domingo, 14 de enero de 2007

Preguntas sobre Ética


«Sólo disponemos de cuatro principios de la moral:
1) El filosófico: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley.
2) El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios.
3) El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio.
4) El político: Hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad de la
que formas parte, por amor a la sociedad y por consideración a ti»
(Lichtenberg, Aforismos).
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1. ¿Por qué, si la moral no fuera universal, no existiría?

Entiendo que la moral es el conjunto de comportamientos y normas cuyo propósito es tener validez en todo el género humano; es decir, todo acto moral per se tiene que ser universal, general para todo tipo de ser humano. Pensar en buscar lo contrario es, sencillamente, como pedirle peras al olmo o como pedirle pues a un perro que aprenda a maullar. La moral nace justamente de la búsqueda del hombre por un conjunto de normas aplicables para todo el género humano en su totalidad, normas universales, si deseas. Sabemos muy bien que al acomplejado ser humano siempre se le ha hecho un poco difícil creer que todo el universo no ha sido creado exclusivamente para él, pero bueno, ya la academia ha registrado la palabra universal como un adjetivo que comprende o es común a todos en su especie, “que pertenece o se extiende a todo el mundo, a todos los países, a todos los tiempos”, para ser exactos.

Todos los actos morales son pues universales (humanamente hablando), aplicables para todo tipo de ser humano, cualquier acto, trance o suceso que busque un propósito personal o que atente contra la integridad de otra persona es pues antimoral o amoral.



¿Cuál es el criterio, entonces, que nos permite decidir si una regla de conducta es un deber moral o no?

Cuando esta regla de conducta sea necesaria y se pueda aplicar a todo ser humano en general. Este principio práctico es calificado por Kant como Imperativo Categórico, es el que expresa un deber absolutamente incondicional, sin presuponer ningún querer; cuando no se cumple con este criterio entonces no es moral, puede ser solamente amoral o inmoral. Amoral significa que es indiferente a lo que dicta la moral e inmoral, quiere decir que va en contra de la moral. Buscar el beneficio propio, dependiendo del caso, puede resultar amoral o inmoral, siempre que no sea a través de una práctica moral.


2. ¿Por qué no se puede fundamentar la moral en la búsqueda de la felicidad?

Porque el hombre, en realidad, no sabe qué es lo que necesita para ser feliz. Es decir, si yo le doy a un perro un trozo de carne, ese perro va a ser feliz, (y ese trozo de carne haría universalmente feliz a cualquier perro) no me imagino a ningún perro con tendencias vegetarianas o pensando en la cantidad de calorías o grasas que pueda tener ese trozo de carne, o incluso quejándose por la falta de cocción o por no tener la medida exacta de sal o, por último, argumentando que prefiere comer chocolates o chizitos.

El hombre condiciona su felicidad a muchos factores amorales e inmorales, todos estos fugaces, en muchos casos, cambiantes, para ser cercanos. A pesar de lo que nos haya dicho Kant en el pasado, no creo que la ética y la búsqueda de la felicidad no tengan nada que ver una con la otra, me parece que el hombre cuando deje de condicionar su felicidad a tantos caprichos, prejuicios, costumbres superfluas, quereres, tendencias de la moda, estereotipos ridículos y tantos otros obstáculos innecesarios, entonces sí, la práctica de la Ética se va a basar en una búsqueda de la felicidad, (Felicidad universal o colectiva si la quieres llamar de algún modo). Además, desde la época de Kant hasta nuestros días hemos tenido ya algunos años para poder reflexionar sobre este asunto. Pero por ahora soy conciente de que no, no se puede fundamentar la moral en la búsqueda de la felicidad, y si tendría que dar un porqué mucho más sincero y afín a mi léxico cotidiano, sería simplemente: “Porque somos idiotas”.


¿Qué significa el hecho de que “la ley moral nos dice lo que debemos hacer sin decirnos cómo debemos vivir”?

Más allá de toda regla, norma o protocolo, el hombre es libre, libre para hacer lo que se le dé la gana; o sea, no somos libres de elegir lo que nos pasa (Haber nacido en tal o cual lugar, por ejemplo) sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser sensatos o imprudentes, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o no, etc.).

La ley moral nos dice lo que debemos hacer, pero no puede decirnos nada más, sería ridículo; es decir, la ley moral expresa una obligación incondicional, con la cual yo debo (y todos debemos) cumplir, nos guste o no. Pero esto no significa, felizmente, que todos cumplamos con la ley moral. La forma en que cada ser humano decide vivir su vida depende mucho de factores socioculturales, demográficos, sincrónicos y del carácter personal del individuo.

No sé si es que ya se ha hecho tarde, si será porque vengo de leer Ética para Amador o porque ya son las 2 de la mañana, pero sin ánimos de parecer un idealista, desearía verdaderamente que esta ley moral inexorable deje de preocuparse tanto en el deber del ser humano y se decida de una vez por todas a hacer algunas enmiendas en favor de la libertad, la sensibilidad, la felicidad y el placer, para que así, pues, esta ley moral pueda convertirse realmente en un imperativo categórico no sólo aplicable universalmente a todo ser humano, sino aplicado por todos y cada uno de nosotros.


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Aquiles Martín Cabrera Ludeña
Facultad de Ciencias de la Comunicación


Inmanuel Kant, nació en 1724 en la ciudad de Königsberg, al este de Prusia. Era hijo de un guarnicionero. Vivió casi toda su vida en su ciudad natal donde murió a los 80 años. Venía de un hogar severamente cristiano. Muy importante para toda su filosofía fue también su propia religiosidad. Él era protestante. Para él, como para Berkeley, era importante salvar la base de la fe cristiana. Desde la Reforma un rasgo característico del cristianismo protestante es que se ha basado en la fe. Desde la Edad Media la Iglesia católica ha tenido más confianza en que la razón pueda servir de apoyo a la fe.

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