Para los que no saben, Díatreinta es una revista que la facultad de comunicaciones UPN Trujillo publicaba mensualmente. Yo soy el asistente de edición. Ahora se publica cada dos meses, "supuestamente" y no podemos echarle la culpa de ello a la crisis ni a nada, simplemente que encontrar buenas historias, buenos colaboradores, buenas plumas, se hace cada vez más difícil. En mi caso personal, hace tiempo que no escribo una buena crónica simplemente porque no tengo presupuesto para hacerlo. (Soy pobre pe!)
Ya la universidad nos da demasiado costeando la publicación en papel couché de la revista, hemos intentando encontrar auspiciadores pero no hemos tenido suerte en el intento. Qué sé yo. No quería aburrirlos con excusas tontas. Alfieri ha escrito sin querer queriendo una crónica acerca de un airado debate ocurrido en UPN Cajamarca debido al contenido de los textos de Orietta Brusa y de Esther Vargas, pero sobre todo de la primera. Sorry mi amor, que diga, Esther.
Sin más preámbulos, leamos el detallado testimonio de Alfieri Díaz:
Conversaba con Richard Licetti, semanas atrás, sobre la pertinencia de dos artículos publicados en la edición de marzo de diatreinta, revista orgullo de la Facultad de Comunicaciones de la UPN. El primer artículo en cuestión titulado ¿Y quién defiende a las mujeres? era de nuestra entrañable y siempre polémica Orietta Brusa y trataba sobre el papel de la Iglesia como ente represor del aborto y anexaba —no del todo claro— el coqueteo de la misma institución con los círculos de poder. El segundo —y para mi querido Licetti más polémico— era de Esther Vargas, periodista de Perú 21 quien no sólo publica los miércoles una columna sobre sexo sino que posee un blog sobre el mismo tema que es uno de los más leídos del Perú. Bajo el título Luna de hiel en Huanchaco, la Vargas recreaba el final de una relación lésbica que la tenía a ella misma como protagonista. Sin dejar de reconocer que estaba bien escrito, Richard cuestionaba dos cosas: la pertinencia del tema (relato de lesbianas en una revista universitaria) y la segunda, si podía considerarse periodística una crónica cuyo contenido rayaba en la ficción literaria. Al primer cuestionamiento le respondí que sí era pertinente, pues el amor homosexual es un tema inherente en la sociedad en la que vivimos, sin importar el enfoque crudo, descarnado o sentido de la Vargas, no publicarlo sería ir contra el espíritu libre pensante de la revista y de nosotros mismos —Licetti incluido— como comunicadores sociales. Sobre si el tema era periodístico o no, era en sí irrelevante pues son pocas las notas netamente periodísticas publicadas en el devenir de diatreinta, son más las colaboraciones vivenciales, así que tampoco era un argumento para invalidar su publicación. Para fundamentar aún más mi punto de vista en la discusión —siempre alturadas y enriquecedoras con mi dilecto colega— afirmé que la colaboración de la Vargas y la de Alberto Alarcón en octubre del año pasado sobre el pueblo piurano donde el viento hacía volar literalmente a los chanchos era de lo mejor que habíamos publicado y lo sigo creyendo.1. La Iglesia Católica es una institución con dos mil años de antigüedad y merece todo respeto.
De acuerdo. Toda institución, al igual que todo individuo, sea clerical o laico merece respeto, pero eso no lo libera de poder ser criticado. La Iglesia a lo largo de dos mil años ha cometido muchos actos execrables contra la humanidad y según la autora, los sigue cometiendo. Ella está en todo su derecho de enunciarlos. Uno de los asistentes, catequista, tuvo la lucidez de decir que la Iglesia en vez de indignarse por las críticas, debería escucharlas y si tienen fundamento enmendarse… pero eso es difícil en una institución que se cree infalible y dueña de la verdad.
2. Que el artículo en cuestión hiere la susceptibilidad de la gran mayoría de personas que por formación son católicas.
De acuerdo. Hay artículos y programas televisivos que pueden herir susceptibilidades pero eso no es argumento para censurarlos. Si un contenido va en contra de tu gusto o en contra de tus convicciones, tienes todo el derecho de dejar de leer o hacer zapping. Pero en vez de prohibir su propalación, es más saludable que esa indignación sea utilizada en polemizar y responder con argumentos a quien piensa diferente a nosotros. Eso se llama tolerancia. Eso se llama comunicación.
De acuerdo. La postura de Orietta es tendenciosa y apologista, pero ¿qué opinión sobre tal o determinado tema no lo es? Las personas al expresar su manera de pensar hacen una defensa cerrada de “su” verdad, así le parezcan a los demás erróneos o certeros sus fundamentos. ¡De eso se trata la libertad de expresión! El profesor panelista y los estudiantes católicos derivaron la polémica en su postura en contra del aborto y la defensa de la vida (lo cual no era tema de discusión), pero lo interesante fue que las tres mujeres presentes (una profesora, una estudiante de comunicación y una estudiante de derecho) se mostraron a favor del artículo de Orietta y dijeron algo categórico: “ustedes son hombres y no pueden ponerse en nuestro papel”.
4. Que el artículo en cuestión promueve el uso de métodos anticonceptivos y otras posturas que van en contra de lo estipulado por la Iglesia.
De acuerdo. Orietta exige entre líneas que la Iglesia deje su postura retrógrada y dé luz verde a la planificación familiar. Un alumno católico mencionó que el uso del preservativo, según declaraciones de un científico de Harvard, en vez de aminorar el avance del sida, lo había propagado más y que Ratzinger antes de convertirse en Benedicto XVI había logrado reducir de un 90% a un 5% los casos de sida en Uganda (un portento milagroso que ni Jesús). A estos sustentos, la alumna de comunicación declaró que el sexo era una necesidad vital (argumentación que hizo correr una brisa calentona en el ambiente, por lo que un profesor corrigió diciendo que no era vital pero sí fundamental) y que hablar de casticidad y abstinencia a lo Jonas Brothers era irreal en los tiempos en que vivimos. La alumna de derecho agregó que era más cristiano planificar dos o tres hijos que tener ocho o diez y tenerlos mal nutridos como sucede en el Perú.
5. Que la señora Brusa acusa sin argumentos a la Iglesia de ser una institución corrupta que ha apoyado y apoya a regímenes poderosos y nefastos a la vez.
De acuerdo. Orietta lo menciona y no manifiesta una argumentación sólida para conectar el tema del aborto con el coqueteo histórico de la Iglesia con los círculos de poder. Pero saliéndonos del tema, yo concuerdo con Orietta en que la Iglesia ha coqueteado con los círculos de poder a lo largo de su historia. Ha apoyado monarquías absolutas, a déspotas abusivos, ha apañado matanzas o también ha pecado de omisión en casos de exterminio. Es un tema doloso para todos los católicos, pero es una deuda que todavía no termina de pagar con la humanidad.
6. Que habla de los aspectos negativos pero no de los positivos de la Iglesia Católica, como la de haber creado universidades, asilos, hospitales, de brindar asistencia a los más pobres.
De acuerdo. Orietta pasa por alto los aspectos positivos de la Iglesia (de que los tiene, los tiene, aunque sé que mi carísima no le encuentra ninguno). Hay religiosos que por supuesto su labor apostólica y de ayuda a los demás son de quitarse el sombrero. Hay santos que me simpatizan como San Francisco de Asís. Religiosos políticos como el arzobispo Romero de El Salvador. Gustavo Gutiérrez y su Teología de la Liberación (hoy marginado por su propia iglesia por su rollo socialistón). El trujillano Romeo Luna Victoria… Yo no niego, repito, los méritos de la Iglesia, pero queda en la potestad del articulista mencionarlos o no.
7. Que una revista universitaria debe ser difusora de “valores” y no todo lo contrario. Que en el futuro los responsables de su edición deben establecer un “filtro” para no caer en los mismos errores.
niversitaria, pero estos futuros abogados católicos y su profesor olvidan que Universidad viene de Universal, es decir donde se deben congregar todo tipo de opiniones y manifestaciones. Sí, un medio de comunicación debe transmitir valores, pero valores universales, no solamente valores católicos, al menos que quiera especializarse en ese tema (lo cual no va con el espíritu de nuestra revista). diatrienta seguirá mientras la dejen dar acogida a toda vertiente de libre pensamiento sin ningún tipo de filtro porque eso… mis queridos amigos jurídicos se llama CENSURA.






Agradezco mi querido Alfi esta exposición extensa y puntillosa que deja registro histórico del lance generado por dos textos de Díatreinta. Desde los tiempos del Lado B y la carátula dragqueeniana que nos valió la etiqueta de maricas, hijos de puta, pervertidos y otras perlas, no suscitábamos un interés puntual por nuestros contenidos y francamente más de una vez me asaltó la idea de estar arando en el desierto con nuestra díscola, incorrecta y querida Díatreinta. Así que, como conversamos, este cruce de espadas al que asistimos supone un pequeño triunfo -pírrico dirán los malvados- de nuestro ser y quehacer periodístico.