sábado, 16 de agosto de 2008

ROMEO LUNA VICTORIA - Perfil de un Iluminado

Aquiles Cabrera presents:

El Santo Romeo
Publicado en DíaTreinta

A partir de su muerte, los hombres dotados con una energía superior generan, a su pesar, historias que lindan entre la realidad y la fantasía. En el imaginario popular, el sacerdote jesuita Romeo Luna Victoria fue un marxista arrepentido, un hacedor de milagros, una víctima de la conspiración capitalista y un genio fanático cuya vida verdadera jamás podremos conocer del todo. Aquí un perfil de un personaje desmesurado que algunos peruanos aún recuerdan con cariño.

El hidroavión estalló como una bomba en el aire matando al instante a las veintiún personas que viajaban en él. Sus carbonizados cuerpos se diseminaron en los alrededores del campo de aterrizaje “El Valor” en Bagua Chica, Amazonas. Era el año de 1984 y solo faltaban siete días para celebrar Navidad.

Veinte minutos antes, el avión, un bimotor Twin Otter de la FAP, alzó vuelo con dirección a Piura, pero de pronto se produjo un incendio en uno de los motores. El capitán, César Augusto Alvarado, dio la vuelta para regresar al campo de aterrizaje. La situación era grave. Los pasajeros entraron en pánico, sin embargo, uno de ellos, el padre jesuita Romeo Luna Victoria nunca perdió la calma. Del maletín que siempre lo acompañaba sacó su estola y el breviario para iniciar un acto litúrgico. Todos lo conocían, admiraban y consideraban un santo, así que se aferraron a él –único representante de Dios en ese avión– para que el Todopoderoso se apiade de sus almas.

Tal vez mientras rezaban no llegaron a escuchar la violenta explosión que sacó de su letargo al pueblo de Bagua Chica. Nadie sabe a cuántos pudo bendecir el padre antes del estallido, pero su cadáver calcinado fue encontrado con la estola puesta y, en la mano, el breviario abierto en una parte que decía: “…ayuda a los que van a morir”.

Así falleció hace 24 años el padre Romeo Luna Victoria –quien alguna vez hiciera quedar en ridículo a Abimael Guzmán en Ayacucho delante de todos sus alumnos al discutir sobre la teoría marxista– Regresaba de una jornada prenavideña con los obreros del Oleoducto Nor Oriente de Petroperú. Era un hombre dedicado al proletariado y criticaba todo lo que iba en contra de ellos. Siempre luchó por la búsqueda de una sociedad inclusiva en la que se reconozca la dignidad de todos los seres humanos. Además, era un excelente orador y un fervoroso propugnador del socialhumanismo en el que intentaba encontrar un punto de unión entre el valor del socialismo y la libertad democrática.

Vino al mundo el 27 de marzo de 1921. Era el mayor de cuatro hermanos: Hilmer, Javier, Wilfredo y él. El único trujillano de ellos, pues nació en la cuadra 7 de Bolívar, en la otrora casa Luna Victoria, cerca al Teatro Municipal.

Los periódicos de la época catalogaron el accidente como “sospechoso”. “Parecen raras las condiciones de este siniestro como para considerarlo un accidente”, publicó un diario limeño al día siguiente de la tragedia aérea. Se especuló mucho sobre ese tema, pero no se hicieron mayores investigaciones. Sus hermanos siguen “convencidos” de que la caída del hidroavión en Bagua no fue un accidente. Wilfredo sostiene que eliminaron a Romeo porque se estaba convirtiendo en un peligro para la oligarquía y el capitalismo. “Nosotros teníamos un primo en la aviación, Simón Luna Victoria, él nos dijo que a Romeo le habían saboteado el avión”, declara Hilmer.
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El padre Romeo quedó huérfano de madre a los doce años. Su padre, con ayuda de unos familiares, lo matriculó en el colegio Seminario donde culminó su secundaria. A los 17 viajó a Lima para un retiro espiritual, allí entabló amistad con un sacerdote que, al reconocerle dotes superiores a las de sus congéneres, le ofreció unirse a la Compañía de Jesús. La decisión no fue fácil, su padre había fallecido unos meses antes y él deseaba ordenarse sacerdote en Trujillo, para velar así por sus hermanos menores.

En 1938 inicia su carrera como jesuita en San Norberto de Aramina, España, donde solo asistían los favorecidos con grandes dotes de inteligencia. Su sólida formación académica incluyó licenciaturas en Filosofía en Argentina, Teología en España y doctorados en Ciencias Sociales en la Universidad Gregoriana de Roma, donde culminó sus estudios laureado con el grado Cum Laude, en latín: “con alabanzas”. Luego regresó para estudiar educación en la Universidad Mayor de San Marcos. Ejerció la docencia durante tres años en Tacna y Arequipa. Este era el último requisito para alcanzar el sacerdocio. Su ordenamiento como sacerdote jesuita se realizó el 15 de julio de 1954 en Granada, España.

Fue catedrático en La Cantuta y desarrolló también intensa actividad periodística como redactor de la revista Oiga, columnista del diario El Comercio y colaborador en el semanario Actualidad del diario Expreso, y de varias revistas extranjeras.

Mantuvo un cercano vínculo con Su Santidad Juan XXIII por lo cual solía llamársele sacerdote “post conciliar”. También formó parte del movimiento que creó la Teología de la Liberación, pero se retiró al poco tiempo porque desconfiaba del maximalismo marxista como solución. Alcanzó gran notoriedad e influencia intelectual y política cuando se convirtió en uno de los principales promotores de la Reforma de la Educación, junto con Augusto Salazar Bondy, entre otras personas de preclaro pensamiento. Esta reforma está considerada como la más radical de la historia del país.

Planteaba la creación de los llamados Núcleos Educativos Comunales, en los que se proponía incorporar a la población a través de sus instituciones o colectividades locales. La educación no formal, es decir, fuera de las aulas. La reivindicación de los derechos de las mujeres, las comunidades nativas de sierra, selva y también de los afrodescendientes. La idea era lograr una sociedad moderna en el sentido de una mayor inclusión de los ciudadanos.

El 3 de octubre de 1968 se produjo el golpe militar del general Velasco. El padre Romeo, que era consecuente con sus ideas y las ponía en práctica, fue enviado por el gobierno a Inglaterra, a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Cambridge. Allí dictó diversas conferencias en Oxford, Liverpool, Manchester, Birmingham, Sheffield y Leeds. Expuso y defendió los principios de la “Revolución peruana”. Igualmente, a su paso por Venezuela –ya de retorno a Perú– expuso en la Universidad Central de Caracas, en Carabobo y Barquisimeto.

En 1972, apenas desembarcó del avión, fue llamado para integrar el Consejo Superior de Educación, donde trabajó comprometidamente hasta 1976. Sin embargo, criticaba duramente la Reforma Agraria, la cual se había hecho durante su ausencia. "No hay reforma agraria sin reforma educativa, minera, industrial y bancaria", solía decir en sus conferencias. Pero su hermano Wilfredo recuerda que Romeo se lamentaba de manera más enérgica: “La reforma agraria fue un completo fracaso –le decía– ¿Quién ha dicho, carajo, que al campesino había que entregarle la tierra sin educarlo? La revolución peruana se ha vuelto marxista”.

Una vez –como mencioné al principio– se enfrentó con el camarada Gonzalo en Ayacucho, cuando todavía era catedrático de la universidad y defendía a capa y espada a Marx. Le dijo: “Mira Abimael, tú eres marxista, yo soy socialista. Marx dice que toda propiedad productiva es un robo y yo te digo que no es así, esa es una gran mentira. Otra falla que tiene Marx es que coarta la libertad, y la libertad, Abimael, es lo más preciado que tiene el ser humano”.
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La muerte de este religioso produjo un profundo pesar entre los que lo conocían: Luis Bambarén, ya en ese entonces monseñor de Chimbote, lo calificó como “un gran luchador de la justicia social”. Con él compartió inquietudes desde el inicio de su vocación religiosa. “Se describía a sí mismo como un ‘Romeo sin Julieta’, pero sus amigos le replicábamos que la reforma de la educación era su Julieta”, declaró apesadumbrado el sicólogo Leopoldo Chiappo, con quien compartió muchas responsabilidades relacionadas a la Reforma.

El padre Gustavo Gutiérrez, autor de la Teología de la liberación, expresó: “Lo he querido mucho, siempre fue un hombre ilustre, fue mi amigo y con él viajé a Europa donde estudiamos juntos. Con su muerte me siento muy golpeado. Siempre lo recordaremos por su gran sentido social y pastoral. Fue un hombre íntegro”. Se conocieron desde la etapa del movimiento sacerdotal ONIS a fines de la década de los sesenta, el padre Gustavo Gutiérrez era en ese entonces un sacerdote diocesano. Vivieron un momento muy intenso de la Iglesia Latinoamericana que empezó a señalar las causas de la pobreza y las situaciones de pecado social que sigue causando tanto sufrimiento a millones de personas.

Sus hermanos velaron a Romeo Luna Victoria en la Catedral de Trujillo, con el permiso del arzobispo Manuel Prado Pérez-Rosas, otro gran amigo del padre Romeo; pero los jesuitas los convencieron de enterrarlo en Lima. Pagaron todos los gastos de traslado en avión. En la iglesia La Inmaculada Concepción de La Colmena se ofició una impresionante misa de cuerpo presente. ¡Cuarenta sacerdotes le dieron el último adiós! A estos se sumaron 34 presbíteros de la orden de los jesuitas y seis obispos: el obispo de El Callao, Ricardo Durand Flores; el de Chimbote, Luis Bambarén, Ramón García Hernández y Felipe Mc Gregor, ex rector de la Pontificia Universidad Católica.
El cortejo fúnebre llegó a las 11.45 a.m. al cementerio privado de los jesuitas en Huachipa, ubicado en la parte posterior de la casa de retiro. Cientos de jóvenes, que lloraban y cantaban, acompañaron el sepelio de quien fuera su maestro y permanecieron arrodillados alrededor de la tumba por mucho tiempo.

El padre Romeo Luna Victoria dejó tres libros escritos, aunque el último nunca se llegó a publicar. El primero data de 1965: Ciencia y práctica de la revolución, manual para dirigentes políticos; el segundo: Por una democracia socialista en el Perú de 1979. Y a su muerte dejó inédito: Cristianismo y marxismo, que era considerada por su propio autor como su obra cumbre. Por desgracia, el manuscrito cayó en manos del padre Felipe Mc Gregor, quien se encargó de hacerlo desaparecer. Es lo que dicen.

Al momento de su muerte Romeo tenía 30 años como sacerdote, 44 de jesuita y 64 años de edad.
En una época como esta, en que la iglesia está sometida a los non sanctos manejos del Opus Dei y del neoliberalismo mundial, el padre Luna Victoria sería como una piedra demasiado incómoda en las sandalias del pescador.


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Antología mínima:
(frases de Romeo LV)

"El Ser del ser es el Hacer, el Hacer del hacer es la Libertad, la Libertad de la libertad es el Amor".
"La principal materia prima de una nación es la materia gris de sus habitantes".
“Hagamos de la política una ciencia estricta y de su aplicación una técnica depurada”.
"Para hacer justicia no hace falta pedir permiso".
"Enséñale al niño a quitarse las vendas de los ojos, a despojarse de la mordaza de su boca, a quitarse hisopos del oído, a quitarse las ataduras de sus manos y pies, y a demostrar que tiene un corazón para actuar".
"El cristianismo es la fuente más poderosa de energía revolucionaria, no sólo políticamente, sino moral, social y culturalmente. El verdadero aporte revolucionario del cristianismo no está en el cambio político de la sociedad, sino en el cambio ético de la humanidad”.
“Si democracia es tener a los pobres más pobres y a los ricos más ricos, me cago en la democracia”.
“Yo creo en un Dios que es amor, en un Dios que me ha dado la libertad de creer en él o no, yo no creo en un Dios impositivo, patrono, yo creo en un Dios sirviente, creo en un Dios que ha venido a servir, no a servirse”.
“Yo me he hecho sacerdote para luchar por la justicia social y voy a morir por ella”
A través de mis hermanos los hombres, rastreo la imagen de Dios. Porque si en cada ser humano tú ves a Dios, sea rico, pobre o lo que sea, ni lo ofendes, ni lo explotas, ni lo engañas ni lo traicionas”.
“Seamos mansos pero no mensos”.
“No hay capital sin trabajo, no hay trabajador sin capital. Ambos se complementan, se necesitan”.
“Hagamos de cada proletario un propietario”.
“No dejes que tus conocimientos ahoguen tus sentimientos”.

Oración del Payaso
(extracto)
Encontrada entre sus borradores después de muerto.

Señor:
Acepta la ofrenda de este atardecer
Mi vida, como una flauta, está llena de agujeros
Pero tómala en tus manos divinas,
Que tu música pase a través de mí
Y llegue hasta mis hermanos hombres,
Que sea para ellos ritmo y melodía,
Que acompañe su caminar,
Alegría sencilla de sus pasos cansados.

viernes, 27 de junio de 2008

Luis Eduardo García presentará libro Teorema del navegante

Comparto con ustedes esta invitación.




Luego de dieciséis años de silencio creativo, el poeta, periodista y docente universitario Luis Eduardo García presentará nuevo libro: Teorema del navegante, publicado por Revuelta Editores de Lima. La actividad es organizada por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Privada del Norte.

El libro será comentado por los poetas Walter Curonisy, Alberto Alarcón y el narrador Gabriel Ruíz Ortega, co-editor del sello Revuelta.
Con esta nueva publicación, su autor regresa a los predios poéticos tras una fructífera labor como periodista y profesor universitario.
El nuevo libro de García López fue finalista del Premio Internacional Copé de Poesía 2007 y recuerda, en cierta forma, la huella dejada por sus libros anteriores Dialogando el extravío (1986), El exilio y los comunes (1989) y Confesiones de la tribu (1992). Con el primero de ellos obtuvo en 1985 el Premio Poeta Joven del Perú.

Teorema del navegante es en realidad un diálogo inagotable entre el creador y la poesía, entre el navegante y los mares insondables que lo acechan. Con él, el poeta se viste de nuevo con el manto de la poesía y, sobre todo, recupera trozos del pasado para levantar con ellos el porvenir de la belleza.

lunes, 16 de junio de 2008

Carta a Salvador Armando en el día del Padre

escrito por Aquiles Cabrera a la media noche del día del padre hasta un poco antes del amanecer.

Tú nombre es Salvador Armando, ayer cumpliste 7 meses de vida, tu abuela te preparó una torta y vino a visitarte como todos los sábados tu tía Guille con tu tío Carlitos. Hoy domingo se celebra el día del padre. Es muy difícil para mí explicarte lo que sucede en mi vida en estos momentos. Siempre ando ocupado, tengo insomnio, estoy panzón, las arrugas de mi frente se hacen cada día más enormes, me duele a menudo la cabeza y mis ojeras y mis lagunas mentales cada vez son más difíciles de ocultar. Todo esto y otras cosas más se puede resumir en dos palabras: Estoy depre. Normalmente me pongo en ese estado cuando se acerca mi cumpleaños o cuando discuto con tu abuelo o con tu tío Manuel.



Yo nací en 1985, en esa época se veían las películas en Betamax y no existía la Internet ni los teléfonos celulares ni los CDs ni USBs ni la nanotecnología, o por lo menos no eran masivos. Tu tío Manuel nació en 1976 cuando una memoria de almacenamiento de una Giga tenía el tamaño de una refrigeradora y la televisión por estos lugares seguía siendo en blanco y negro. Tu abuelo nació en 1951 cuando ni siquiera existía la televisión en este país y la selección peruana de fútbol jugaba de puta madre. El padre de tu abuelo nació en 1918 y el padre de tu abuela en 1915 cuando ni siquiera se consideraba a la radio como un medio de comunicación, el cine era solo un experimento de salón, y el telégrafo algo semejante pero muy distinto a un SMS. Tú has nacido bajo el imperio de Google, de Youtube y MySpace, una Laptop puede medir lo que un block de notas, y tu tío Manuel tiene un blackberry. Tal vez cuando tú tengas mi edad (23 años) no sepas el significado de muchas de estas palabras ¿celular? ¿radio? ¿televisión? ¿cds? Créeme, actualmente mucha gente no sabe qué significa betamax.



Debes saber que tus dos nombres los escogí yo, tu madre no quiso meterse en el asunto. Así cuando crezcas y odies cómo te llamas, ella podrá echarme la culpa solo a mí. Te llamas Salvador no porque espero que me salves de mí mismo, sino porque no conozco ni he escuchado de nadie en la familia (y vaya que tenemos un familión) que se llame así. Simplemente no quería que seas la repetición de nadie, muchos menos de mí. Sin embargo, tu segundo nombre es Armando por tu tío Armando Ludeña, hermano de tu abuela que siempre llegaba a visitarnos desde cualquier parte del Perú sin importar si vivíamos en Santa Clara, en Barranco o en El Porvenir. Sus visitas eran la alegría de tu abuela. Siempre me han dicho que yo me parezco mucho a él y yo siempre le tuve mucho cariño y respeto. Te hablo en pasado porque él ya no está con nosotros, murió hace poco tiempo cuando tú recién llevabas un mes y medio en el vientre de tu madre y ni tus abuelos ni nadie de la familia sabían aún de tu existencia.



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Yo le tengo una gran admiración y un enorme cariño a tu abuelo, para mí él es el mejor consejero y un lujo como amigo o como profesor, y que se enoje tu abuela si quiere pero te puedo asegurar que en el fondo lo quiero más a él, a mi padre, que a mi madre. Ten en cuenta que tu abuela siempre fue y seguirá siendo la mejor madre del mundo (para nosotros, sus cuatro hijos).
Hace ya muchos meses que tu abuelo casi no me habla, solo para decirme buenos días, saber cuánto dinero necesito para ir a la U, o preguntarme cómo se dice en inglés alguna palabra para llenar su crucigrama del día. Su idea es enseñar con el ejemplo, y todos los días nos enseña sin palabras que él es muchísimo más capaz e inteligente que nosotros. Mis discusiones con él no han sido pocas, ni mucho menos leves, sin embargo, sé muy bien que –si es que no muero antes– yo continuaré su obra educativa, yo cumpliré los sueños que él no podrá cumplir. Aunque tal vez yo nunca pudiera hacerlo tan bien como él. Espero no decepcionarlo.



Hoy la pasaremos juntos los 3, haremos algún tipo de trabajo dominguero que se le ocurra porque la palabra descanso no se ha escrito aún en su diccionario personal, luego desayunaremos, leeremos los periódicos, intentaremos llenar los crucigramas, hablaremos con tu tío Manuel, saldremos de paseo o cosas semejantes, en algún momento del día le mostraré este papel para que lo lea, me dé sus opiniones y me corrija.



Tu tío Manuel todavía vive en la casa de Barranco, es mi hermano mayor, y déjame decirte que desde que tú existes no hemos vuelto a discutir. Él pronto será papá, tendrás un primo con el que podrás jugar al fútbol o a la guerra (ojalá no lo hagan en un mundo virtual), o tal vez una prima con la que podrás divertirte de la manera que ambos crean conveniente. A él le mandaré este artículo al igual que a todos mis amigos o gente que aprecio vía mail para que lo lean desde mi blog.



Debes saber que tu tío Paco y tu tío Sergio, mis hermanos, te quieren casi tanto como yo.

No tengas dudas de esto Salvador, tú eres lo más importante para mí. Después están tus abuelos, tus tíos, tu madre y mi perro bóxer cada vez más viejo y más flaco y del cual hablaré en otra oportunidad. Esto del día del padre no me gusta nada porque desde que soy tu padre me he dado cuenta de que nosotros (en este caso, los padres) siempre somos la última rueda del coche en todo. En el hospital, no existimos ni somos útiles en ningún momento, para las amigas y familia de las madres siempre seremos los culpables de todos sus problemas y, las encuestas dicen claramente que muchísima más gente quiere y adora a su madre y muchísimas personas cada vez más repudian a sus padres. Ojo que no estoy hablando del complejo de Edipo. Por supuesto que hay hombres que no merecen el cariño de sus hijos (sin importar cuanto dinero tengan en su billetera) esos son los que tienen un solo corazón.



Y aunque actualmente me encuentre deprimido, o con cambios de humores muy bruscos, cuando estoy contigo soy realmente feliz, feliz como nunca lo he sido antes y como no lo soy en ningún otro momento del día. Créeme que tenerte cerca, sentir tu olor, la suavidad de tu piel, me provoca una verdadera felicidad, y cuando sonrío y te escucho sonreír, todos mis problemas no significan nada. (siempre sonríes cuando sonrío) Por todo eso y muchas otras cosas imposibles de explicar, te agradezco. Ahora, además de ser mal amigo, mal hermano, mal hijo, bohemio frustrado, lector impertinente, crítico de todo y fumador sosegado, también soy: tu papá.



Llámame viejo cuando quieras.

viernes, 22 de febrero de 2008

LOS AMIGOS Y BARRANCO, AMBOS EN EL CORAZÓN

by Aquiles Cabrera
Así que Febrero es el mes del amor y la amistad, pues por esta calle ya se ha hablado mucho sobre lo primero; acá les va esta crónica dedicada puramente a ese segundo sentimiento, quizá más sincero, mutuo, duradero y desinteresado: la amistad.
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En el corazón

Pues, ¿Qué te creías? Resulta que sí es cierto eso que dicen de la amistad, la distancia, el tiempo, la casa de la infancia y el olvido. Ahí estábamos los cinco amigos de noche en aquella pequeña casa de Barranco, (tan añorado por mí en todo este tiempo), y no podían faltar las ausencias, puesto que también faltaba Andrés, y Omar, y así, y si continuo nombrando las ausencias no podré acabar. Así que, bueno, ahí estábamos sentados alrededor (¿cómo no?) de una infaltable botella de ron, pasándonos la jarra, recordándonos y reconociéndonos, prendiendo algún cigarrillo de vez en cuando, encontrándonos diferencias y semejanzas a las versiones de nosotros mismos hace, tal vez, seis y hasta doce años atrás en el colegio. No somos viejos, es verdad, pero qué niños solíamos ser cuando pensábamos que no nos faltaba nada más que acabar el cole para ser dueños del mundo, y qué niños seguimos siendo ahora, pensando que ya estamos a punto de encontrar aquella idea extraordinaria que nos vuelva millonarios.
Nosotros nos miramos a la cara, sabemos que hemos cambiado pero seguimos igual, ya no somos aquellos que solíamos ser, pero de alguna manera, allí estamos, sin dejar de ser lo que una vez fuimos. Puedo decir que éramos amigos y también que no fue así, que lo seguimos siendo sin necesidad de serlo verdaderamente, es decir, fuimos y no fuimos, somos y no somos, pero qué más da, ahí estamos. Siempre habrá un abrazo y una sonrisa para un viejo conocido. Y pasó lo mismo con Barranco, mi casa de la infancia, aquel lugar que me solía llegar ya te imaginarás tú muy bien a dónde cuando vivía allí, y que no dejé de extrañar un solo día una vez lejos.
Una vez lejos
Primero fueron las lágrimas, ese dolor de ya no estar y esa necesidad de volver, luego (con los años) se fueron transformando en sueños, como intrusos en mis noches de insomnio, y poco a poco y así de esta manera, podía ver Barranco en cualquier lugar que mire. Bastaba con prender el televisor, hojear una revista, escuchar la radio o leer los periódicos, y ya sea que esté en la universidad, en mi casa o en el lugar menos pensado; allí también estaba Barranco, e incluso cuando intenté alejarme de la civilización, allí también lo encontré. Ser barranquino y no vivir allí es triste pero más triste es darse cuenta de que uno ya no es barranquino justamente cuando más costó volver. Y no es que uno empiece a buscar a Gardel o a Chabuca Granda ya estando fuera de aquel Barranco que los homenajeó, no es que a uno le entren ganas de leer a Eguren, a Vallejo, Julio Ramón Ribeyro, Martín Adán, atropellarse con las poesías de Blanca Varela, comprar discos de Leusemia y de Rafo Ráez, interesarse de verdad por Vargas Llosa y Constantino Carvallo, querer un poquito más a Bryce o a Sabina al sentir en su alma bohemia el alma de Barranco.
Barranco es probablemente el distrito más pequeño del Perú, pero curiosamente (probablemente también) el más conocido por todos los peruanos, al menos de oídas. Da gusto ver en Páginas web de corte Turístico a Barranco junto con Sacsayhuaman, Tambo Machay, Machu Picchu, Aguas Calientes, Arequipa, El Colca, el Lago Titicaca y otros más. Sin embargo, Barranco sigue llegándome ya te habrás dado cuenta adónde, sigue siendo aquel distrito emblemático y tradicional, bohemio y liberal, religioso y agnóstico, culto e ignorante.
Algo que Chorrillos, con ese hermoso malecón nuevo y ese Regatas Lima y ese súper mercado Plaza Sur, ni siquiera Miraflores con todos esos Sagas, Ripleys, Larcomares y McDonald’s, ni San Isidro con su Country Club y su Swiss Hotel, jamás podrán tener aquello de inmoral y legendario que tiene Barranco, eso de caminar por ahí y escuchar a un tipo tocando “Alfonsina y el mar” en algún piano, eso de pasear por un parque y ver a alguien grabando un documental turístico, eso de ver a un pordiosero borracho durmiendo en medio de la pista, a una pareja de españoles gays en terno pidiéndote que les tomes una foto con el fondo de la Santísima Cruz, eso de algún olor a caca justo a treinta pasos bajando el Puente de los Suspiros, eso de encontrarse de pronto con que en el Boulevard están grabando la última versión de La Gran Sangre, eso de visitar el Mirador, y escuchar a un viejo con su guitarra cantando casi como llorando and i love her… y sentir más que nunca aquel olor a marihuana, a marihuana barranquina, a marihuana de barranquino, que puede estar y no estar en Barranco a todas horas. Creo que no en cualquier lugar puedes encontrar al portero de una discoteca suplicando por una pavita, por solo una jaladita nomás, brother. Todo eso junto y en un mismo día no es común y mucho menos si te digo que aquel día fue lunes.
Fue lunes
Justo un lunes antes empezó todo esto, esa oportunidad que se me daba de viajar a Lima, y así, como quien dice, sin querer queriendo ya estaba yo un sábado en la noche subido en un Bus con dirección a la capital. Llegar domingo y no haber avisado a nadie no es un buen plan de viajero que vuelve al lugar donde creció y se da cuenta de que el único encanto del recuerdo de ese distrito son los amigos que quedaron por ahí (cuánta razón tiene Bryce). Y mucho más cuando uno ya no tiene el teléfono de nadie, ni conoce la dirección de casi nadie.
Había que actuar. Agarré la bicicleta de mi hermano, sin permiso, para visitar a los amigos, no había tiempo, no podría haberlo hecho a pie, la agarré aún sabiendo que se iba a enojar como de costumbre, y justamente por y para esto hermano, porque somos hermanos y para no perder las costumbres.
Y el primer portazo en las narices lo recibí cuando llegué a la casa de Daniel, (el FMR gordito), y su casa ya ni existía, solo una pared blanca cerrando el terreno donde quedaba alguna vez su casa, una casa enorme, colonial, de no sé cuántas piezas, ya inexistentes para siempre, simplemente su casa (la de la infancia) ya no estaba. Seguí pedaleando hasta la casa de Luis (el Riki Portal), y me encontré con un par de candados oxidados cerrando una puerta metálica más solitaria que Papa Noel en fiestas patrias, y ya no ladraban en su casa ni los perros ni se escuchaba la música de Metálica, aquella, la de la infancia. Pero como me aferraba a no creerlo seguí tocando hasta que salió una vecina a decirme que ya en esa casa hace tiempo no vive nadie, señor. (Cuánta razón tienen Sabina, Neruda y tantos otros). Pero no podía ser, aquí no pasaron veinte años como en el tango, ni diez como le pasó a Sabina con Londres, ni mucho menos 50 como a Neruda con la India, no podía ser, y sin embargo, allí estaba la realidad tirándome el segundo portazo en las narices. Pero como no podía ser y siempre hay otra realidad a la que podemos acudir, acudí a ella, a la otra, la virtual, la que no existe pero está, la que no gusta pero muchas veces es la única que tenemos a mano.
Recordé que hace unos meses Ricardo (el Caballo loco) me envió por correo electrónico un mapa que indicaba claramente cómo llegar a su nueva casa, acudí a ella, al mapa primero, clickeando, y pedaleando después a la casa real, y así, cuando la bici se hizo mucho más necesaria que nunca, pedaleando y preguntando, llegué a su casa, y pude recibir al fin el primer reconocimiento y abrazo de amigos de aquel viaje no planeado ni avisado por nadie, y por supuesto, ¿cómo no? pude escuchar el siempre infaltable ¿Qué haces tú aquí, huevón? seguido de la carcajada y el segundo abrazo, como de quien se quiere convencer de que ya no estás durmiendo, de que ya amaneció y son las once de la mañana y es domingo y tienes que trabajar (porque así es Lima) y finalmente para darse cuenta de que es tu amigo del cole, Martín (el Corre Forest), el que no ves hace años, el que se fue sin asistir a la fiesta de promo, él es el que viene a buscarte.
Y fue lunes, el día en que ya cansado me cansé de esperar, ya decidido, decidí avisar. Si no los veía ese día a esos perdidos ya no los vería nunca porque al día siguiente regresaba a Trujillo. Había que pensar, abrí mi correo, no podía avisarles a todos, porque mi casa, como ya te dije, es pequeña. Les escribí a Luis, Daniel, Ricardo, David, Andrés y a Omar Francia. Y fue ese lunes ya bien noche que nos reunimos cinco, porque me faltaron dos de los que llamé, y no hay rencores: a uno tampoco le gusta revisar su correo todos los días. Así que ahí estábamos los cinco.
Los cinco
Que no pudimos ser seis porque mi hermano tenía muchas cosas muy importantes que hacer mañana temprano. (Así es Lima) ¿Qué más se puede hacer? Con él ya nos habíamos abrazado, conversado, jugado, paseado y peleado (para no perder las costumbres). Pero para mis amigos, sin embargo, seguía siendo más importante visitar al amigo que volvía y que inexorablemente debía volver a irse, qué le importaba a Daniel que mañana temprano tenga examen final en la universidad, qué le importaba a Ricardo tener que ir a trabajar mañana también temprano, qué le importaba a David que justo ese lunes había terminado de recibir las once inyecciones diarias que necesitaba para curarse de una caída, (y tener que aguantarse heroicamente toda la noche las ganas de tomar) y por último, qué le importaba a Riki que justo ese lunes era su cumpleaños y que ninguno de nosotros se había acordado de eso. Es necesario en este punto decir que entre ellos tampoco se ven casi nunca. Pero ahí estábamos, los amigos, los cinco, conversando, riendo, y sobre todo, hablando, hablando bajito porque hay que recordar que el dueño de casa tenía muchas cosas muy importantes que hacer mañana temprano. Qué más se puede hacer, muchas veces la casa de la infancia no vuelve a ser nunca más la misma. Ya lo había cantado Fito Páez: 1 hoy la casa de mi infancia ya no existe ni hace falta, yo la llevo bien adentro en mis entrañas…
El primero en llegar aquel lunes por la noche fue Portal, siempre Portal, mi compañero de carpeta, de recreos, de películas porno y de algunas otras cosas más. Felizmente ese día él estaba lo suficientemente borracho ya para decir la verdad, yo nunca había fumado marihuana con él en el colegio, algo que tal vez ninguno de los compañeros de aquella promoción crean, pero ahí estaba él para confirmarlo, yo nunca fumé en el cole, y además, no necesité fumar después, aunque eso es algo que ninguno de los cinco que estaban conmigo aquella noche (contando a mi enamorada) puedan creer. Qué más da, estábamos en Barranco y prácticamente entre barranquinos. Y en aquel distrito que ya te habrás dado cuenta que siempre me llegó al corazón. Nadie me lo hubiera creído. El segundo en llegar fue Ricardo, con su Ron Bacardi Gold en la mochila, me faltó decir que Portal se trajo un vodka medio lleno, o para ser exactos, medio vacío ya. Tuvimos que salir a llamar por teléfono a David para que venga por supuesto, y no podía faltar Daniel, que estaba haciendo uno de aquellos trabajos universitarios interminables, no por difíciles sino porque en grupo, normalmente, la mayoría de gente sólo estorba o se dedica a estorbar. Pero finalmente llegó, y estuvimos completos aquella noche, con ausencias y todo, porque nada más se pudo hacer.
Y así, entre risas y recuerdos y humo se acabó el trago, pero no había problema, siempre nos quedarían las calles barranquinas de madrugada. Y así pude comprobar una vez más que aún siendo lunes y de madrugada ya, en Barranco siempre podrás encontrar una buena hamburguesa y un lugar acogedor para comerla (y a buen precio si eres barranquino y sabes a dónde ir). Y mucho menos podrían dejar de aparecer, allí en Barranco y de madrugada y lunes (¿o martes ya?) unas buenas latas de chela bien heladas para terminar de una vez con el reencuentro, porque todos saben que tienen que hacer algunas cosas muy importantes mañana temprano (así es Lima). Y otra vez los abrazos, pero esta vez para parafrasear al querido Calamaro con ese entrañable, amigable, sincero, alegre y hasta doloroso: 2 Nos volveremos a ver, porque siempre hay un regreso.

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1: Fito Páez, Canción: La Casa Desaparecida, Disco: Abre
2: Andrés Calamaro, Canción: Nos volveremos a ver, Disco: El Salmón

jueves, 14 de febrero de 2008

El arte del no amor

Escrito por Aquiles Cabrera
Publicado en Díatreinta
Todos teorizan, discrepan, pontifican, filosofan y despotrican sobre el amor. Muy pocos se ocupan sobre lo que el amor no es o no llega a ser. Será tal vez que el género humano tiene un miedo muy profundo a encontrase cara a cara con sus límites y miserias. Los que sí hablan de este tema, se muestran ásperos y profundamente materiales, al menos los hombres. Las mujeres pareciera que siguen esperando al príncipe azul.
Amor es ese afecto desengañado que sobrevive tras un instante de baba.
Emile M Cioran


Es difícil hablar de amor cuando estás decepcionado de él. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Se preguntó el siglo pasado el genial escritor y alcohólico Raymond Carver.
Lo curioso es que, aunque no lo aceptemos, todos estamos sedientos de amor, vemos películas basadas en historias de amor felices o desgraciadas, escuchamos centenares de canciones triviales que hablan de amor, sin embargo, nadie cree que se tenga que aprender algo acerca de este sentimiento.
Cuánta razón tenía el viejo Erich Fromm en su nunca desactualizado libro El Arte de Amar: “¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno 'tropieza' si tiene suerte? (…) la actitud de que no hay nada que aprender sobre el amor, es la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. La gente cree que amar es sencillo y lo difícil encontrar un objeto apropiado para amar, o para ser amado por él.”
Es muy interesante este análisis si empiezas a recordar las veces en que has escuchado frases como: “no he tenido suerte en el amor”, “aún no encuentro a mi persona ideal”, “sigue adelante y ya verás que encontrarás a ese alguien especial”, “me gustaría conocer a mi alma gemela”. Esta lista es infinita.
También existen los flechazos, por ejemplo: estar "locos" el uno por el otro, que para algunos es una prueba de la intensidad de su amor, cuando solo muestra el grado de su soledad anterior. En todo caso, el amor no es un sentimiento fácil para nadie, sea cual fuere el grado de madurez alcanzado. Todos nuestros intentos de amar están condenados al fracaso, a menos que seamos concientes de que la satisfacción en el amor individual no puede lograrse sin la capacidad de amar al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina. Si estas cualidades son raras en la cultura actual, también ha de ser rara la capacidad de amar. Son las conclusiones del autor de El miedo a la Libertad.
Podemos convenir en que la mayoría está de acuerdo con que el amor es tal vez la expresión más maravillosa del constante festejo que debería ser la vida, pero cuando hablamos del amor de pareja, la situación se vuelve insostenible, todos tienen sus propias ideas acerca de él: sacrificio, conocimiento mutuo, compartir, complementar, entregarse, confianza, incluso sufrir y solo sufrir, estos son los más lastimeros. También están los buenos machos que piensan que el amor es solo sexo, o tal vez solo un buen maquillaje del sexo, acéptenlo damas. Si piensan que los hombres somos todos unos simplones que no pensamos más que en una sola cosa, es decir: en nosotros mismos, no están muy lejos de la realidad.
Para muestra, a continuación inserto declaraciones sinceras de hombres y mujeres (los nombres me los reservo para evitar malos comentarios) sobre este siempre espinoso y excitante tema. La encuesta la hice yo a través de correo electrónico.

“No existe el mundo ideal, ergo, no existe el hombre ni la mujer ideal”


“El amor de pareja es el más estúpido que hay porque das y das y casi nunca es recíproco”



“El sexo es el complemento perfecto del amor, es más, cuando se hace con amor es más bonito. Si el sexo es rico con una puta; imagina cuanto más rico es con la mujer que amas”.


“El amor no es perfecto, no es para siempre, siempre causa sufrimiento y nos hace infelices. La vida es así”.



“Para mí es compartir, dar y recibir, el sexo es la parte más importante; si estás bien dentro de una cama, lo estás fuera de una”

“El amor es patético, cuando es correspondido es pegajoso y cuando no, es penoso”
“Es difícil lo que me peguntas, háblame de sexo, yo no soy poeta, huevón, yo vivo en el mundo real, eso pregúntaselo a una mujer”

“Las mujeres somos unas estúpidas porque esperamos a que los hombres sepan lo que no saben y no se lo decimos, e incluso nos enojamos con ellos por no adivinar lo que nosotras queremos que sepan; luego hasta se aburren de nosotras”

“Una mujer quiere siempre cariño, atención y comprensión. Las mujeres pretenden que las entiendan, desean personas detallistas que las quieran y que estén allí cuando ellas más lo necesiten. Si un hombre cumple todas esas cosas, es seguro que nunca se va deteriorar la relación”.

Esta última invocación no siempre funciona, ellas, como buenos seres humanos, también se aburren de lo perfecto.
La situación del enamoramiento puede llegar a ser patética, -si es que no estás enamorado, por supuesto- siempre te reirás del pisado de tu amigo o de la ciega de tu amiga, pero cuando te toca a ti, solo quieres aferrarte a ese cuento de hadas que tú mismo te cuentas y del que algunas veces ni siquiera eres el personaje principal, solo un antagonista necesario para completar el marketero triángulo amoroso. Pisen tierra hombres del mundo, ese cuento de hadas nunca o casi nunca se convertirá en una película erótica, salvo honrosas excepciones.
Mientras que ellas, las princesas encantadas sigan esperando a su príncipe azul, nosotros los desteñidos hombres de la vida real, los sapos con buenos sentimientos seguiremos esperando a aquellas damas dispuestas a demostrar que debajo de todo ese maquillaje también son verdaderas mujeres.