades, siempre listas a pedir y aceptar plata de Europa para sus megaproyectos en aras del tan anhelado desarrollo, tienen la simpática costumbre de envenenar periódicamente a los perros callejeros.

Los pobres son penalizados dos veces:

una, porque son abandonados por hombres más brutos que ellos;

y dos, porque en vez que castigar al que comete ese acto de barbarie (el abandono), son castigados ellos.

O sea, en una situación humana, se va a la cárcel el que sufre un robo y no el ladrón. Esas autoridades, en un país civilizado, ya estarían en la cárcel. Aquí, justamente, son representativas del pueblo y administran el poder.

A pesar de todo esto, en Trujillo, como en otras ciudades del Perú, hay grupos de personas que crean refugios, por supuesto, con la contribución privada y voluntaria de unos pocos ciudadanos humanitarios.

Los refinados vecinos se quejan. ¡Qué horror! Los animales ladran (¿Nunca han escuchado el ruido que producen los humanos con sus cláxones, carros, fiestas hasta las seis de la mañana con música a todo volumen?) y ensucian (¿Serán los excrementos de los perros que producen la contaminación que está destruyendo el planeta?).

Creo que ni un brontosauro con un ataque violento de diarrea pudo producir tanta contaminación como la común y corriente ama de casa que usa, para limpiar su preciosa guarida y atender a sus seres queridos, tantos desperdicios químicos: detergentes, ambientadores, pañales desechables, contenedores de plástico y de tecnopor, etc, etc.

Los pocos civilizados que tratan de proteger a los últimos de la tierra, son perseguidos por bárbaros egoístas disfrazados de ciudadanos responsables preocupados por la higiene.

Una vez pasaron en la televisión la protesta (manipulada) de un grupo de gordinflonas, arrastrando sus críos flacuchentos, contra un refugio de perros que “comprometía la salud de los niños”.

Pagaría para ver el tipo de higiene que estas damas practican en sus hogares, saber cuánta comida chatarra se tragan sus criaturas, así como me encantaría medir la cantidad de contaminación que producen con todos sus artefactos y su estilo de vida.

El asbesto, que ha sido prohibido en todo el mundo hace 30 años por cancerígeno, se usa normalmente en las viviendas. Las gaseosas con colorantes tóxicos se transforman en la bebida nacional y los niños se las tragan proporcionadas por los precavidos padres.

Hablando de higiene ¿Cuántos en una reunión toman del mismo vaso y, quizás, luego besan a sus críos? Tal vez el primero de la gira tenga tuberculosis, el segundo herpes, el tercero hepatitis…

Otro papel interesante es el que juegan las autoridades: no hay una sola perrera en todo el país. Los perros que están en la calle allí mismo pueden enfermarse y morirse hasta que no molesten a los humanos, entonces los envenenan. No hay multas ni medidas de protección hacia los animales.

Justamente los ciudadanos no piden (ni hay espacio en su cabecita medieval para esto) el cuidado de los animales que sería, en el mismo tiempo, el cuidado de los humanos. ¿Se imaginan que pasaría en Trujillo si la municipalidad presupuestaría un gasto fijo para mantener una perrera? El primer grito sería el muy hipócrita “¿Y los niños pobres?”.

Los niños pobres no se han caído de la luna. Si sus padres tendrían un trabajo digno, las empresas “socialmente responsables” no tendrían que practicar la “virtud” de la caridad ni el alcalde interpretar el papel de “benefactor”.

Ciudadanos de buena voluntad quieren humanizar el centro histórico. ¿Además que restaurar las casonas, prohibir el ingreso de los carros y estrenar actividades culturales, no sería humano saber que uno puede pasearse sin encontrar perros abandonados en situaciones penosas? ¿Qué imagen tendrán de este país los tiernos y codiciados turistas extranjeros que (a pesar de los 700.000 irakíes masacrados por los países de la nueva Santa Alianza USA-UE) hacia los animales tienen una postura mucho más humana y civilizada?

Un pajarito me contó que quieren “restaurar” una huaca que está en el perímetro de la UNT. La restauración necesitará una considerable cantidad de plata, en realidad será una burda reconstrucción hollywoodiana (o chollywoodiana) que ningún restaurador serio aceptaría.

Como expresión cultural creo que sería mucho más efectivo proporcionar a la ciudad una perrera. Hacemos algo pequeño y concreto, en vez de soltar rollos hipócritas y abstractos en costosas conferencias sobre el medio ambiente y el patrimonio cultural que comprende la fauna salvaje. “Patrimonio cultural” es también el maltrato a los animales.

A propósito: en la INRENA trabajan los únicos trujillanos que no saben que en el mercado mayorista se venden libre y descaradamente animales de la selva y en condiciones terribles para esos indefensos animales encerrados en jaulas pequeñísimas, muchas veces amarrados de las patas como bestias, cuando supuestamente son el orgullo de la fauna peruana, ¿no? ¿o acaso ustedes se sienten orgullosos de la fauna política?

Abre la puerta a ese perro, cuídalo, aliméntalo y trátalo con cariño. Él te dará lo que jamás ningún humano sería capaz de darte.
Diógenes (Sinope, ca. 412 adC – Corinto, 323 adC)

“Una Civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”
Gandhi

“Una de las glorias de la civilización sería el haber mejorado la suerte de los animales”
Théophile Gautier

:(





¡NO COMENTEN!

viernes, 12 de diciembre de 2008

El Códice de Apar Nii - Adaptación Radial

Bueno ahora cuelgo un trabajo que hice para Taller de Radio.

Esta vez me pongo serio y aburrido así q espero equivocarme menos hablando ahora acerca de una historia relacionada con Chan Chan.

Es una adaptación radial del cuento "El Códice de Apar Nii" del escritor y publicista trujillano Alfieri Díaz, amigo mío y mencionado docente de la UPN en este blog en entradas anteriores (jujuju).
ADVERTENCIA: La locución es de 14 minutos y puede resultar muuuuuy laaaargo para los q no estén interesados en el tema, además toda la narración es mía y como locutor soy un buen estudiante, y por si eso fuera poco, no tuve suerte con el mocrófono por enésima vez. Así que vayan leyendo mejor mientras van escuchando. GRACIAS


1. Los Chimor se hacían llamar los hijos de Shi (la Luna) que era su deidad suprema, superior al Sol pues de día la luna podía verse, en cambio el Sol desaparecía en la noche. N. del E.
2. Túpac Yupanqui no sólo fue el gran inca conquistador, también pasó a la historia como «el inca navegante». Según el cronista Sarmiento de Gamboa, Túpac Yupanqui se hizo a la mar y llegó a la Polinesia, bautizando a las islas que arribó con los nombres de Ninanchumbi y Ahuanchumbi. N. del E.
3. Se sabe que diez fueron los soberanos de la civilización Chimor. Los tres primeros fueron Tacaynamo, Guacri-Caur y Ñancen-Pinco. De los seis que siguieron se desconoce su nombre y el último fue Minchan-Çaman. Llama la atención que el códice obvie también el nombre del octavo soberano. N. del E.
4. Chan Chan, considerada la ciudad más grande de la América precolombina. Se cree que en su momento de mayor auge debió extenderse por 20 mil km² y albergar una población de 100 mil habitantes. N. del E.




Esta adaptación no pretende ser una versión bamba de mi novela favorita.
:D



Érase un tiempo en que la lucha entre la Luz y la Oscuridad dio origen al Universo. Tan enemigos como complementarios, ambas fuerzas antagónicas se fijaron en este mundo y sembraron semilla en su suelo. De las altas montañas brotaron los hijos del Sol. Del mar llegaron los hijos de la Luna.

Ambas civilizaciones crecieron y sus desarrollos corrieron paralelos. Mas como habían pactado la Luz y la Oscuridad antes de la Creación, en un momento debían
coincidir sus destinos y luchar a muerte por la posesión de la tierra.

En pocas lunas, valles que antes habían sido plenos de dicha y fertilidad se tiñeron con la sangre de más de cien mil guerreros.

Túpac Yupanqui había clavado el estandarte del Sol en la ciudad del orgulloso
Minchan-Çaman.

Tuvieron que bloquear los suministros de agua y aún así mucho les costó doblegar la voluntad de una raza sedienta y al borde de la inanición.

Al llegar al palacio real, el invasor obligó al soberano a postrarse a sus pies y fue maniatado para exhibirlo como trofeo en la corte de su padre, el Inca Pachacútec.

Las huestes del Sol se dedicaron a la destrucción de una civilización cuyo esplendor envidiaban. ¿A cuántas mujeres ultrajaron? ¿Cuántos vástagos esclavizaron? ¿Cuántos tesoros depredaron?

El templo de la Luna, el más majestuoso de todos, fue derribado y las cabezas de vírgenes y sacerdotes fueron destrozadas a pedradas, entre ellas la de Menchan-Pur, el máximo sacerdote.


Chumun-Caur, el hijo de Minchan-Çaman, en actitud servil y execrable para su linaje, condujo a Túpac Yupanqui a gran distancia entre la tierra y el mar, y le mostró dos atalayas que se levantaban, imponentes, entre las aguas, a tan grande altura que parecían encontrarse con el cielo.

Túpac Yupanqui quedó maravillado ante este prodigio. Toda su arquitectura, profusamente ornamentada con frisos y animales marinos, era de adobe, cubierta por una amalgama indisoluble al agua y a los embates de las olas.

Y él, Túpac Yupanqui, a quien le fue revelado su poder para conquistar el mundo, le exigió a Chumun-Caur que le revelase la ciencia de la que se valieron para crear una sustancia que hace a la tierra resistente al agua. Chumun-Caur le dijo que tal conocimiento solamente pertenecía a un hombre que vivía en un asentamiento de pescadores, lejos de que alguien pudiera reconocer la grandeza que tuvo alguna vez su linaje:

APAR NII, un hombre maniatado y cuya mirada desbordaba de locura.


Apar-Nii pertenecía a la casta de los Nii, que solo vivía en casas que flotaban en el mar. Al estar frente a Tupac Yupanqui, Apar-Nii se arrastró hasta Chumun-Caur y le aseguró que llegado el momento volverían a verse las caras.

Los Nii eran los señores de la guerra, la navegación, la construcción y la cosecha. La familia de Apar-Nii pertenecía a la rama de los constructores. Namoc, el planificador, fue el primero de ellos. Arribó a estos valles en la misma embarcación que Tacaynamo, su Amo y Señor, cubiertos con polvo dorado que repelía los rayos del Sol.

Fiel a su servicio, estableció las bases para el desarrollo de la gran civilización, que en poco tiempo se extendería desde el mar hasta la falda de los cerros y se convertiría en la ciudad más hermosa y esplendorosa de todo el universo.

La mítica:

CHAN CHAN


De retorno a la ciudad de los hijos del Sol, Túpac Yupanqui cargó con el orgulloso Minchan-Çaman y otros miembros de la nobleza, además de los mejores orfebres, las más bellas mujeres y también con Apar-Nii, con la confianza de que los sabios maestros de su corte podrían salvarlo de la locura…
y así arrebatarle el secreto que lo convertiría en el conquistador de los mares.


El inca Pachacútec reprobó el escarnio de Túpac Yupanqui con los vencidos y los resarció recibiéndolos como huéspedes honorables en su feudo. A
Minchan-Çaman le cedió uno de sus mejores palacios y hasta el final de sus días,
el viejo Inca frecuentó la compañía del que fuera cia-quic, el rey de los
chimor, y se deleitaba con su sabiduría.


Sintiendo cercano su fin, Pachacútec eligió a su hijo Amaru Yupanqui como su sucesor, pero a la muerte del inca, Túpac Yupanqui se levantó en armas y usurpó el lugar de su hermano, condenándolo al ostracismo y aniquilando a todo aquel dispuesto a cumplir con la voluntad de su padre.


El orgulloso Minchan-Çaman prefirió cortarse las venas antes que volver a postrarse ante el hombre que destruyó su civilización.

Apar-Nii fue entregado a los hombres de ciencia. En busca de que revelara cómo es que el barro se hace indisoluble al agua y resistente a las olas, fue sometido a los más crueles tratamientos, siempre ante la atenta vigilancia del nuevo inca que paseaba alrededor del cautivo,


Pero de la boca de Apar-Nii sólo salían plegarias que imploraban el perdón de sus
antepasados. Enloquecía a sus torturadores diciéndoles que ningún castigo era
suficiente para aquel que ha deshonrado a su linaje.


Uno de los consejeros del Inca le sugirió libar de los pensamientos de Apar-Nii y
haciéndole caso, ordenó que lo decapitaran y trajeran su cabeza; de ella bebió
chicha mezclada con su sangre que era tan salada como el agua del mar.

Pero esta sabiduría adquirida solo le vaticinó que pronto, muy pronto
llegaría el día en que su imperio, el imperio de los hijos del Sol, sufriría el
mismo final miserable que los hijos de la Luna habían sufrido por su causa.


Los restos de Apar-Nii se disolvieron en manos de sus captores y se
hicieron nubes que surcaron el cielo hasta darle el encuentro a Chumun-Caur. Las
gotas que cayeron sobre él fueron tan corrosivas que lo postraron de dolor y
desgarraron su piel. Nadie pudo aliviar su espantosa agonía. Expiró gritando el
nombre de Apar-Nii y disculpándose por pisotear el orgullo de su civilización.

Las obras monumentales de Apar-Nii se mantuvieron de pie hasta que el inca Huayna Cápac aplastó de manera sangrienta, el movimiento insurgente de
Guaman-Chumo, hijo de Chumun-Caur e incendió la gran ciudad.


Al mismo tiempo que el último rebelde moría ajusticiado, como por designio divino
un fuerte maretazo trajo las atalayas abajo.




Noviembre 2004

martes, 11 de noviembre de 2008

Los amigos que perdí

Por más que querramos, la infancia es un espacio de vida irrecuperable. Quedan, no obstante, los recuerdos y los simulacros de amor a los que recurrimos para que el espejismo de nuestros primeros años no se diluya en el pasado.

Publicado ahora en Díatreinta

Pues, ¿qué te creías? Resulta que sí es cierto eso que dicen de la amistad, la distancia, el tiempo, la casa de la infancia y el olvido. Ahí estábamos los cinco amigos de noche en aquella pequeña casa de Barranco (tan añorado por mí en todo este tiempo), y no podían faltar las ausencias, puesto que también faltaba Andrés y Omar, y así, y si continuo nombrando las ausencias no podré acabar. Así que, bueno, ahí estábamos sentados alrededor (¿cómo no?) de una infaltable botella de ron, pasándonos la jarra, recordándonos y reconociéndonos, prendiendo algún cigarrillo de vez en cuando, descubriendo diferencias y semejanzas a las versiones de nosotros mismos hace, tal vez, seis y hasta doce años atrás en el colegio. No somos viejos, es verdad, pero qué niños solíamos ser cuando pensábamos que no nos faltaba nada más que acabar el cole para ser dueños del mundo, y qué niños seguimos siendo ahora, pensando que ya estamos a punto de encontrar aquella idea extraordinaria que nos volverá millonarios.

Nosotros nos miramos a la cara, sabemos que hemos cambiado pero seguimos igual, ya no somos aquellos que solíamos ser, pero de alguna manera allí estamos, sin dejar de ser lo que una vez fuimos. Puedo decir que éramos amigos y también que no fue así, que lo seguimos siendo sin necesidad de serlo verdaderamente; es decir, fuimos y no fuimos, somos y no somos, pero qué más da, ahí estamos. Siempre habrá un abrazo y una sonrisa para un viejo conocido. Y pasó lo mismo con Barranco. Mi casa de la infancia. Aquel lugar que me solía llegar ya te imaginarás tú muy bien adónde cuando vivía allí, y que no dejé de extrañar un solo día una vez lejos....

(trágate esta crónica completa aquí)
XD

viernes, 22 de febrero de 2008

LOS AMIGOS Y BARRANCO, AMBOS EN EL CORAZÓN

by Aquiles Cabrera
Así que Febrero es el mes del amor y la amistad, pues por esta calle ya se ha hablado mucho sobre lo primero; acá les va esta crónica dedicada puramente a ese segundo sentimiento, quizá más sincero, mutuo, duradero y desinteresado: la amistad.
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En el corazón

Pues, ¿Qué te creías? Resulta que sí es cierto eso que dicen de la amistad, la distancia, el tiempo, la casa de la infancia y el olvido. Ahí estábamos los cinco amigos de noche en aquella pequeña casa de Barranco, (tan añorado por mí en todo este tiempo), y no podían faltar las ausencias, puesto que también faltaba Andrés, y Omar, y así, y si continuo nombrando las ausencias no podré acabar. Así que, bueno, ahí estábamos sentados alrededor (¿cómo no?) de una infaltable botella de ron, pasándonos la jarra, recordándonos y reconociéndonos, prendiendo algún cigarrillo de vez en cuando, encontrándonos diferencias y semejanzas a las versiones de nosotros mismos hace, tal vez, seis y hasta doce años atrás en el colegio. No somos viejos, es verdad, pero qué niños solíamos ser cuando pensábamos que no nos faltaba nada más que acabar el cole para ser dueños del mundo, y qué niños seguimos siendo ahora, pensando que ya estamos a punto de encontrar aquella idea extraordinaria que nos vuelva millonarios.
Nosotros nos miramos a la cara, sabemos que hemos cambiado pero seguimos igual, ya no somos aquellos que solíamos ser, pero de alguna manera, allí estamos, sin dejar de ser lo que una vez fuimos. Puedo decir que éramos amigos y también que no fue así, que lo seguimos siendo sin necesidad de serlo verdaderamente, es decir, fuimos y no fuimos, somos y no somos, pero qué más da, ahí estamos. Siempre habrá un abrazo y una sonrisa para un viejo conocido. Y pasó lo mismo con Barranco, mi casa de la infancia, aquel lugar que me solía llegar ya te imaginarás tú muy bien a dónde cuando vivía allí, y que no dejé de extrañar un solo día una vez lejos.
Una vez lejos
Primero fueron las lágrimas, ese dolor de ya no estar y esa necesidad de volver, luego (con los años) se fueron transformando en sueños, como intrusos en mis noches de insomnio, y poco a poco y así de esta manera, podía ver Barranco en cualquier lugar que mire. Bastaba con prender el televisor, hojear una revista, escuchar la radio o leer los periódicos, y ya sea que esté en la universidad, en mi casa o en el lugar menos pensado; allí también estaba Barranco, e incluso cuando intenté alejarme de la civilización, allí también lo encontré. Ser barranquino y no vivir allí es triste pero más triste es darse cuenta de que uno ya no es barranquino justamente cuando más costó volver. Y no es que uno empiece a buscar a Gardel o a Chabuca Granda ya estando fuera de aquel Barranco que los homenajeó, no es que a uno le entren ganas de leer a Eguren, a Vallejo, Julio Ramón Ribeyro, Martín Adán, atropellarse con las poesías de Blanca Varela, comprar discos de Leusemia y de Rafo Ráez, interesarse de verdad por Vargas Llosa y Constantino Carvallo, querer un poquito más a Bryce o a Sabina al sentir en su alma bohemia el alma de Barranco.
Barranco es probablemente el distrito más pequeño del Perú, pero curiosamente (probablemente también) el más conocido por todos los peruanos, al menos de oídas. Da gusto ver en Páginas web de corte Turístico a Barranco junto con Sacsayhuaman, Tambo Machay, Machu Picchu, Aguas Calientes, Arequipa, El Colca, el Lago Titicaca y otros más. Sin embargo, Barranco sigue llegándome ya te habrás dado cuenta adónde, sigue siendo aquel distrito emblemático y tradicional, bohemio y liberal, religioso y agnóstico, culto e ignorante.
Algo que Chorrillos, con ese hermoso malecón nuevo y ese Regatas Lima y ese súper mercado Plaza Sur, ni siquiera Miraflores con todos esos Sagas, Ripleys, Larcomares y McDonald’s, ni San Isidro con su Country Club y su Swiss Hotel, jamás podrán tener aquello de inmoral y legendario que tiene Barranco, eso de caminar por ahí y escuchar a un tipo tocando “Alfonsina y el mar” en algún piano, eso de pasear por un parque y ver a alguien grabando un documental turístico, eso de ver a un pordiosero borracho durmiendo en medio de la pista, a una pareja de españoles gays en terno pidiéndote que les tomes una foto con el fondo de la Santísima Cruz, eso de algún olor a caca justo a treinta pasos bajando el Puente de los Suspiros, eso de encontrarse de pronto con que en el Boulevard están grabando la última versión de La Gran Sangre, eso de visitar el Mirador, y escuchar a un viejo con su guitarra cantando casi como llorando and i love her… y sentir más que nunca aquel olor a marihuana, a marihuana barranquina, a marihuana de barranquino, que puede estar y no estar en Barranco a todas horas. Creo que no en cualquier lugar puedes encontrar al portero de una discoteca suplicando por una pavita, por solo una jaladita nomás, brother. Todo eso junto y en un mismo día no es común y mucho menos si te digo que aquel día fue lunes.
Fue lunes
Justo un lunes antes empezó todo esto, esa oportunidad que se me daba de viajar a Lima, y así, como quien dice, sin querer queriendo ya estaba yo un sábado en la noche subido en un Bus con dirección a la capital. Llegar domingo y no haber avisado a nadie no es un buen plan de viajero que vuelve al lugar donde creció y se da cuenta de que el único encanto del recuerdo de ese distrito son los amigos que quedaron por ahí (cuánta razón tiene Bryce). Y mucho más cuando uno ya no tiene el teléfono de nadie, ni conoce la dirección de casi nadie.
Había que actuar. Agarré la bicicleta de mi hermano, sin permiso, para visitar a los amigos, no había tiempo, no podría haberlo hecho a pie, la agarré aún sabiendo que se iba a enojar como de costumbre, y justamente por y para esto hermano, porque somos hermanos y para no perder las costumbres.
Y el primer portazo en las narices lo recibí cuando llegué a la casa de Daniel, (el FMR gordito), y su casa ya ni existía, solo una pared blanca cerrando el terreno donde quedaba alguna vez su casa, una casa enorme, colonial, de no sé cuántas piezas, ya inexistentes para siempre, simplemente su casa (la de la infancia) ya no estaba. Seguí pedaleando hasta la casa de Luis (el Riki Portal), y me encontré con un par de candados oxidados cerrando una puerta metálica más solitaria que Papa Noel en fiestas patrias, y ya no ladraban en su casa ni los perros ni se escuchaba la música de Metálica, aquella, la de la infancia. Pero como me aferraba a no creerlo seguí tocando hasta que salió una vecina a decirme que ya en esa casa hace tiempo no vive nadie, señor. (Cuánta razón tienen Sabina, Neruda y tantos otros). Pero no podía ser, aquí no pasaron veinte años como en el tango, ni diez como le pasó a Sabina con Londres, ni mucho menos 50 como a Neruda con la India, no podía ser, y sin embargo, allí estaba la realidad tirándome el segundo portazo en las narices. Pero como no podía ser y siempre hay otra realidad a la que podemos acudir, acudí a ella, a la otra, la virtual, la que no existe pero está, la que no gusta pero muchas veces es la única que tenemos a mano.
Recordé que hace unos meses Ricardo (el Caballo loco) me envió por correo electrónico un mapa que indicaba claramente cómo llegar a su nueva casa, acudí a ella, al mapa primero, clickeando, y pedaleando después a la casa real, y así, cuando la bici se hizo mucho más necesaria que nunca, pedaleando y preguntando, llegué a su casa, y pude recibir al fin el primer reconocimiento y abrazo de amigos de aquel viaje no planeado ni avisado por nadie, y por supuesto, ¿cómo no? pude escuchar el siempre infaltable ¿Qué haces tú aquí, huevón? seguido de la carcajada y el segundo abrazo, como de quien se quiere convencer de que ya no estás durmiendo, de que ya amaneció y son las once de la mañana y es domingo y tienes que trabajar (porque así es Lima) y finalmente para darse cuenta de que es tu amigo del cole, Martín (el Corre Forest), el que no ves hace años, el que se fue sin asistir a la fiesta de promo, él es el que viene a buscarte.
Y fue lunes, el día en que ya cansado me cansé de esperar, ya decidido, decidí avisar. Si no los veía ese día a esos perdidos ya no los vería nunca porque al día siguiente regresaba a Trujillo. Había que pensar, abrí mi correo, no podía avisarles a todos, porque mi casa, como ya te dije, es pequeña. Les escribí a Luis, Daniel, Ricardo, David, Andrés y a Omar Francia. Y fue ese lunes ya bien noche que nos reunimos cinco, porque me faltaron dos de los que llamé, y no hay rencores: a uno tampoco le gusta revisar su correo todos los días. Así que ahí estábamos los cinco.
Los cinco
Que no pudimos ser seis porque mi hermano tenía muchas cosas muy importantes que hacer mañana temprano. (Así es Lima) ¿Qué más se puede hacer? Con él ya nos habíamos abrazado, conversado, jugado, paseado y peleado (para no perder las costumbres). Pero para mis amigos, sin embargo, seguía siendo más importante visitar al amigo que volvía y que inexorablemente debía volver a irse, qué le importaba a Daniel que mañana temprano tenga examen final en la universidad, qué le importaba a Ricardo tener que ir a trabajar mañana también temprano, qué le importaba a David que justo ese lunes había terminado de recibir las once inyecciones diarias que necesitaba para curarse de una caída, (y tener que aguantarse heroicamente toda la noche las ganas de tomar) y por último, qué le importaba a Riki que justo ese lunes era su cumpleaños y que ninguno de nosotros se había acordado de eso. Es necesario en este punto decir que entre ellos tampoco se ven casi nunca. Pero ahí estábamos, los amigos, los cinco, conversando, riendo, y sobre todo, hablando, hablando bajito porque hay que recordar que el dueño de casa tenía muchas cosas muy importantes que hacer mañana temprano. Qué más se puede hacer, muchas veces la casa de la infancia no vuelve a ser nunca más la misma. Ya lo había cantado Fito Páez: 1 hoy la casa de mi infancia ya no existe ni hace falta, yo la llevo bien adentro en mis entrañas…
El primero en llegar aquel lunes por la noche fue Portal, siempre Portal, mi compañero de carpeta, de recreos, de películas porno y de algunas otras cosas más. Felizmente ese día él estaba lo suficientemente borracho ya para decir la verdad, yo nunca había fumado marihuana con él en el colegio, algo que tal vez ninguno de los compañeros de aquella promoción crean, pero ahí estaba él para confirmarlo, yo nunca fumé en el cole, y además, no necesité fumar después, aunque eso es algo que ninguno de los cinco que estaban conmigo aquella noche (contando a mi enamorada) puedan creer. Qué más da, estábamos en Barranco y prácticamente entre barranquinos. Y en aquel distrito que ya te habrás dado cuenta que siempre me llegó al corazón. Nadie me lo hubiera creído. El segundo en llegar fue Ricardo, con su Ron Bacardi Gold en la mochila, me faltó decir que Portal se trajo un vodka medio lleno, o para ser exactos, medio vacío ya. Tuvimos que salir a llamar por teléfono a David para que venga por supuesto, y no podía faltar Daniel, que estaba haciendo uno de aquellos trabajos universitarios interminables, no por difíciles sino porque en grupo, normalmente, la mayoría de gente sólo estorba o se dedica a estorbar. Pero finalmente llegó, y estuvimos completos aquella noche, con ausencias y todo, porque nada más se pudo hacer.
Y así, entre risas y recuerdos y humo se acabó el trago, pero no había problema, siempre nos quedarían las calles barranquinas de madrugada. Y así pude comprobar una vez más que aún siendo lunes y de madrugada ya, en Barranco siempre podrás encontrar una buena hamburguesa y un lugar acogedor para comerla (y a buen precio si eres barranquino y sabes a dónde ir). Y mucho menos podrían dejar de aparecer, allí en Barranco y de madrugada y lunes (¿o martes ya?) unas buenas latas de chela bien heladas para terminar de una vez con el reencuentro, porque todos saben que tienen que hacer algunas cosas muy importantes mañana temprano (así es Lima). Y otra vez los abrazos, pero esta vez para parafrasear al querido Calamaro con ese entrañable, amigable, sincero, alegre y hasta doloroso: 2 Nos volveremos a ver, porque siempre hay un regreso.

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1: Fito Páez, Canción: La Casa Desaparecida, Disco: Abre
2: Andrés Calamaro, Canción: Nos volveremos a ver, Disco: El Salmón

jueves, 24 de enero de 2008

Marinera ®

Escrito por Aquiles Cabrera
Especial para Día Treinta
Cecilia Gurmendi patentó hace poco en Chile la marinera y desencadenó con esto una ola de extrañeza nacional. ¿Verdadero patriotismo o simple astucia de inmigrante? Los nacionalistas más recalcitrantes ven con buenos ojos esta “jugada” legal, mientras que otros consideran el golpe de la patentadora como una forma imaginativa de ganar dinero.





El Perú es un país muy difícil de comprender, una especie de Macondo en extinción. Aunque no lo aceptemos, lo que en realidad queremos es aniquilarnos a nosotros mismos. No nos gusta el Perú, somos unos acomplejados y unos masoquistas. Lo dicen de forma moderada los psicoanalistas y sociólogos.

Si no es una cosa es otra. Nuestra compatriota Cecilia Gurmendi ha patentado la marinera en Chile como suya por diez años y su esposo pretende inscribir al Señor de los Milagros. Aunque el presidente del club libertad, Fernando Burméster, haya dicho que en verdad esa señora nunca campeonó en El Festival de la Marinera de Trujillo, y ella haya venido a participar con 6 parejas desde Chile; esto ha originado más de una controversia y abre -prensa de por medio- heridas que nunca se terminan de cerrar.

El conflicto interno que llevamos todos los peruanos con Chile (y viceversa) es delicado. Seguimos recordando la Guerra del Pacífico que terminó en 1883. Atención, las dos guerras mundiales trajeron muchísima más muerte y pobreza para los países europeos, que se han levantado muy bien en poco más de 60 años. La Comunidad Europea debería de servirnos como ejemplo.



¿Hasta dónde podemos llegar?

De niño no comprendía por qué Oliver Atton y sus amigos “Los súper campeones” insistían en llamarle “chilena” a la “chalaca”, pensaba que era un problema de arbitrariedad lingüística como “palta” y “aguacate”. Pero no. Siempre hay algo por lo qué discutir, un estribillo paranoico con el que reclamar. “El Perú tiene algo, Chile nos lo roba” es la frase más recurrente. ¿Acaso tenemos mentalidad de niño de 5 años?

Hace poco se vendió Wong a inversionistas chilenos. Se armó la grande. Ahora que nuestro país presenta una demanda limítrofe contra Chile ante la Corte de La Haya, el gobierno chileno le ha quitado el carácter de urgente al trámite que el Senado debía iniciar sobre la ampliación del ACE (Acuerdo de Complementación Económica) con Perú. El problema del pisco ya nos lo sabemos todos de memoria: insistimos en que el pisco es nuestro cuando chile lo vende y lo distribuye mejor. Afirmamos tajantemente que no hay otro cebiche como el nuestro, pero ¿no se les haría agua la boca igual con un buen cebiche ecuatoriano?

Otros productos como el suspiro limeño, el limón y la papa a la huancaína ya están en Chile. ¿Debemos estar agradecidos de que allá no exista el maíz morado y así no pueden patentar nuestra chicha y mazamorra moradas? ¿O debemos esperar a que lo hagan para empezar a consumir mazamorra como locos?

Habrá que estar preparados para el momento en que algún peruano que vive en el extranjero se le ocurra demandar a la ONU por haber declarado el 2008 como “Año internacional de la papa”, ya que en la mente de ciertos individuos la papa es solo nuestra y de nadie más, cuando lo cierto es que alimenta a más de la mitad de la población mundial.

No seamos alarmistas. No se puede convivir con gente que piensa que si nosotros copiamos tradiciones de otros países, somos unos alienados; y si otros países copian costumbres nuestras, entonces son unos “rateros”.

¿Debemos entonces dejar de bailar salsa? Los puertorriqueños tendrían todo el derecho de quejarse. Ya no contratemos mariachis a los cumpleaños y aniversarios de nuestros familiares. Colombia podría prohibir el uso de la palabra cumbia en nuestro país ¿Se pueden imaginar un Perú sin cumbia? ¿Y qué decir del reggaeton, el techno, el trans y de la samba brasileña?

Esto también quiere decir que los amantes del tango tendremos que privarnos de versos tan universales como “Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás” y “En tu mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas, yo aprendí filosofía... dados... timba... y la poesía cruel de no pensar más en mí.”

En Argentina, la música es una industria feliz. Pero en 1982, con la Guerra de Malvinas, la música extranjera estuvo prohibida. Esto les sentó muy bien en su momento a Charly García, Luis Alberto Spinetta y León Gieco. Ante todo, la música, como cualquier arte, es un patrimonio de la humanidad.



Las hermanitas del pañuelo

La cueca y la marinera son hermanas muy parecidas. La madre de ambas es la zambacueca, después llamada zamacueca. Argentina y Chile, cuando conocieron estos bailes, dividieron el nombre según sus intereses: y en se le llamó “zamba” en el país de Maradona y “cueca” para la tierra de Iván Zamorano.

“La zamba argentina y la cueca chilena fueron adaptadas del Perú, centro de dispersión de esta clase de bailes. Se bailaba mucho en Arequipa en 1825 y Palma afirma que eran conocidas ya en 1780” .*

La cueca ya se difundía masivamente en Chile en 1824 y nadie duda de su parentesco con la marinera y de sus raíces afro-peruano-españolas, al igual que con nuestra danza de bandera. Ahora bien, resultó que debido al parentesco con la danza del país del sur, la zambacueca se hizo conocida como “chilena” hasta que se inició la Guerra del Pacífico. Fue el escritor huamachuquino Abelardo Gamarra “El Tunante” quien le dio el nombre de “marinera” como homenaje a Miguel Grau. Gamarra cuenta la historia en su "Rasgos de Pluma": "El baile popular de nuestro tiempo se conoce con diferentes nombres: se le llama tondero, mozamala, resbalosa, baile de tierra, zanguaraña y hasta el año 1879 era más generalizado llamarlo chilena. Fuimos nosotros quienes una vez declarada la guerra entre el Perú y Chile creímos impropio mantener en boca del pueblo en sus momentos de expansión semejante título, y resolvimos sustituir el nombre de chilena por el de marinera, tanto porque en aquel entonces la marina peruana llamaba la atención del mundo entero y el pueblo se hallaba sumamente preocupado por las heroicidades del Huáscar, cuanto porque el balance, movimiento de popa, etc., de una nave gallarda, dice mucho del contoneo y lisura de quien sabe bailar, como se debe, el baile nacional".*


Ay, marinera

Marinera, la de los tiempos de mis abuelos,
cuando los hombres sacaban con sus pies chispas del suelo,
y las mujeres usaban el calzón como pañuelo.

Comienza la música y la pareja de bailarines se mira fijamente a los ojos, sin importar la distancia que de momento los separa. Ella, la mujer, la hembra segura de sí misma, siempre sonriente y llena de encanto, le lleva la delantera y levanta su pañuelo, lo ondea con gracia sin par, sonriéndole al amor y a la vida y luciendo, en su paseo breve y pausado, toda la magia que el varón desea conquistar. Desde lejos, sombrero en mano, él la saluda y le anuncia, con su paso decidido y elegante, que no piensa quedarse atrás. Se acercan, se coquetean y nos hacen creer por unos minutos que bailar es soñar con los pies. La marinera es un juego en el que el hombre y la mujer compiten por quien conquista a quien.

La "Marinera", consta de las siguientes partes: Primera de jarana, Segunda de jarana y Tercera de jarana; Resbalosa y Fuga. Esto es lo que se entiende por una "Marinera completa". Se puede ejecutar en tonos mayores o menores, pero nunca se iniciará la primera parte en tono mayor y la Resbalosa o la Fuga en tono menor, ni viceversa. **


El Festival

La última semana de enero de cada año, desde 1960, se celebra el Concurso Nacional de Marinera en la ciudad de Trujillo, organizado por el Club Libertad.

“La cabeza visible, y también la real, de la organización del concurso es el mismo presidente del club, sin embargo se elige una reina para promocionar el evento, para hacer de anfitriona en el desarrollo del mismo y su imagen es un importante catalizador de protestas y encarna, en su vestuario, los símbolos del poder; aunque su función es decorativa su paseo por el centro del escenario y su exhibición de baile es materializado en el momento más expectante del concurso” ***

Más allá de toda discrepancia, El festival de la Marinera es, de lejos, uno de los atractivos turísticos más importantes de la ciudad. La directora regional de Turismo, Elina Barturén De Lucio, afirmó: “Toda esta celebración proyecta movilizar a más de 20 mil turistas y estoy segura que vamos a superar esa cifra porque desde los últimos cinco años se ha dado un incremento de visitantes del ocho por ciento anual”. Eso es algo que todos celebramos.
Coda

Cuidado, señores. Falta nomás que en una ciudad como Tokio, New Yersey, Santiago de Chile, Madrid o cualquier otra donde la presencia de los peruanos es muy grande, aparezca otra Cecilia Gurmendi y compañía que, con el cuento de defender el patrimonio cultural del Perú, intenten patentar el Festival de la Marinera de Trujillo y las cosas se pongan color hormiga. ¿Qué pensarían de todo esto los eternos organizadores del evento? Y, sobre todo, ¿cuál sería la reacción de los trasnochados nacionalistas peruanos?

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* José Gálvez. Apuntes para la historia de la marinera limeña.
** Nicomedes Santa Cruz. La Marinera
*** Daniel Díaz Benavides. Marinera Norteña

sábado, 27 de octubre de 2007

La ortografía para "tí"

Una sociedad sin normas jurídicas o morales estaría condenada a la ley de la selva. Así también, una lengua sin normas gramaticales sería presa fácil de la desintegración y la anarquía. Esto, sin embargo, parece importarle muy poco a los publicistas. Tanto que se engullen –por desidia o ignorancia– tildes, interrogantes y otras perlas del español.
Escrito por Aquiles Cabrera
Especial para Díatreinta

Es lamentable, pero es cierto. Y lo peor: no parece que vaya a preocupar a alguien. Desde hace unos meses han aparecido en Trujillo toda clase de paneles publicitarios con crasos errores de ortografía, por decir lo menos.

El colmo de colmos es que una conocida marca de licor nacional, cuya fábrica de ron es de las más modernas de Sudamérica, no se le ha ocurrido mejor idea para publicitarse que colocar en algunas zonas estratégicas de la ciudad un vistoso panel donde se lee: “¿Un ron, dí?“. Lo correcto es: “Un ron, ¿di?” (con los signos de interrogación bien ubicados y sin tilde en “di”). La empresa anunciadora, Ron Cartavio, tiene 78 años de existencia y una importante participación en el mercado peruano. No se trata pues del novato que apenas conoce la calle.

A los que no saben nada de ortografía les importa un rábano cómo se escribe correctamente la frase. Incluso a muchos trujillanos esnobistas les avergüenza el uso del “¿di?”. Algunos lo corrigen como si fuera una mala expresión cuando, a decir verdades, es totalmente correcta. Es una pena, además, que este “liberteñismo” se haya ido perdiendo por el ridículo temor a que lo tomen a uno por ignorante.

Volvamos al caso de la publicidad. Es frecuente que esta use íconos locales para agradar a los consumidores. Esto se conoce como campaña de identificación regional. El objetivo es calar hondo, aunque sin llegar a la ridiculez. Ese panel de Ron Cartavio, así escrito como está, es muy ridículo, de mal gusto y refleja una gran ignorancia en la corrección idiomática (hago la salvedad que los “errores” intencionales no cuentan para este análisis). Hay que recordar que un publicista es, ante todo, un comunicador, y los comunicadores deben tener un dominio amplio del lenguaje. Una buena publicidad transmite algo bueno al consumidor, no pretende tratarlo como estúpido.

En México, la empresa Zeta Publicidad modificó el nombre del “Banco Internacional”. Según expertos publicistas, un nombre demasiado largo para fines comerciales. El nombre original tuvo que ser comprimido para que fuera recordado por el público. Lo llamaron entonces “Bital”, vocablo poco común para una entidad financiera. Los autores del cambio argumentaron que todo el concepto de venta se podría terminar con la frase “...es Bital”. ¿Creativo? Tal vez. ¿Efectivo? Sí, el Banco Bital duplicó su captación bancaria en el mercado y multiplicó por siete su base de clientes. ¿Y el español? ¿Qué pasó con el español? Ocurre que muchísima gente empezó a escribir vitalidad con “b”.

El caso “Telefónica” causó revuelo en España cuando los diseñadores gráficos suprimieron de su logo la tilde en la “o”. Es verdad que en radio y televisión la palabra seguía siendo esdrújula por su pronunciación, sin embargo visualmente esta había dejado de serlo. ¿Por qué ocurrió esta situación? ¿Fines estéticos? ¿Deseo de ingresar a la bolsa o al mercado de EEUU sin crear complicaciones con la tilde a los angloparlantes? Quién sabe. Algunos prefieren creer que la tilde está pegada a la “f”. Para el resto de la gente el detalle tal vez haya pasado inadvertido.

El caso Telefónica se parece un poco a lo que sucede con la empresa LÍNEA, que debe escribirse con tilde en la “i”, no como su erróneo logo “LINEA” (sin tilde). Pues sí, se trata de una palabra esdrújula y la normativa nos dice que todas las esdrújulas se tildan sin excepción. Hay personas que piensan que cuando las palabras se escriben con mayúsculas ya no se debe usar tilde. Las MAYÚSCULAS TAMBIÉN llevan tilde. ¿Lo ven?

Hubo un tiempo en que todos los documentos formales se escribían en máquinas de escribir “underwood” importadas de un país en cuyo idioma las tildes no existían. Con las imprentas pasaba lo mismo, de ahí que muchos libros de la época no usaran nunca tilde al escribir en mayúsculas. De ahí también que muchos sigan con el mito de que las mayúsculas no llevan tilde.

El problema con las tildes es el más frecuente en los avisos publicitarios. Parece que once años de educación básica y otros cinco años de estudios superiores no son suficientes para aprender una regla tan sencilla (un aviso publicitario no lo hace un niño que no sabe escribir, ¿verdad?).

El camión más grande de la Pilsen anuncia que es la “Cerveza mas cerveza”. Falabella dice que su CMR es unica, (escrito así, suena parecido a canica). Ripley anuncia que “proximamente" (sin tilde en la “o”) estará en Trujillo. Lo insólito: el panel más grande de Ripley ubicado en el cruce de las avenidas América Sur y Costa Rica dice: “pronto te fascinaras” (sin la, muchas veces olvidada, pequeña tilde en la última “a”). En ese mismo cruce (curiosamente el espacio publicitario más caro de la ciudad), en otros dos paneles enormes se puede observar otro clásico descuido linguístico: Plaza Vea anuncia “Ya abrimos!” (sin abrir el signo de admiración). Y enfrente, Casinelli se pregunta a medias y en suspenso: “y tú…ya la probaste?”.

¿Será que las viejas “underwood” tampoco tenían los signos de apertura interrogativos y exclamativos? ¿Tendrán ellas la culpa de estos descuidos? Por supuesto que no. Los publicistas se defienden argumentando que es lícito usar los signos al estilo inglés solo para llamar la atención del público juvenil, pero no creo que un bien escrito “y tú, ¿ya la probaste?” haga que el consumidor no se acerque al producto. Lo más seguro es que esa marca se gane la simpatía de varios maestros de escuela (porque estas cosas, señores, se enseñan en la escuela).

Le peor es que una de las universidades más mediáticas y politizadas de esta ciudad (¿adivinan?) se empeña en mostrarnos en paneles, cuadernos, afiches, volantes y hasta en televisión: “yo también quiero ser (…) y tú?”. He suprimido el adjetivo al que se alude por respeto, sin embargo no quiero dejar pasar el error de cerrar una interrogación y no abrirla.

Hace algunos años una de las cervezas peruanas más representativas a nivel internacional (Cusqueña) lanzaba una campaña con la frase: “Va para tí", error que tuvieron que corregir al quitarle esa desafortunada tilde a la palabra “ti” y, con ello, generaron miles de dólares de pérdidas. No se espanten, estimados lectores, si en poco tiempo los paneles publicitarios empiezan a preguntarnos: “…ya me probastessss?”.

miércoles, 23 de mayo de 2007

NACIMIENTO DEL CINE EN EL PERÚ

Aquiles Martín Cabrera Ludeña


www.fotolog.com/jawo_1


Para saber vivir, hay que experimentar, viajar, leer, alimentar tu alma con miles de cosas intensas todos lo días. Pero como uno es misio, y la plata no alcanza para viajar a todos los lugares que uno quiere, ni mucho menos para comprarte el libro original que tanto anhelas, existe otra forma de conocer culturas diferentes sin moverte de la comodidad de tu ciudad: El cine, el maravilloso cine que tanto nos da y del que tanto recibimos, la ventana por la que tenemos la oportunidad de conocer el mundo, de llenar nuestras mentes de cosas buenas y sobretodo, diferentes. Será por eso que los peruanos somos tan pobres e ignorantes, somos un reflejo de nuestro propio cine. Hay buenas películas, pero son pocas, hay buenos peruanos, pero son como bichos raros.

Sin embargo, pocos saben que el nacimiento del cine en el Perú sucedió solo dos años después de que hicieran su aparición en París los hermanos Lumiere con su mítico Cinematógrafo, ellos ni se imaginaron la revolución cultural e industrial que ocasionaría semejante invento. Fue George Meliés, prestidigitador y visionario, quién en seguida comprendería que una nueva forma de expresión artística había nacido. Intentó comprarla pero el dichoso aparato no estaba en venta.

En el Perú, el artefacto usado para proyectar las primeras imágenes en movimiento en esta parte del planeta sería el Vitascope, invento de Thomas Alva Edison, traído al país por los señores C.J. Vifquain y W.H. Alexander. El 2 de enero de 1897 fue la primera función pública de cine. Al mes siguiente la primera función cinematográfica (usando el cinematógrafo de los hermanos Lumière) se realizó en la Confitería Jardín Estrasburgo (hoy Club de la Unión), en Lima.

En 1908 nacería Hollywood en USA, en el Perú ese mismo año se crearon muchos establecimientos cinematográficos. Además se realizaron las proyecciones con acompañamiento de la música de un fonógrafo. Aparece en escena la Empresa de Teatros y Cinemas S.A., y construyen el Cinema Teatro. La gran cantidad de público que empezó a acudir al Cinema Teatro probó que existía un mercado importante para el cine. En 1911 se formó la Compañía Internacional Cinematográfica, construyeron su sala Excelsior de la, y ambas compañías competían en la proyección de películas extranjeras.

Más o menos hasta 1913, mientras que en Francia, Charles Pathé y León Gaumont se volvían millonarios por la creación de tan magnífica industria, el público peruano de imágenes en movimiento veía, por ejemplo, filmaciones de corridas de toros (de España y después de Perú) o vistas bélicas de la guerra hispanoamericana (EEUU y España en Cuba), como también tomas del nuestro país: paisajes, arquitectura y sociedad.

Los aristocráticos de la época, tan dignos ellos, preferían películas filmadas en paisajes urbanos extranjeros, reproducción de hechos históricos y sucesos diversos de la sociedad alta limeña. Los sectores populares, sin embargo, preferían filmaciones cómicas.

jueves, 14 de diciembre de 2006

SANTA ROSA BAJA


RETRATO DE UN PARAÍSO OLVIDADO


UNA CRÓNICA ESCRITA POR AQUILES MARTÍN CABRERA LUDEÑA


PRIMERA APROXIMACIÓN


la naturaleza en todo su esplendor

PREÁMBULO

Lugar escogido: Sector Santa Rosa Baja, ubicado en el distrito de Laredo, valle Santa Catalina, en el kilómetro 22 ½ de la carretera a Simbal, penetración a la sierra liberteña, aproximadamente a 20 minutos de la ciudad de Trujillo, a dos soles de pasaje en combi, y a pesar de ello, lejos de todo lo que se entienda como luz eléctrica, teléfono o Internet. Este es un pequeño paraíso de unos 200 mil metros cuadrados de superficie a orillas del Río Moche.

Pretexto: Matar dos pájaros de un tiro. Por un lado tengo que preparar un dossier fotográfico para el curso de Foto Avanzada y posteriormente, escribir (dizque) una crónica para el curso de Redacción Periodística.




EL CATA
Llegó temprano por la mañana, Jorge Luis Villacorta Rodríguez, de 24 años, natural de Santa Rosa Baja, amigo mío, con el cual ya habíamos acordado el día y la hora elegidos para el viaje. Viernes 6 de Octubre a las 2 de la tarde. Cata (como le decimos sus amigos) no mide más de un metro 45, sétimo de 10 hermanos, de piernas y brazos flacos, no usa para rasurarse más que una pinza capilar; sin embargo, detrás de esa apariencia pueril se esconde un hombre de músculos rigurosos y con bastante resistencia para el trabajo físico que exige la vida en la chacra. Tiene cabello largo y ondulado artificial (hecho por Lucero, el peluquero homosexual de Bello Horizonte), una gorra perenne, y una memoria prodigiosa para el humor. Sus amigos dicen que cuando está pasado de alcohol puede contarse durante horas y horas chistes memorizados desde aquella época del boom de los Cómicos Ambulantes, e incluso desde mucho antes; chistes que han ido aumentando, cambiando o adaptándose durante los últimos años. Supongo que uno de los más antiguos es este:

“Estaban reunidos todos los gobernantes del mundo cuando en eso se levanta el presidente de China, se desnuda el pecho y dice: Este es mi pecho, y en él está simbolizado la muralla china que representa la fuerza con la que conquistaremos el mundo; luego se levanta Margaret Tatcher muestra sus tetas y dice: Estas son mis tetas y ellas representan la grandeza de mi reino, una es Inglaterra y la otra es Las Malvinas; después pide la palabra el presidente Fernando Belaúnde, se pone en pie, se desabrocha los pantalones, muestra su miembro viril a toda la audiencia y dice: Este es mi Perú y ya nada podrá levantarlo”

Habitualmente Cata es una persona callada, aunque siempre mantiene su buen humor. No es de los que hacen bromas pesadas todo el tiempo, normalmente, según sus propias palabras “le da roche”.

Él ya lo tiene todo listo allá en su chacra, elaboró un colchón hecho a base de caña guinea también conocida como totora, con la cual se hacen los famosos caballitos de Huanchaco; también ha preparado un mosquetero, nombre que él le da a una especie de carpa hecha de una malla muy fina, semejante a un tul, en la que cualquier persona puede meterse a dormir de lo lindo sin preocuparse por las molestias de mosquitos u otros insectos. Solo falta preparar mi equipaje. Una frazada, un sleeping, una escalera triángulo (para las fotos), una soga y mi mochila. En ella llevo mi cámara, la fotocopia del libro “Equipaje de Mano” del chileno Juan Pablo Meneses, un cuaderno de apuntes (para la crónica) un par de polos, una chompa, dos chullos y una gorra para el sol. Mi madre insiste en llevar 3 latas de atún por si acaso no haya qué comer, y comprarme un jabón para ahuyentar a los mosquitos. (Acepto el atún pero no el jabón) Además de eso aumento a la carga el “Canto General” de Neruda y dos rollos de papel higiénico, eso sí, recordando siempre las necesidades básicas de la Pirámide de Maslow.



LA PIEDRA AZUL
Ese es el paradero oficial de Santa Rosa Baja. No es sólo un nombre, en realidad es una piedra pintada de azul ubicada al borde de la carretera (a la mano derecha, mirando hacia Simbal). Nadie me supo dar razón del porqué de ese nombre tan curioso ni desde cuando se hace uso de esa piedra o si anteriormente hubo otra. Lo que sí llegué a enterarme es que algunos kilómetros más allá, a la altura de Menocucho, hay un paradero llamado La Piedra Verde. Esta piedra azul da paso a una entrada para los camiones que transportan los productos cosechados o elaborados en este Sector. Los más importantes son la fresa, la lechuga, la papa, y las esteras.

Los pobladores de Santa Rosa Baja además:

- Cultivan culantro, cebolla china, choclo, repollo, paltas, espinaca, nabos, rabanito, maíz, camotes y yucas.
- Cultivan otras frutas tales como: naranjas, lúcumas, guabas, ciruelas, mameyes, papayas y plátanos (plátanos naranjo, manzano y congo).
- Trabajan el carrizo, la caña guayaquil y la totora haciendo esteras, canastas y canastones.
- Cultivan yerbas medicinales tales como: Cola de Caballo, Hierba Luisa, llantén, matico, eshingo, molle, berros, cadillo, alfalfa, verbena, paico, maichil, hoja de eucalipto, etc.
- Hacen ladrillos de adobe los cuales venden o los usan para construir sus casas que techan con caña guayaquil, estera y barro.
- Crían animales tales como: vacas, chanchos, burros, caballos, ovejas, chivos, cuyes, perros y gatos.
- Crían Aves: La crianza más importante es la de Gallos de Pelea de Pico, asimismo crían gallinas, patos, pavos, tordos, tortolitas, loros, gallinetas, pugos, etc. La crianza de gallos para algunos es una pasión, van a las concentraciones galleras, conciertan peleas, juegan apuestas y participan en diferentes eventos gallísticos en Laredo, Simbal, Bello Horizonte, Trujillo, etc.

El viaje en combi terminó, la piedra azul nos da la bienvenida, bien visto, no es una sino dos piedras. Pensar que aunque sea en camión o de alguna manera debió pasar por acá cerca (a pocos kilómetros) el joven provinciano César Vallejo. Aquí no hubo piedra negra sobre piedra blanca. Nadie pudo decirme a ciencia cierta desde cuando se encuentran como están el día de hoy esta piedra azul sobre la piedra ploma.



EL PACHA
Estaba durmiendo cuando llegamos a interrumpir la paz silvestre de su siesta vespertina. De un solo movimiento se puso en pie, me sorprendió su elevada estatura, creo que ya sabía mi nombre cuando apretándome la mano me preguntó qué proyectos piensas hacer por aquí. Se alegró bastante cuando le dije que pensaba escribir una crónica además del trabajo fotográfico. En ese instante no entendí bien por qué se alegraba. Resulta que a Don Pancho, o simplemente Pacha como le dicen por aquí, le gusta bastante la escritura.

- Yo antes escribía un diario pues, es bonito, escribir todas las cosas que nos pasan, nuestras impresiones diarias. Mis hijos me molestaban, me decían ¿qué? ¿piensas ser escritor o qué? Yo nunca les hacía caso, pero luego se lo llevaron todo.

De más de un metro ochenta de estatura, sorprende verlo caminando lentamente, pareciera que tomara el vaivén de las nubes, el descanso de los cerros, la pausa de los paltos y los eucaliptos. 55 años de edad, buenos modales, una ex mujer y no sé cuantos hijos mayores que yo; al parecer, limeño, chorrillano de muchos años. Hasta donde se puede colegir, uno podría pensar que ha trabajado varios años para el Ministerio del Interior. Orgulloso de ser el dueño del batán más grande de La Libertad, cazador en sus horas de ocio, o cuando ellos, los animales (serpientes, hurones, zorrillos, gatos monteses, etc) decidan cruzarse por su camino. Y, como pude comprobar más adelante, con una sazón envidiable. No le pregunté mucho, casi ni le pregunté su nombre completo, ni por qué se separó de su mujer, ni como fue que llegó a venir aquí, a vivir solo entre sus chacras de camotes y de fresas.

Conversamos algunas cosas sobre Lima, bastante sobre Barranco, conocía bien las calles por sus nombres y todo, pareciera que ayer nomás hubiese tomado la 73 desde Chorrillos a Barranco y se quedó dormido hasta llegar acá. A pesar de todos sus nítidos recuerdos, él prefiere la vida en el campo. – Lima, la horrible, yo prefiero el campo pues; Lima, la ciudad de los Reyes le dicen, la ciudad de la basura será. Se ríe cuando le cuento que hace poco se publicó un libro llamado: Lima, ciudad de los Reyes, los Quispes, los Chávez. – Ja, ja, ja, esa es nueva ah, esa no me la sabía.




SEGUNDA APROXIMACIÓN:

yo, pelé, cata y don pancho.
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LA TIENDA VERDE

Si necesitas un poco de arroz, te hace falta algún condimento, se te acabó el aceite, o se te antojó una gaseosa, un chocolate, un helado, un par de chelas, o te quedaste sin hoja de coca ni cigarrillos ni alcohol, se te ponchó una llanta o simplemente quieres ver tele, tienes que venir a este lugar. (No hay otro). Queda aproximadamente un kilómetro antes de la Piedra Azul, al otro lado de la carretera.

Su ubicación es privilegiada, está prácticamente en el medio de cuatro sectores: al frente de Santa Rosa Baja, a los pies de Bello Horizonte, a un paso nada más de Quirihuac, al costado de la única entrada que lleva a Ciudad de Dios. El nombre legal es “Comercial Koki” El dueño se llama Jorge Gómez Salvador, próspero joven empresario, alrededor de 30 años de edad, natural del caserío Nambuque, perteneciente al distrito La Cuesta que a su vez pertenece a la ciudad de Otuzco. (Nambuque está ubicado de Simbal para arriba una hora más). Jorge vino a estudiar de muy niño a la Escuela Pública de Quirihuac, nunca pensó llegar a convertirse en el propietario de la Tienda mejor abastecida del lugar, en más de 15 kilómetros a la redonda: La Tienda Verde. Aunque con la última remodelación se sumaron a ese color, el blanco y el púrpura, esta es la auténtica, a lo largo de la carretera uno puede encontrar otros establecimientos pintados con ese color, pero – Uff, desde que yo pinté mi tienda de verde, todas se pintaron igual – dice Jorge.

Él conoce casi a todos los pobladores de por acá, a ellos, sus necesidades, sus costumbres y sus vicios. Podríamos hablar por horas de todos y cada uno de ellos. El caso más extraordinario es el de un hombre casado con 4 hermanas. Las embarazó a todas, lo más sorprendente es que los hijos de tres de ellas nacieron uno al día siguiente del otro. Su historia es motivo de orgullo y de envidia para muchos de los varones en este lugar. Jorge dice que: Cada vez que él viene a comprarme alguna cosita yo me saco el sombrero – lo piensa y se corrige – bueno la gorrita que es lo que uso, ja, ja, ja. Lo único que puedo agregar de él es que se llama Joel y para más curiosidad, vive en la casa de sus suegros con todas sus esposas. Cuando alguna vez Jorge le preguntó qué había hecho para tener esa suerte, Joel simplemente se limitó a responder: “Ellas me buscaron”

Todo un personaje que dejaría mal parado a cualquiera de García Márquez.


NOCHES DE LUNA LLENA
El paisaje por aquí es precioso, con Cata lo recorremos casi todo en bicicleta, este es el medio de transporte más común para todos los hombres desde los 7 años. Las primeras fotos fueron tomadas en la chacra de “El Diablo” Don Víctor Uriol, que es el personaje más conocido y carismático de Santa Rosa Baja. También le dicen Don Vico, de cejas pobladas que casi se juntan por encima de la nariz, ojos astutos, cabellos trinchudos y dientes de caballo; no llega ni a los 35 años y tiene una opinión singular para cualquier tema que le propongas. Él es la vedette del lugar. Su singularidad es tanta que alguna vez Cata le preguntó a su hijo el mayor, de 9 años de edad, -¿Por qué eres tan feo ah? Y el pequeño solo atinó a responder: “Mi papá hace huevadas”.

Don Vico está muy ocupado estos días fumigando su chacra, haciendo la cura, como le dicen ellos. – Antes no había contaminación – me cuenta el Pacha – no había necesidad de hacer la cura, ni de comprar urea, ni tantos insecticidas ni herbicidas, ahora no puedes cultivar nada que no se malogre si no lo tratas.

Entre foto y foto se va haciendo de noche, a falta de luz eléctrica la luna llena ilumina con su resplandor plateado todo el panorama. – ¿Para qué queremos luz eléctrica? Si yo ya hablé con Dios para que nos mande la luna que nos alumbre – bromea el Cata. La primera noche armamos nuestra “cama” en la casa del Diablo. Su mujer nos invitó a cenar, el postre fue una especie de delicioso arroz zambito, pero hecho no con arroz sino con trigo. Después Don Vico nos mandó a que compremos coca y cigarros en la tienda verde, pero para cuando estábamos de vuelta él ya estaba durmiendo. Le pasamos la voz y nos pregunta: ¿Cuánto de coca han traído? – Una luquita – responde el Cata. – ¿Ah? Por huevadas no me levanto, socio.

Nos quedamos solos y decidimos dormir, al rato llega Pelé, hermano mayor del Cata, me dijo su nombre completo pero, (por la mother fucker), nunca llegué a darle ningún uso a mi cuaderno de apuntes. Pelé, de 45 años, al parecer soltero y sin hijos, trae una luquita más de coca y una botellita con alcohol. A pesar del apodo, Pelé más parece Maradona, gordo, incluso un poco más bajo que Cata, en su juventud fue el goleador de cuanto torneo futbolístico se organizara por aquí. Llega él y entonces me aventuro en el mítico y milenario trance del hombre andino: coquear, tirar bolo como le dicen. Desde donde estoy puedo ver sus siluetas oscuras, sentados en un pequeño tronco, haciendo toc, toc toc, con el checo (pequeño envase de madera con forma de pera en donde se guarda la cal que sirve para activar las prodigiosas dotes de la hoja de coca), ellos solo hacen toc, toc, toc, y se llevan un poco de cal a la boca, llenan sus cachetes con más hoja, escupen, conversan de cualquier cosa, casi sin ningún pretexto que tirar bolo por pura costumbre, por sentarse a ver cómo pasa la noche, acompañados de su toc, toc, toc, alguno que otro cigarrillo (sin filtro si fuera posible) y de vez en cuando un trago de alcohol para endulzar el paladar.

Intento entonces preguntarles algo acerca de la historia de Santa Rosa Baja, si antes había tenido algún otro nombre o cómo fue que llegaron todos por aquí, pero no tienen ninguna respuesta concreta para darme. – Antes todo esto pertenecía a los gringos – se anima a decirme Pelé – ellos eran los dueños de todos los sectores, hasta que agarró la presidencia Velasco y los botó a todos, ese Velasco sí era un macho, se le paró a todos y los botó de acá, nos dejó la tierra a nosotros, los que la cultivamos de verdad.

Mientras estábamos los tres ahí, sentados a la luz de la luna, conversando sobre nada, Pacha se disponía a hacernos compañía, a eso de la media noche salió de su casa, cuando de pronto se le cruzó por ahí un hurón, (especie de roedor del tamaño de un gato, cola de rata y cara de chancho) este animal al sentir la presencia de nuestro amigo se asusta y se sube a un árbol. Ya se jodió – piensa el Pacha al contemplar la claridad de la luna. – si no fuera por esta luna este “chancho” se salvaba. ¿Dónde estarán los muchachos? ¿Cómo no vienen por aquí? Esta sí es una buena historia para que el Martín escriba en su crónica. Nunca llegamos, puesto que ni bien se terminó todo (coca, cigarros y alcohol), el Pelé se fue y decidimos dormir. A la noche siguiente les tocaba regar, reciben 7 horas de agua 2 veces por semana, una vez de día y otra de noche, los sábados les toca de 1 de la madrugada hasta las 8 de la mañana. Pacha estuvo una hora más jugando al cazador con el hurón hasta que por fin pudo matarlo.

La noche del día siguiente me fui con Cata a Bello Horizonte para buscar algún lugar donde ver el partido de fútbol, juega Perú con Chile en Viña del Mar. En la casa que la familia de Cata tiene en Bello Horizonte, el televisor solo capta un canal, ATV. (En realidad todos los televisores que no tengan cable captan solo ese canal) Como no pasaban el partido, Cata saca su radio, ya casi acostumbrado a enterarse de todo a través de él. Casi todos tienen un radio portátil, se la amarran a la espalda y no necesitan nada más que comprar pilas de vez en cuando. Luego nos enteramos de que Perú iba ganando uno a cero. Como la tienda de Don Jorge ya había cerrado fuimos a una tiendita donde compramos la coca para la noche de hoy y otro paquete de cigarrillos Inca. De camino a Santa Rosa, en medio de la oscuridad y la carretera – Goooooooool de Chile – suena por la radio, para variar.

Esa noche Don Diablo se había ido con su familia a dormir a Laredo. Así que nos fuimos a la casa del Pacha, me arrepentí de no haber ido también la noche anterior. Tenía su radio encendida (sintonizando también el partido) pero parecía que se había quedado dormido, estuvimos llamando varios minutos hasta que se levantó y nos abrió la puerta. Para cuando empezamos a tirar bolo Chile ya iba ganando 2 a 1. – Esos brutos – dice el Pacha – perder nomás saben, no tienen dignidad, ese Pizarro es un maricón. No me acostumbro a eso de coquear, tiro el bolo y me dedico a fumar tranquilamente, viendo la luz de la luna, pensando en mi familia y en mi vida, escuchando el toc, toc, toc de mis amigos. Al rato entra a jugar Pizarro y luego mete un gol. – Metió gol Pizarro – le dice Cata al Pacha. – Ese maricón, tiene uno que requintarlo para que haga algo – le contesta.

El partido había terminado, los comentaristas ya estaban hablando de la revancha en Tacna el día miércoles, entre nosotros ya nos imaginábamos lo que va a pasar, Perú perdió nuevamente en Tacna. – A esos malos tenemos que traerlos acá y hacerlos que suban y bajen el cerro corriendo para que se hagan hombres – dice el Pacha. Sin embargo, teníamos la noticia de que en Voley nuestras chicas han llegado a la final y mañana juegan contra Brasil.

Ellos siguen en lo suyo, toc, toc, toc, un poco de cal, escupir y más hoja. Al rato llega también Pelé a sumarse al toc, toc. – Nuestros ancestros llegaron a la sabia conclusión de que la coca, (la hoja, no la otra eh) te ayuda a atenuar el cansancio y te da fuerzas para trabajar durante horas y horas – dice el Pacha, mientras prende su fogón para sancochar la carne del hurón, ya tiene todo planeado para preparar un adobo mañana para el medio día, tiene que sancochar la carne una noche antes para que se suavice, cuando ya está lista prepara los condimentos y la deja que se sazone durante toda la noche. Estuvieron coqueando todavía hasta la 1 30 de la madrugada, ya les tocaba regar. Les ayudo con la linterna hasta las 3, a la mañana ya será mi último día por acá.


SOL CINCUENTA
– ¿Sabes qué Martín, tú piensas que allá en Trujillo hace sol? Pues aquí hace sol cincuenta, ja, ja, ja – bromea el Cata. Las mañanas son bien frescas y todo se ve como renovado, como si el mundo recién se hubiese inventado ayer. Hace un frío moderado y refrescante por las mañanas, aproximadamente a las 8 00 es la hora en que el astro rey se asoma por entre los cerros a calentarlo todo hasta las 5 30 de la tarde más o menos.

El primer día nos levantamos temprano y nos fuimos a ver a Jorge que nos invitó el caldo, desayuno característico de la gente del campo. El domingo sí me quedé dormido, me levanté a las 8, y me fui a la Tienda de Don Jorge, no lo encontré, me fui al grifo a comprar tamales y ahí estaba él que nuevamente me invitó a desayunar, esta vez ya se había terminado el caldo y tampoco había tamales pero igual desayuné bien.

Como a eso de las 9 me voy a la casa del Pacha a tomar algunas fotos, luego nos vamos juntos, con el hurón a la casa de Cata para preparar el adobo. La despedida se acercaba, nos tomamos una foto juntos Pelé, Cata, Pancho y yo, luego vino el adobo, con los camotes más morados que he visto nunca. Todo a pedir de boca. Ni bien acabado el almuerzo Pacha ya se había ido, no esperó ni el gracias ni el ya nos vemos pronto. Ya le tocaba regar a él también. Al rato me fui con Cata a su casa en Bello Horizonte, vimos el partido de Voley con la esperanza de alguna alegría, pero fue en vano. Perú ya había perdido los tres primeros sets para cuando acabamos de comer el ceviche que había preparado su mamá, doña María, una de esas mujeres eternas de cara arrugada y trenzas negras y brillantes, madre de diez hijos, uno de ellos muerto, atropellado por un camión cerca de su casa hace tal vez dos años, guarda el luto por él y por su marido también muerto unos meses después de su hijo, por la edad, la tristeza y una diabetes que lo consumió lentamente. Nunca quiso ir a un hospital. – Esos doctores de la ciudad, lo único que hacen es matarte más rápido – fueron sus palabras.

Así transcurre la vida a escasos 20 minutos de la metrópoli más cercana, Trujillo, (que para ellos solamente es) la ciudad de la eterna indiferencia, donde los jóvenes se pasan el tiempo entre el internet y su celular, el trabajo que no te da tiempo para pensar, y la ociosidad que es la alegría del no pensar, viendo la novela de moda o haciendo cualquiera de las monerías a las que estamos habituados. Mientras esta gente vive su vida a su modo, de espaldas a la civilización (¿o es al revés?) felices con sus tradiciones y sus carencias, acostumbrados a escuchar que Perú (ya sea en política, fútbol o voley) siempre pierde en todo, acostumbrados a vivir entre derrotas, saliendo adelante, ganando su propio partido de fútbol, jugándose la gota gorda todos los días porque, como diría Pacha – Aquí la vida es hermosa, pues.