martes, 14 de mayo de 2013

Vivir con cáncer - Primer Post

Después de algunos días de encerar-pulir este amargo texto, espero que no sufran ni se sientan mal. Débiles de espíritu, abstenerse. Quise plasmar la angustia y confusión de los primeros días. That’s it. Espero que les guste el happy ending estilo cine independiente.

Si ya es feo que te digan que tienes cáncer, es más feo que te digan que tienes un cáncer muy agresivo y solo te quedan siete meses de vida. Este ha sido el golpe más fuerte de mi pequeña existencia, y justo me lo dijeron en semana santa. ¿Como para reflexionar y entregarme en cuerpo y alma al señor? No, felizmente no, todavía. Justo me lo dijeron en semana santa cuando los doctores se toman el jueves y viernes santo libre porque el feriado se respeta, y la fe de los desahuaciados puede esperar un par de días, total, el único que se muere en semana santa es Jesús.

Yo estaba triste, naturalmente triste, siempre he tenido muchas ganas de vivir y de gozar la vida a plenitud. Sobre todo lo segundo. Y las noticias eran cada vez menos alentadoras. El cirujano que me hizo la biopsia recomendaba que ni siquiera intentemos las quimios, que vaya a mi casa y viva lo más feliz y tranquilo que pueda los meses que me queden por delante. Mi hermano mayor que vino de Lima con su esposa y dos hijas de uno y cuatro años para enterarse de esta horrible noticia buscaba en internet con los resultados de mi biopsia en la mano y todo lo que encontraba era más desalentador. Es un tipo muy raro de cáncer y está muy avanzado, por lo menos ha estado tres años alojado en tu cuerpo. Está en tercera fase. (Para esto no tenía ni idea de cuántas fases tiene el cáncer). Son muchos tumorcitos del tamaño de canicas el más grande de 10 cm y están esparcidos de manera libre por toda la cavidad abdominal. Solo ha habido doscientos casos de ese tipo de cáncer en el mundo y cinco en el Perú. El máximo de tiempo que ha vivido una persona con este cáncer fue de cinco años...

Lo único que me tranquilizaba es que yo recibía todos estos "datos" de mi enamorada que era la única persona que tuvo el valor suficiente de decirme la verdad. La adoro. Ni mis padres ni mis hermanos ni el cirujano que me operó. Pienso que es injusto que nadie hable con los pacientes, que los doctores no sean claros, que la familia se lo trague todo. Prefiero vivir con la certeza de saber todo sobre mi enfermedad que en la angustia de no saber nada. Ese debería ser un derecho universal. Sobre todo cuando uno es adulto. ¿De qué sirve la mentira más que para entorpecerlo todo? Nunca me sentí más orgulloso de mi enamorada que ese día.

De momento nadie se atrevía a decirme, sabes qué, tienes siete meses de vida. Bueno, el cirujano ni siquiera pudo decírselo directamente a mis padres. "Prepárense para lo peor, siempre los mejores se van primero", fueron algunas de sus frases de consuelo. Todo esto lo sé gracias a mi enamorada, y gracias a que el cirujano sí habló con ella con toda claridad. "Tú debes ser la que prepare a la familia para esta noticia". No imagino qué pudo sentir, hasta ahora lo peor que le ha pasado fue la muerte de su perrito, del que todavía no puede hablar sin derramar una lágrima. Y esto no es broma. Cuando ella se reunió con mi familia, con todo el valor del mundo expresó las palabras que el doctor le había transmitido, mi hermano mayor ya lo sabía todo buscando en internet con amigos, doctores y conocidos que sabían del tema.


Jueves Santo
Toda mi familia ya sabía, y todos sabían que yo sabía, pero nadie me decía nada. Llegó la tarde del jueves santo, la hora de visita en el hospital Lazarte de Trujillo. Llegó mi hermano mayor a verme, yo estaba sentado en mi cama frente a la puerta, lo vi, él me vio, no pude evitar que los ojos se humedezcan. Nos miramos, él sentía lo mismo, nos abrazamos. Yo sabía que él sabía que yo sabía, él sabía que yo sabía que todos sabían, y no nos dijimos nada. Cualquier palabra hubiera significado una explosión de lágrimas innecesarias. Entró su esposa, mi cuñada, mi hermana, nunca la había sentido tanto mi hermana pero ese día la tomé de la mano y lo supe.

Fueron llegando más visitas, alguna señora vecina del barrio donde vivimos, alguna madre de familia del colegio donde trabajo. Estaba destrozado de ver a mi hermano tan triste pero no me podía tirar a llorar, felizmente él hizo lo mismo y soportamos juntos tan feo momento.

Al día anterior, miércoles en la tarde, me dieron una bonita sorpresa. Todavía no teníamos los resultados de la biopsia, eso llegó por la noche. Mi enamorada me avisó que mis padres iban a traer a mi hijo al hospital. Hacerlo pasar fue complicado. Peleando con vigilantes, intentando por emergencias, por consultorio externo, por maternidad. Y al final entró por la puerta de visita escondido entre varias personas, felizmente es flaquito.

Yo estaba en un hospital público y sabía que él no podía entrar a mi cama, pero salí al pasadizo para hablar con el guardia que vigila la sala de espera. Le dije hola amigo, tengo un hijo de cinco años y hoy va a venir a visitarme. Me miró midiendo cada palabra, cerrando los ojitos y mostrando los dientes con gesto de pena e impotencia: hijo, cinco años, venir a visitarme. Sabes que no puedo dejar que entre. Sí, lo sé. El guardia respiró con alivio. Lo sé, pero tal vez yo podría salir a la sala de espera y verlo unos minutos. Ah eso sí, respondió incluso hasta contento, eso sí. Yo era un esqueleto vivo, un animado muerto como dice Calderón de la Barca, había bajado 20 kilos en un mes y me habían operado el sábado y era miércoles y aún me encontraba muy débil. El solo hecho de mantenerme de pie era como un milagro y pude comprender la incomodidad del guardia.

Así fue que salí un ratito, llegó mi hermano mayor con su esposa y con mi Salvador, así se llama mi hijo. Cuando nos abrazamos, mi hermano se abandonó a llorar. Yo no quise hacerle sentir mal, me sentía tan feliz de ver a mi hijo después de tanto tiempo. No quería asustarlo y no estaba asustado. Le mostré mi cicatriz, una pequeña línea de seis centímetros. (Tengo una cicatriz mucho más grande y fea en la barriga de una peritonitis de hace veinte años que no le asusta.) La pequeña línea de la biopsia no le asustó. Le dije me han operado del estómago por comer muchas golosinas, no debes comer muchos dulces, ¿ya?. Le interesó mucho la vía de mi brazo izquierdo por donde ponen el suero a la vena. Esta es una vía por donde los doctores me ponen todas las medicinas directo a mis venas para sanarme lo más rápido posible y salir de este hospital. Felizmente el primero que se aburrió fue él, estaba un poco apurado porque sus primitas, las hijas de mi hermano mayor estaban esperando afuera y Salvador adora a sus primitas y las pocas veces que se reúnen es muy difícil separarlos. Discúlpame, se levantó como todo un caballero, tengo que ir a ver a mis primitas. Yo me moría por correr a echarme otra vez en mi cama, me dolía todo. Nos dimos otro abrazo y fue muy lindo.


Viernes Santo
Por la mañana estaba triste, no podía evitar estar triste echado en la incómoda cama con la mirada perdida. De siete a once de la mañana los pacientes estamos solos. No se permite que nadie entre. La enfermera de turno, una señora alta de cabello corto y ondulado me dio unas palabras de aliento. Luego hizo más que eso. Se acercó a la salita de espera donde estaba mi enamorada esperando que sean las once para poder entrar, o que el guardia se apiade de ella y que, aceptémoslo, era feriado, supuestamente los pacientes están solos de siete a once porque es lo que dura en teoría la visita médica, pero era feriado y ni siquiera había visita médica. La enfermera se acercó a mi enamorada y le preguntó: ¿Qué es lo que tiene su paciente? Se le ve deprimido, a nosotras no nos dejan ver las historias médicas. Ella le contó que el resultado de la biopsia solo me daba siete meses de vida.

La enfermera tuvo una idea, ¿por qué no salen un rato a caminar por el hospital? Hay una capilla, pueden rezar. La idea fue muy buena, salí un rato, di unas vueltas, estaba súper flaco y súper pálido pero hacía solcito y me gustaba. La capilla era bonita y el hospital tenía algunos jardines simpáticos, sin embargo yo me sentía débil, solo fue un ratito luego regresamos adentro.

Por la tarde, hora de visita, llegaron bastantes personas a visitarme y el guardia mismo me pidió que mejor salga yo otra vez a la salita de espera. Fue la mejor idea del mundo. Mi hermano mayor llegó a contar hasta 33 personas, éramos el 80% de todas las personas que estaban en la salita de espera. Amigos, familia, tíos, tías, vecinos, familia de mi enamorada, primos, felizmente había primos, estaban todos ahí y yo estaba afuera. Qué rápido corren las malas noticias. Sin embargo, me sentí querido y estaba contento y mis hermanos me hacían reír y yo estaba riendo bastante, riendo de verdad, y nadie entendía nada pero también estaban felices, tal vez pensaban encontrar un funeral y se chocaron con mi obstinada felicidad.


Sábado de Gloria
Había una esperanza, siempre la hay. El cirujano que me operó lo había dicho bien claro: Yo recomiendo que vaya a su casa y viva tranquilo lo que le quede de vida, sin embargo, esta es solo mi humilde opinión. (Justo el año pasado le detectaron cáncer de páncreas a su cuñado que también es cirujano, y con todos los cuidados y consejos de doctores de todo el mundo, solo pudo soportar siete meses. Justo el mismo tiempo que me quedaba a mí. Y la quimio te ayuda pero también te destruye, pues). Sin embargo esta es mi humilde opinión, tenemos que esperar que el oncólogo estudie bien su caso y él tendrá la última palabra. Él es el especialista.

Esa era nuestra esperanza, y esa esperanza tendría que despejarse hoy sábado que ya no es feriado y el oncólogo tiene la obligación de venir a verme y estudiar mi caso porque, que se sepa, Cristo no hizo nada importante el sábado para declararlo feriado y sin embargo tiene el nombre más bonito de todos los días de la semana santa: Sábado de Gloria.

El médico interno que estaba siguiendo mi caso en el día a día, incluso feriados, pasó temprano por mi cama y me prometió que iba a hacer todo lo posible por que el oncólogo venga a ver mi historia médica para plantear un tratamiento. Le agradecí. Pero a las diez y tanto de la mañana volvió a venir y me dijo que no va a ser posible, que el oncólogo recién podrá venir el lunes. Le volví a agradecer, sobre todo por la consideración de avisar. Estaba con mi enamorada y el solcito brillaba sobre los árboles que veía a través de mi ventana, así que decidimos dar otro paseíto. Esta vez no avisamos a ninguna enfermera, solo al vigilante que también ya sabía todo. Mi mamá estaba sentada en la salita de espera echando una siesta. Las dos no podían entrar a la vez porque solo se permitía un familiar por paciente. Estuvimos un rato sentados junto a ella pero la banquita de la sala de espera era tan incómoda que mi adolorida espalda no podía soportar. Fui dar una vuelta con mi enamorada, la conversación transcurrió sobre la ironía de la vida. Yo entré al hospital pensando que lo que tenía era un cuadro de obstrucción intestinal y que en el peor de los casos tendrían que extraerme parte de mis intestinos con una cirugía a estómago abierto. Me sentía tan mal de pasar otro año más recuperándome de otra operación. Todo el año anterior me la había pasado recuperándome de una operación al testículo derecho, un año y medio para ser exactos. Y luego esto, justo cuando ya me había recuperado del todo y podía seguir mi vida con normalidad, trabajar,  nadar, salir a correr con mi hijo. Me puse bastante triste, tenía que posponer todo otra vez un año más, sin embargo, oh ironía, ahora todo lo que me quedaba era precisamente ese año.

Quiero vivir a plenitud, quiero conocer todos los hermosos lugares del Perú que nunca visité de puro haragán y tacaño, quiero conocer mi país y La Libertad. Quiero visitar Otuzco y decirle a la virgen de la Puerta que es una cabrona porque mi hermano Sergio caminó el año pasado por mi salud, y lo hizo con fe y ahora esto, pero no hay roches porque no soy rencoroso e igual prometí este año ir caminando y si mi cuerpo puede lo haré. Quiero ir a Huamachuco y conocer al Cristo de Marcabalito. Quiero también llegar hasta Piura y visitar al Señor Cautivo de Ayabaca que vino a visitarme y puso de muy buen humor a mi madre. Me cae bien el Señor de Ayabaca, habían muchas imágenes de él en el Hospital y de lejos parece Darth Vader. Mi madre ofreció otro viaje a Buenos Aires, no se me había ocurrido, pero con ese presupuesto podía viajar a Piura, Tumbes, Cajamarca. Quiero conocer la selva, el amazonas. Y por el sur llegar a Machu Picchu, conocer el Lago Titicaca, tal vez hasta Bolivia. Siete meses, tal vez más, quería vivir, desechar todo lo que no tiene sentido, pero tengo dos proyectos que debo acabar antes del fin.

PRIMERO
Tengo que terminar los libros Happy Children, proyecto para enseñar inglés a niños de 3, 4 y 5 años con productos reciclados y basándose en la realidad peruana y en el Diseño Curricular Nacional. Son seis libros de los cuales tenía listo los tres primeros y los otros tres por corregir. Y luego llevarlo a la imprenta donde soy consultor en la cual ya aprobaron producirlo e imprimirlo. También ya tengo un distribuidor de libros de inglés que es mi amigo y se entusiasmó con la idea y me dijo que podía distribuirlo en todo el Perú. Este es mi legado más importante para la educación de mi país. Llevo varios años trabajando en educación y trabajando como profesor de inglés, me especialicé en inicial porque disfruto más de la auténtica compañía de los niños que del aburrido letargo de los adolescentes. Este proyecto me ha llevado a Argentina, Brasil y tiene invitaciones para España, México, Colombia y Uruguay. ¿Apoyo de alguna empresa privada o del estado? Ja, buen chiste. 

SEGUNDO

También tengo que terminar de escribir mi libro de ciencia ficción. Son 23 cuentos de los cuales solo tengo escritos ocho. ¿Podía escribir todos los demás? Cada cuento si en verdad era sencillo, significa bastante investigación porque la mayoría de temas y personajes históricos son totalmente desconocidos para mí. Yo tengo escrito el esquema completo del libro con el argumento de todos los cuentos que me faltan por escribir. Tal vez podía escribir lo que pueda hasta morir, dejar algunos cuentos incompletos. Soñaba con ser Novalis y este libro sería mi Enrique de Ofterdingen de la ciencia ficción. Por las noches en lo único que pensaba era en mi libro, escribí a mano el inicio de un cuento. Escribí en mi mente el final del libro, el último párrafo del último cuento. Qué maravilla cuando encuentras las palabras exactas para tu gran finale y no se te olvidan. Esos pequeños detalles me llenaban de optimismo.


**
De pronto algo extraordinario pasó. El paseíto pudo durar más que el del día anterior, pero decidí que lo mejor era regresar un rato a sentarme junto a mi madre, ella es la persona que más tranquilidad me daba, siempre alegre, como si no estuviera pasando nada. Cuando llegamos la encontramos también así, roncando a sus anchas, durmiendo sentada allí en la banquita. Nos sentamos a su lado. Ella se despertó contenta. A los pocos minutos escuché unos gritos que venían de adentro. ¿Qué estará pasando? Luego las voces se hicieron más nítidas, eran las enfermeras y estaban gritando mi apellido: ¿Señor Cabrera?, ¿Señor Cabreraaaa?

Ups, no avisamos a ninguna enfermera. Entramos rápido y luego me vieron y se sonrieron. Pensamos que se había escapado. Acá está el oncólogo, ha venido a ver su caso.

Pasó lo que nunca sucede en un hospital público y a mí me parecía extraordinario: que las cosas sucedan a tiempo. Llegué a mi cama, esperé varios minutos, el especialista estaba en enfermería leyendo detalladamente todo mi historial.

Cuando por fin se me acercó, al comienzo parecía que no quería decirme mucho. Era un tipo frío con lentes y ojitos chinitos pero fríos. Cara de estoy aburrido y tengo prisa. Quisiera saber si sabes más o menos, ejem... Sí, lo sé todo, dígame lo que tenga que decir. Bueno, dijo con bastante rapidez, en este caso tu cáncer está bastante avanzadito así que tenemos que empezar con las sesiones de quimioterapias lo antes posible... (dijo muchas cosas que ya no recuerdo, seis sesiones cada tres semanas, trasladar a oncología el lunes, agresivo, atacar con todo, evaluaciones, etc.). Pero, espere... le espeté cuando ya estaba girando los talones para irse, creo que mi familia ha decidido que no vamos a tomar las quimios. Bueno, tienen que comunicarlo de una vez porque las camas en oncología son bien peleadas. Pero usted me dice que las quimios sí van a ser efectivas. Claro que sí, eres joven y tenemos que intentarlo. Ya se estaba yendo otra vez cuando entró mi padre, imaginé que lo llamé con la mente y él vino corriendo desde mi casa tipo Flash. Empezaron a hablar sobre las quimios, mi enamorada salió con ellos, me quedé solo un rato. Mi papá regresó con una sonrisa. Mi enamorada fue otra vez la más honesta. Los doctores dicen que la quimioterapia va a prolongar tu tiempo de vida de siete meses a dos años. Todos estábamos llenos de felicidad.

Dos años podían convertirse en cinco, en diez, ¿por qué no en veinte? ¿Para qué quiero vivir más? Nunca me ha gustado la idea de ser un anciano. Además mi madre también tuvo cáncer a los 41 años y estuvo seis meses en el hospital Rebagliati cuando vivíamos en Barranco en la capital, y yo aquí unas semanas con la espalda destrozada, y a ella le dieron seis meses de vida y tenía cuatro hijos el menor de menos de un año y yo tenía siete y no recuerdo mucho, pero siempre lo cuentan. Eso sucedió hace 21 años. Y yo tengo 28 y un hijo de cinco y quiero vivir y puedo ser tan fuerte como mi madre y el destino es una ruleta rusa y nadie tiene la vida comprada es verdad, pero prefiero morir sin enterarme, pero de alguna manera, siempre quise saber cuándo moriría y ahora lo sabía y no era bonito y todo daba vueltas y era confuso pero estábamos felices porque dos años podían significar muchos más.

Felizmente llegó mi prima que es enfermera y trabaja en Lazarte para despejar como siempre todo el caos. Deben confiar en ese oncólogo, no lo conozco, no es mi amigo, pero sé que es el mejor que tenemos aquí, es muy respetado. Pensé que tú habías ido a buscarlo para que venga porque nos dijeron que iba a venir el lunes. ¿Estás loco? yo no tengo confianza con él, dijo sonriendo, es un doctor muy serio,muy parco, pero es el mejor, deben confiar en él.

Punto. Se acabó. Voy a aguantar todo lo que venga con tal de prolongar mi sonrisa.

Ese día más tarde, me encontraba de nuevo en la sala de espera con los amigos y familiares, esta vez habrá habido unos veinte. Estábamos muchísimo más felices que el día anterior. Hay un montón de gente que les dan menos de un año y viven cinco, diez. Con dos años tengo para rato. Para mí el alivio principal es que en dos años sí iba a tener tiempo de terminar de escribir mi pequeño y complicado libro de ciencia ficción. Mi hermano mayor me dio su smartphone, insistía en que escriba algo en mi muro de Facebook.

Vamos a enfrentar el cáncer...

¿Vamos? debí escribir voy... quería pensar esto pero no lo llegué ni a pensar porque junto a mí estaba mi enamorada, la mujer que amo y me ama y estuvo conmigo todos los días, también estaban mis padres, los eternos luchadores, y toda mi familia, y mis amigos, mis hermanos que se quedaron haciéndome guardia todas las noches: Paco, Sergio, y también Julio, Lita y Nancy que también son mis hermanos. Vamos está bien.

Vamos a enfrentar el cáncer con lo que más le duele...

Escribía torpemente y no sabía qué quería decir hasta que lo escribí.

Vamos a enfrentar el cáncer con lo que más le duele: UNA SONRISA

De pronto una lágrima se escapó de mí casi imperceptible pero pude desaparecerla con un pequeño movimiento de mano por mi mejilla antes que nadie se diera cuenta. La frase les gustó a todos. En menos de un minuto ya tenía treinta likes y comentarios que leería otro día. No esperaba menos de ti. Dijo mi hermano mayor y me abrazó. Ese mismo día me trasladaron a oncología.

Vamos a enfrentar el cáncer con lo que más le duele: UNA SONRISA

Felizmente nadie sabrá con cuántas lágrimas.

**
**






EL HÍGADO DE AQUILES, BYE YE

Hasta el día de hoy este blog se llamó El Hígado de Aquiles, a partir de ahora se llamará Vivir con cáncer.

lunes, 2 de julio de 2012

Quinta Carta a mi hijo Salvador Armando


Es la madrugada del lunes 2 de julio del 2012, hace más de tres semanas que ya pasó la celebración del día del padre en esta parte del planeta. Esta vez no pude sentarme a escribirte la quinta carta por el día del padre que pensaba escribirte. El año pasado me quedé en un hostal de Chiclayo todo el día escribiéndote en una laptop HP que ya no tengo, algún día volveré para conocer la ciudad. 

Un año antes, el 2010, estaba en Buenos Aires, y ni siquiera tenía computadora propia donde sentarme libremente a escribirte. Estaba tan lejos de ti y con tantos meses sin verte, te extrañaba tanto, y me senté en una cabina de internet durante cuatro horas hasta las dos y media de la mañana solo para escribirte. Nunca había estado tan triste de verdad, y sin embargo no pensé que las cosas podían ponerse peor. Nunca creas eso, es un error, las cosas siempre pueden ponerse peor.

La primera carta que te escribí fue en la noche previa al día del padre en el año 2008, me encerré en un cuartito de madera en el cuarto piso del colegio de tu abuelo. Sin nadie a mi lado, solo, rodeado de papeles viejos, polvo e insectos, te escribí la primera carta. Tú no habías cumplido ni tu primer añito. Y sin embargo el tiempo pasa rápido, un año después, creo que frente a la misma computadora pero ahora en una oficina del primer piso, me quedé varias horas escribiéndote. No fue algo que hubiera planeado, simplemente las cosas se dieron de esa manera. Y me pareció que estaba bien que así sea.

Este día del padre vino tu tío Manuel con su esposa y tus dos primas a pasarla con nosotros, celebramos juntos y durante varios días el primer año de tu prima Azucenita, estabas muy contento y te pusiste muy triste cuando se fueron. Te observo jugando con tus primitas, corres y sonríes, tomas a Isazu de la mano, caminan juntos, pero no les dices primas, les dices “hermanitas”. 

¿Ya quieres tener hermanos Salvador Armando? Sí, me respondes. ¿Y quieres un hermanito o una hermanita? Mmm, piensas por unos segundos y luego me dices muy contento: ¡Una hermanita! Me río de tu ocurrencia mientras nos abrazamos, chocamos las palmas, juntamos puñito, luego dedo índice y pulgar arriba. 


**
Ya eres un niño con el que se puede conversar, que me llamas por teléfono para decir que quieres venir a visitarme, jugar en la computadora o que te compre en Ripley el nuevo juguete de Spiderman. Supongo que solo repites lo que has visto en algún anuncio de televisión, me quedo pensando que los publicistas están haciendo bien su trabajo, aunque todavía me resisto a meterte en el asqueroso mundo del consumismo.

Un día en tu casa, tu madre me dijo ¿por qué no le compras esos juguetes de Avengers que salen en la tele? Tú estás sentadito junto a mí, observo todos los juguetes que te han regalado mis amigos (o te he comprado yo o tus abuelos o tu madre) desparramados y semidestruidos en una caja y respondo que tienes suficientes juguetes, que lo demás es consumismo basura.

Y tú me respondes tiernamente: “Pero a mí me gusta esa basura, por favor, cómprame”. Y me das risa y nos reímos juntos y tu madre se aleja sabiendo que ni siquiera tengo para comprarte medicinas.

Ya tienes cuatro años y eres un perfecto niño travieso que solo quiere jugar y comer golosinas, y mientras tú corres, yo camino despacito, mientras sonríes y juegas en el patio del cole, me quedo pensativo y tomo asiento y te observo desde lejos. De vez en cuando volteas a mirarme, me regalas una sonrisa, o regresas a abrazarme y darme un beso, luego sigues con tus juegos. 

Cada vez que nos vemos nos saludamos con un abrazo y mientras me agacho y siento tu cuerpecito de ranita René aferrándose a mi cuerpo decadente de hipopótamo, levantas los piececitos pidiendo que te levante como si fueras mi Rey León, como siempre lo hacía cuando estaba sano, ponerte sobre mi cabeza y jugar a que eres Superman y vuelas por los aires.

Yo que siempre he sido el más fuerte de todos mis hermanos, el que hacía las cosas que los demás no podían hacer, el que se subía sin miedo hasta los techos del cuarto piso o trabajaba en la construcción todo el día sin descanso, el que destruía mesas y puertas cuando explotaba de cólera y golpeaba con furia la pared que soportaba la fuerza de mi puño, quedé reducido de un momento a otro a ser un pobre inmóvil tan débil que no podía ni destapar una botella plástica con tapa rosca. 

Caminar despacito te deja pensando. Y pienso en la suma de todos los errores que he cometido, todas las cosas que dejé de hacer, todas las mujeres a las que perdí, todo lo que me ha pasado hasta llegar a este sillón a los 27 años totalmente dependiente de los demás. Con un humor insoportable que recae de vez en cuando sobre mis hermanos por los dolores que todavía me aquejan. Toda mi familia ya está aburrida de mí, soy una promesa que nunca se cumplió, mis amigos ya no vienen a visitar, la mayoría nunca vino, y sin embargo algunos vinieron desde otras ciudades, solo para sentarse y conversar conmigo, nada más puedo hacer, apreciaré eso toda mi vida. 

De ser uno de los alumnos más destacados de mi facultad pasé a ser la burla de muchos conocidos a los que sé que les caigo mal, no me importa, la vida tiene sus compensaciones, también tengo nuevos amigos que no pensé tener, José Carlos y Juan Pablo, por ejemplo, que siguen esperando pacientemente a que me sane para poder hacer una fiesta con parrilla y mucha cerveza en Quirihuac. Son buenos amigos, y sin embargo a veces me duele que personas que han sido tan importantes en mi vida antes, ahora incluso estén felices de que me vaya mal. Nunca le he deseado mal a nadie, sin embargo sé que he hecho daño a personas que me quisieron mucho. 

La vida da vueltas y sé que merezco peores cosas de las que me suceden, pero tal vez desde el egoísmo de algunas personas que me querían ver así, destruido, les incomode que todavía me sonría y siga con mi vida como si no pasara nada. Aunque por dentro sé perfectamente que el verdadero perjudicado con todo lo que me sucede eres tú. Y eso sí me duele.

Ya van muchos meses que tienes un padre débil cuando lo que necesitas es un padre que se tire al piso contigo, te lleve a la piscina y maneje bicicleta delante de ti para que aumentes la velocidad y le pierdas el miedo a caer al suelo, un padre sano que te lleve al colegio temprano por la mañana y te acompañe cuando te enfermas y no al revés.


**
La primera vez que me operaron fue el lunes 22 de agosto del año pasado. Un día antes de que me internen fuimos a visitar a mi amigo José Carlos y te prestó un juguete de Sid, el oso perezoso de la Era de Hielo. 

Luego fuimos al Mall Aventura, comimos pie de fresa y tomamos chocolate caliente. En el micro de regreso a tu casa te quedaste profundamente dormido, te llevé alzado en mis brazos las 5 cuadras que separan al paradero de tu casa, me pesabas un montón por más que eres flaquito, llegué a tu casa y tu madre no estaba, te subí hasta tu cuarto y te dejé en tu cama, cuando tu mamá llegó seguías durmiendo, fue la última vez que te alcé. 

Al día siguiente me interné en el hospital Lazarte y luego me operaron. "En dos semanas estarás bien", me dijo el doctor en el que yo confiaba. "En un mes ya podrás seguir con tu vida con normalidad", continuó. Ya pasaron más de nueve meses desde aquella vez.

 La segunda y tercera operación fueron en febrero de este año, ahora en una clínica y de urgencia porque el médico del seguro me “aseguró” todas las veces que fui a chequeo post operatorio que yo estaba bien y no había problema. Esta segunda operación fue más complicada, porque aparte de la infección crónica que iba creciendo dentro de mí, el nuevo doctor confiable detectó unas várices que crecían en mis venas justo a la altura de mi pelvis. 

Me operaron el 14 de febrero, al día siguiente pasé mi cumpleaños en la cama de una clínica a la que nunca te llevaron para que no me veas así. El día anterior, 13 de febrero, cumpleaños de tu abuelo, te llevamos a Otuzco, estabas contento y no te afectó la altura, tu tío Sergio te llevaba en sus hombros cuando cruzábamos el río. Te llevamos a conocer la Virgen de la Puerta y hasta ahora recuerdo que levantaste el puño y la miraste desafiante, fue solo un momento y me dio mucha risa, después seguiste jugando mientras tus abuelitos rezaban, pidiendo tal vez por mi salud.

Tres operaciones en menos de un año, y esta vez medio año de reposo obligatorio. Al menos este doctor parece sincero. Para cuando pueda volver a alzarte en hombros otra vez ya habrá pasado más de un año desde la última vez. 

 Y sin embargo tú eres un hijo comprensivo, desde tu pequeño mundo sabes que de alguna manera yo estoy enfermito y recuperándome. Una vez, en la puerta de tu casa, después de navidad, te me lanzaste sin previo aviso y te sostuve en mis brazos unos segundos: ¡Ya te sanaste! gritaste emocionado. "No, todavía no", te respondí sin aire mientras te dejaba en el suelo. "Ya te sanaste", me dijiste muy contento, y me dejó pensando que nunca antes me habías dicho "Estás enfermo", aunque sí lo sabías. 

Eres un buen hijo, el día de Navidad no pude encontrar el regalo que tanto me pedías. Tenía el dinero, pero el juguete ya se había agotado en la ciudad, y nunca me reprochaste nada. Pasamos Navidad juntos y también Año Nuevo en Quirihuac, te veías muy contento de estar con nosotros. Nunca más me volviste a hablar de aquel Tiranosaurio Rex de ImagiNext que tanto querías porque lo veías en la tele. Hasta que un mes después, tu tía Vicky desde Estados Unidos te mandó tu juguete amado. 

Cuando recogí el paquete de la Agencia de Correos, te llamé y te pregunté si te acordabas del Tiranosaurio Rex, y que vengas a mi casa para dártelo. Te acordabas perfectamente, nunca te olvidaste de tu dinosaurio, y sin embargo tampoco me reclamaste nada ni me hiciste berrinche. Recibiste el regalo que te merecías por ser un buen niño y estabas muy contento.

Y sin embargo, el verdadero regalo que te mereces es tener un padre sano, que pueda abrazarte y levantarte por los aires y saltar y correr y jugar contigo, un padre sano que pueda trabajar y mantenerte y darte todas las comodidades que necesitas en salud, educación y cariño. Esta vez me cuidaré Salvador Armando, iré al doctor a tiempo si es que algún mal me aqueja, tendré una dieta balanceada, dormiré a mis horas, no me importa nada más que volver a sanarme y verte sonreír mientras corro a tu lado o te enseño a jugar básquet. 

Ya en la segunda carta que te escribí te advertía de la fragilidad de la vida. “Tal vez muera mañana”, es una frase que siempre me repito. Estar postrado en una cama no es nuevo para mí, de niño me operaron varias veces, y muchas cicatrices surcan mi cuerpo. Esto no me ha detenido, aprovecho para escribir un libro dedicado completamente a ti y que no tiene ninguna relación con nada de lo que he escrito anteriormente. 

Lo malo es estar postrado en una cama y tener a un hijo de cuatro años tan hermoso como tú que me llama y me pide que lo saque al mundo y lo acompañe porque se muere de ganas de correr y ser feliz. No te preocupes hijo de mi vida, ya pronto me levantaré.





lunes, 26 de marzo de 2012

Lucho Rossell: Humor negro a todo color

Un pequeña pequeña apreciación personal sobre la obra de Lucho Rossell



Aunque su naturaleza es oscura, el universo creativo de Lucho Rossell está lleno de colores y contrastes. A él no le tiembla la mano a la hora de teñir de rojo la sangre, así esté pintando en blanco y negro. Al pan, pan y al circo, circo.

Pero si es con una cervecita mejor, para conversar como amigos. Para decirte las cosas que veo de la manera en que la veo:

El político es siempre un viejo corrupto y la iglesia católica una anciana hipócrita. La pedofilia es pecado capital, maldita sea. La farándula es basura y la prensa no se queda atrás, es una cortesana que se ofrece al mejor postor. La desigualdad duele, no es un dato. La pobreza es triste pero existe. Las mujeres maltratadas nos avergüenzan porque somos hombres de verdad. El empresario de éxito casi siempre es un farsante. Nuestra marca Perú está manchada de hipocresía, de racismo y de sangre.

Hasta nuestro premio nobel de literatura tiene un pasado oscuro, y a nuestro querido amigo Rossell le encanta meter el dedo en la llaga. Ahí donde más jode. Nos muestra la verdad incómoda. La careta hipócrita de una sociedad desorientada que cree que costumbre es sinónimo de cultura y que poder es sinónimo de oportunismo.

La coyuntura es un gran guión del que Rossell saca provecho todas las semanas a través de su trabajo en El Otorongo, donde es uno de los colaboradores más activos y recurrentes. El cinismo y el sarcasmo están tan mimetizados en su obra como en la vida misma. Humor negro a todo color. Políticos feos y sin alma a los que su pincel embellece y agracia para que no sean tan repulsivos a la vista.

Sus textos son directos y mordaces. Van derecho al grano. No te florean, no tienen maquillaje. Entran rápido y sin lubricante. Ninguna palabra sobra. Sin embargo, sus mejores creaciones son las que no necesitan de lenguaje escrito, cuando la imagen habla por sí misma, cuando los contrastes nos muestran la verdad aunque seamos analfabetos. Ahí está y es innegable, aunque a muchos nos guste sonreír y pasar la página o hacer click en otra ventana.

Una vez le comenté que habían asesinado a un caricaturista político en Brasil, él me respondió al instante y sin dudar: “Sucede en todo el mundo, compadrito. Acá nos matan de hambre”. Eso resume la historia de todo artista talentoso en el Perú. Qué gran verdad.










jueves, 8 de marzo de 2012

Al diablo con Alfierro


Alfieri Díaz Arias, ADA, Alfierro, alfi, alfo, alfierito. Alfierito le decimos a su primogénito, Alfierro es el padre. El macho alpha más culto que conozco. Cinéfilo, publicista, pornógrafo, amante de la literatura pura y dura, y de los crucigramas que llena de arriba para bajo, de izquierda a derecha y viceversas. Tal vez de la misma manera que hace el amor. No sé, no tengo tanta confianza con su esposa como para preguntarle, ustedes saben, lo de los crucigramas.

El destino demográfico y generacional quiso que sea mi profe, sin embargo, su amplitud y conocimiento del mundo permitió que seamos también amigos. Su cultura es tan vasta que a veces no sé si googlear algo o llamar a su casa para preguntarle. Lamentablemente el maldito no usa celular. Memoria de elefante, ¿dónde tendrá la trompa? Y para colmo ni es tan viejo, fácil podría ser mi hermano mayor, total, su esposa es igualita a mi cuñada.

Cuando nació mi hijo Salvador Armando, su hijo Alfieri ya tenía dos años. Dábamos largas caminatas al rededor de la ciudad muriéndonos de los nervios. Si conoces a Alfieri Díaz sabes que nunca toma taxi. Es un caminante. Camina por todo Trujillo, "camina a pie". Imagino que lo que ahorra en transporte lo invierte en desodorante. Pero eso nunca me lo dirá. Deja muy claro que lo que le importa es el ahorro, su salud ¿quién sabe? Solo el tiempo y el dióxido de carbono del centro de Trujillo lo sabrán.

En esa época lo acompañaba a comprar leche para su hijo. Era bacán porque era un amigo, un gran conversador, y los dos éramos padres primerizos. No ocultaba sus nervios ante la paternidad ni tampoco su responsabilidad. "Soy pisado pues, ¿qué chucha?" me decía mientras buscaba qué leche tenía más vitaminas. ¿Qué tanto te quejas? me preguntó en otra oportunidad, con todo lo que tengo que trabajar tú pasas más tiempo con tu hijo que yo con el mío. Y era verdad, y eso me ayudó mucho también. (Por eso hasta ahora no trabajo).

Es aliancista, y tal vez ese sea su único defecto, le gustan los negros pero no lo acepta. Mentira. Es una broma, o bueno, no lo sé, tampoco lo conozco tanto. Su fervor por el fútbol es casi religioso, quizá su único dios sea un balón o un flaquito morocho al que decían 'O REI' o un petiso altamente adictivo al que decían D10S, o el ying y el yang, abraxas, la totalidad, blanco y negro, blanquiazul... you know what i mean.

Alfieri se expresa libremente sobre casi todo, solo baja la voz cuando lo escucha su mujer. Está en contra de la iglesia, de la corrupción, de la maldad. Está en contra del aborto, o a favor de que el hombre también pueda tener un porcentaje de decisión en caso quiera ser padre y la mujer sea la que se niegue a la maternidad. Nadie lo entiende. Es un padre feliz. Fue el segundo hijo varón de la familia Díaz Arias justo cuando sus padres deseaban "la parejita". La hijita mujer que sea la niña de sus ojos, y por eso me agrada mucho escribir sobre mi buen amigo Alfieri hoy 8 de marzo, día internacional de los derechos de la mujer, día que de seguro él está celebrando... con su esposa, que en un par de días dará a luz al segundo hijo de la familia Díaz Paz.

Así es, Alfieri Díaz va a tener un segundo hijo varón, y se va a llamar Claudio, y ayer nada más, el popular Alfierro presentaba en sociedad su segundo hijo cultural y anarquista. Su nuevo libro llamado Crucificciones, el que tuve la oportunidad de leer muchos años antes de que sea publicado. Un libro sin patria, sin religión, sin estilo conocido, de cuentos dicen, crónicas ficticias, alegatos heterodoxos, literatura fantástica, ficciones borgeanas salidas del cerebro de un trujillano de pura sepa con pinta de polaco, fusión de Bart y Homero Simpson con cara de Milhouse, contradicciones metafísicas, ¿es el hombre el mejor invento de dios o era al revés?

"Cruci-fricciones" hubiéramos querido que se llame su segunda obra sus arrechos alumnos que leíamos su opera prima "Entre Alacranes" con una mano en el libro y la otra en el bolsillo. "Entre alacranes", once pequeños cuentos juveniles, nocivos, tóxicos y geniales al mejor estilo buckowski-vargasllosiano y ahora tenemos en nuestras manos su contraparte, Crucificciones, once pequeños cuentos sabios, nocivos, tóxicos y geniales.

Por supuesto, aún no he leído nada de Bukowski, pero siempre quise usar esa palabra.

En el universo literario de Alfieri Díaz todo acaba mal. Sus cuentos no tienen happy ending. No hay una luz al final del túnel. No llega el príncipe a rescatar a la princesa. Podría decirse que en sus cuentos la princesa siempre está con la regla o está menopáusica y el príncipe es un sapo verde que disfruta autoflajelándose después de pajearse mirando a la virgen maría a los ojos. Así de réprobo. Sí hijita, huye, abre las piernas, reza, sé viejita, vive feliz y muere virgen. Sus cuentos son grises color panza de burro, me imagino que ese será su animal favorito, después del elefante, ya saben, lo digo por la memoria no por la trompa.

En sus cuentos el diablo es buena gente, Sodoma es una biblioteca con forma de paraíso, unos jóvenes construyen una bomba mientas se pajean, Hitler es un viejito renegón que vive escondido en la urbanización California, las putas escuchan buena música y las profesoras le enseñan a las niñas buenas lo que es la venganza con sabor a sangre.

Hace 4 años Alfieri tenía los 22 cuentos listos para salir a la cancha. Todos en sus posiciones, a ver quién gana. Dividió los bandos por edades, Entre Alacranes para jóvenes entre 15 a 25 años, Crucificciones para jóvenes de 50 a 75. La pelota estaba en sus manos. Su espíritu marquetero optó por lanzar primero al ruedo al más joven, para que simpatice con sus réprobos alumnos, con sus pobres angelitos, como le gusta llamarnos en los exámenes finales. Supongo que fue ese mismo espíritu comercial el que le hizo esperar cuatro largos años para publicar su segundo libro, ustedes saben, esperando que sus jóvenes alumnos onanistas maduren un poquito.

El bueno de Alfieri no contaba con los tiempos del twitter ni del facebook, por eso yo publico este post en mi abandonado blog old school para mi viejo amigo old college. Igual su obra ya está, y sabemos que esconde muchas más en el tintero, léase escroto, y él estará feliz de la vida si lees sus libros hoy día o dentro de 50 años. Ah claro, eso sí, no dejes de comprarlos hoy. Sé consciente pe varón, no como mi amigo Diego Baca que está esperando que Alfieri olvide que le pidió el libro fiado hace unos meses y hasta ahorita no le paga. Así no juega Perú.


PD 1. Acabo de llamar a su casa y su esposa me ha dicho que Alfieri Díaz está celebrando el día internacional de la mujer en la feria del libro con sus lectores los wachiturros de la avenida América Oeste.

PD2. ¿Para cuándo los cuentos apócrifos sobre la Federación Peruana de Fútbol? ¿Para cuándo?