viernes, 22 de mayo de 2009

Mi otorongo favorito

Acerca de la gran cobertura que le dan los medios a la llegada de la gripe porcina al Perú frente a la total indiferencia de lo que sucede en el Perú de verdad.

¿Y los cuchicientos problemas sociales que esperaban ser atendidos? Ay país, país, país, no podemos gobernar bien ni siquiera dentro de los límites de nuestro propio territorio y lo que más nos preocupa son las palabras del ministro de chile careperro y del huEvo boliviano de Hugo Chávez. O cuánto dinero se gastó Keiko con su novio. Y ahora que unos cuántos niñitos pitucos empezaron a contagiarse del famoso virus, ohhhhh, qué gran cobertura. El temible virus mundial ya llegó a Perú. Primero fueron los Jonas, y ahora esto, y los cuchicientos problemas sociales, ¿Cuándo?

Creo que el primero en dar cifras reales frente a esta "pandemia" fue César Hildebrandt diciendo cuántos niños en el mundo mueren cada año de tuberculosis y otras enfermedades comunes que sí tienen cura, y solo porque son pobres, es decir huelen mal, no son portada de ningún diario. A ninguno de los grupos de poder les interesa solucionar esos problemas. En fin, en seis meses se crearán vacunas, ¿se imaginan cuánto costará? uhmmmm por lo menos la gente del pueblo tendrá que esperar mucho tiempo más y no necesariamente porque vivan en pueblitos alejados. Porque como todo debe tener un orden, el orden del dinero.

PD. A partir de ahora y todos los viernes publicaré mi otorongo favorito. El Otorongo, para los marcianos que lean esta entrada, es un suplemento de caricaturas políticas y sociales que viene con el Diario Perú21 los días viernes. En esta edición elegí esta como mi favorita, el problema que no sé quién es el caricaturista. Chess, otro problema, los viernes me desocupo a las 11 de la noche, qué flojera.




1 comentario:

  1. Yo me pregunto que es más importante, los que se están muriendo, los que ya se han muerto, o los que se podrían morir.

    Hay niños que se mueren de hambre, enfermos, sin amor, abandonados, sin saber que es siquiera una cama caliente y un beso en la frente, ni palabras de ánimo ni consuelo en las palabras de una madre.

    Pero es la vida, me indigno, te indignas, lo gritas, lo gritamos, y ahora que hacemos señor foie gras, la pregunta es ¿que hacemos?

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